Más de 5,5 millones de empleados en España sufren temperaturas extremas durante su jornada y los episodios de calor extremo aumentaron un 73 % en 2025 respecto al año anterior, con albañiles y agricultores entre los trabajadores más expuestos. Paco Nicolás lleva tres décadas en la construcción y lo tiene claro: cuando aprieta el calor, el agua y poco es lo único que está en su mano.
Por qué es importante. Paco trabaja en la Región de Murcia, donde el termómetro puede superar los 40 °C en los episodios de calor del verano. "Hace mucho calor, a los 2 ó 3 de la tarde es impresionante, pero bueno, tenemos que cumplir nuestro trabajo y darle gas, no queda otra", declaró recientemente en una entrevista con La Razón. Su testimonio es el de 3,8 millones de personas en España que trabajan bajo radiación solar intensa —el 17 % de la población activa, cinco puntos por encima de la media de la UE (12 %)—, según publicó Infobae sobre calor extremo y empleo.
El contexto. En Murcia, la patronal de la construcción (FRECOM) y el Colegio de Aparejadores han renovado durante tres años consecutivos un protocolo que incluye alertas meteorológicas por WhatsApp, asesoramiento técnico y medidas como los chalecos refrigerantes. También se adelantan horarios, se refuerzan los puntos de agua y se recomienda trabajar con gorra y buscar zonas de sombra siempre que sea posible. El resultado: cero golpes de calor en el sector durante el verano de 2024. Pero Murcia es la excepción que nos interesa. A nivel nacional, las muertes en la construcción se dispararon un 22 % en 2025 pese a que la siniestralidad laboral general mejoró, según recoge El País en su informe de siniestralidad de 2025.
Sí, pero. El reglamento de condiciones ambientales en el trabajo es de 1997 y la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, de 1995. La normativa obliga a evaluar los riesgos y, desde 2023, establece medidas específicas para los trabajos al aire libre cuando las condiciones meteorológicas puedan suponer un riesgo para la salud. En caso de avisos naranja o rojo de AEMET, las empresas deben adaptar las condiciones de trabajo, incluida la reducción o modificación de la jornada cuando sea necesario. El INSST y la AEMET desarrollan ahora una herramienta predictiva que cruza temperatura, humedad, radiación solar y velocidad del aire para anticipar el riesgo de estrés térmico. Aún no está operativa.
La OIT calcula que el estrés térmico eliminará el 2,2 % de las horas de trabajo globales para 2030 —el equivalente a 80 millones de empleos, según su proyección de 2019—. El calor también reduce de forma significativa la capacidad de trabajo y la productividad en sectores expuestos, como la construcción, según la OIT y recoge RTVE en su reportaje sobre el precio económico del calor. Los plazos no entienden de olas de calor. Los cuerpos, sí. Y ahí nos encontramos con la asimetría: la responsabilidad de sobrevivir se descarga sobre quien mezcla el cemento, no sobre quien marca el calendario.
La pregunta es si la herramienta del INSST llegará a tiempo para alterar una dinámica que, por ahora, se resuelve con agua y experiencia. Murcia ofrece un ejemplo de cómo las medidas preventivas pueden acompañar a un año sin golpes de calor en el sector. Que este tipo de protocolos se extienda al resto de España es la cuestión pendiente.
Imagen | Un grupo de trabajadores de la construcción. Joaquin Carfagna (vía Pexels)
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