Lucía formaba parte de esa estadística que tanto se cita: joven, urbanita y harta del "ruido, la inseguridad y la precariedad" de la gran ciudad. Así que hizo las maletas y se mudó a una aldea gallega de apenas nueve habitantes, donde restaura ella sola una casa de cien años mientras monta una vida lo más autosuficiente posible. "Fue llegar aquí y sentir un pálpito, de decir, aquí me quedo, esta es mi casa", recuerda en el testimonio recogido por El Periódico. Y añade un motivo que va más allá de lo suyo: quería poner su granito de arena contra la despoblación.
¿Y de qué se vive con 50 euros al mes?
Aquí está el dato que ha hecho viral su historia. "Para mí, la compra del mes ronda los 50 euros, porque entre el huerto y la recolección gasto muy poco", explica. Su mayor desembolso son los animales, unos 150 euros mensuales. La meta es ampliar el huerto hasta tener que comprar fuera solo lo básico (arroz, aceite) porque, resume, "vivir en un pueblo es muy barato si tienes tus propios animales y un huerto". Suena idílico. Y en su caso, muy probablemente, sea verdad.
Pero… ¿de verdad vuelven los jóvenes al campo?
Toca el jarro de agua fría, porque una cosa es una historia bonita y otra una tendencia. Y los datos macro contradicen su experiencia micro: "No puede decirse que esté habiendo una vuelta al campo, al menos en Aragón", zanja Vicente Pinilla, catedrático especialista en despoblación de la Universidad de Zaragoza, en un reportaje de Europa Press. El teletrabajo, que prometía repoblar la España vaciada, solo ha traído una "estacionalización" de la despoblación, según el profesor Juan Antonio Lobato (Universidad Carlos III): mucha segunda residencia empadronada, pocos traslados de verdad.
Lo barato tiene letra pequeña (y bastante subvención)
Y luego está la parte que los vídeos suelen dejar fuera de plano: quién paga la mudanza. Lucía financió la reforma con el dinero que había ido acumulando de su prestación por desempleo (capitalizar el paro para emprender, vaya). Y el resto del andamiaje es público, en dos frentes.
Primero, la casa. Muchas comunidades autónomas reparten ayudas para rehabilitar vivienda en pueblos pequeños: van desde los 20.000 o 30.000 euros para núcleos del tamaño del suyo hasta los 66.000 euros de los planes autonómicos más generosos, casi siempre con una contrapartida de peso: empadronarte allí y convertir esa casa en tu vivienda habitual. Segundo, la actividad. Su siguiente paso es pedir una ayuda de incorporación ganadera, que no es precisamente calderilla: la prima básica de la ayuda a la primera instalación de jóvenes agricultores de la PAC arranca en 27.000 euros y, con suplementos, puede irse a 50.000, con topes que según la comunidad autónoma llegan a los 70.000 o los 100.000. ¿La letra pequeña? Tener entre 18 y 40 años, acreditar formación (unas 150 horas), presentar un plan de empresa y comprometerte a ejercer de agricultora profesional un mínimo de cinco años. Vivir con 50 euros al mes, resulta, sale bastante más caro de montar.
No es la primera vez que asoma este espejismo. En El Blog Salmón ya contábamos en 2021 que, con la pandemia, algo parecía moverse hacia los pueblos: el interés por comprar casa en municipios de menos de 5.000 habitantes se disparó un 13,2% aquel año. Cinco años después, el balance es mucho más tibio. Sin banda ancha decente (entonces solo el 20% del medio rural la tenía frente al 83% urbano), sin empleo cualificado y con la vivienda de pueblo encareciéndose por el propio tirón neorrural, aquel repunte se quedó, como avisaban los expertos, en estacional.
Imagen: hilux_aventura
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