El teletrabajo había venido para quedarse, pero la realidad es más tozuda

El teletrabajo había venido para quedarse, pero la realidad es más tozuda
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El teletrabajo fue la palabra de moda en 2020, con permiso de Covid y coronavirus. La pandemia hizo que la gran mayoría de nosotros se tuviera que recluir en casa para trabajar, haciendo que algo que en nuestro país era meramente residual se disparara.

Según datos del INE, en España en 2019 apenas teletrabajaba el 4,8% de la población, una de las tasas más bajas de Europa. Pues en septiembre de 2020 ese porcentaje ya superaba el 16% -hubo picos más altos en los meses de confinamiento- y a final de año había en nuestro país 2,8 millones de personas trabajando en casa, cuando en 2019 eran apenas 1,2 millones.

Hablamos pues de un incremento importante, aunque seguimos lejos de los países de nuestro entorno, ya que estas cifras ya las manejaban ellos antes de la pandemia. Si bien, ha supuesto un cambio importante de cultura laboral, pero...¿ha venido para quedarse?

Porque este final del verano de 2021 trae para muchos una vuelta a la realidad más dura que en veranos anteriores: la vuelta a la oficina. Muchas empresas han decidido que este es el momento de volver a la normalidad, al menos en cierta medida, lo que supone una operación retorno que nos enseña varias cosas que han cambiado (o no) gracias a la pandemia.

España, ¿preparada para el teletrabajo?

Esta 'vuelta a la oficina' no va a ser igual que en 2019, al menos de momento, sobre todo en las grandes corporaciones. La idea de la mayoría es poder combinar el trabajo presencial con el teletrabajo, dando una mayor flexibilidad a los empleados. Al menos en apariencia.

Pero la realidad es que desde que comenzó 2021 el trabajo en casa ha venido descendiendo. Porque ya en el primer trimestre del año cayó al entorno del 11%, pasando de más de 3 millones de teletrabajadores al cierre de 2020 a 2,1 millones, según un estudio del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad.

Por lo tanto, y visto lo visto, es de esperar que la tendencia bajista prosiga a medida que la vacunación ya esté más extendida. Más del 70% de la población ya lleva tiempo vacunada, con lo que se espera que la normalidad llegue gradualmente en estos meses.

De hecho, en Barcelona, una de las ciudades con más oficinas junto a Madrid, la contratación de estos espacios ha crecido un 55%, aunque es cierto que en la capital ha bajado. Pero la caída de los precios de estas también hace esperar que este mercado se recupere pronto ante la vuelta a la presencialidad que se plantea.

Precisamente, en estas dos capitales es donde más incidencia ha tenido el teletrabajo, al ser las que más oficinas tienen, pero en ninguno de los casos ha llegado a alcanzar ni el 40% de la fuerza laboral en los meses más crudos de pandemia.

¿Esto qué nos demuestra? Que España no es país preparado para el trabajo en remoto. Al menos de momento. Ocho de cada diez empresas han vuelto a requerir presencialidad con la vuelta de las vacaciones, lo que indica que lo del año pasado es un espejismo forzado por una situación insólita. Ya saben, situaciones desesperadas exigen medidas desesperadas.

A esta falta de cultura más flexible se suma que hoy por hoy España tiene pocos puestos que permitan el teletrabajo, muchas personas siguen trabajando en puestos que exigen presencialidad al ser más físicos, por lo tanto, aumentar la tasa de teletrabajadores es más complicado.

Por lo tanto, estamos ante otra predicción fallida de la pandemia: el teletrabajo no llegó para quedarse, al menos a gran escala. Seguirá siendo residual aunque las empresas tienen previsión de ser más flexibles y facilitarlo y alternarlo con el presencial. Porque saben que dependen de ello, ya que los empleados han saboreado las mieles de tener más tiempo para ellos y facilidad para organizarse y no lo van a dejar pasar. Adaptarse o morir.

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