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Amazon Prime Now llega a España, ¿quienes serán los ganadores y perdedores?
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Amazon Prime Now llega a España, ¿quienes serán los ganadores y perdedores?

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Esta semana Amazon ha lanzado su servicio Prime Now en España, concretamente en Madrid y algunas localidades de alrededor. El servicio promete a los clientes de Amazon Premium (que cuesta 19,95 euros al año y que otorga entrega gratuita de muchos productos) entrega de productos en dos horas de forma gratuita y en una hora pagando 5,90 euros.

Con este servicio, como no podía ser de otra forma, se unen productos frescos de supermercado. La entrega rápida permite que Amazon se ponga a vender carne, lácteos, frutas y verduras. Este servicio puede ser toda una revolución en España. ¿Quiénes serán los ganadores y perdedores?

Ganadores: no son pocos

Está claro que los consumidores son los grandes ganadores de esta apuesta comercial. Unos días antes de que Amazon lanzara el servicio el Corte Inglés decidió lanzar también una oferta similar. Es decir, los consumidores están logrando una oferta competitiva de servicios de entrega de productos frescos a domicilio en dos horas o menos, cosa que no existía hace unos meses.

Los otros grandes ganadores son los supermercados online que ya ofrecían algo similar. Puede parecer que un competidor como Amazon canabalizará el mercado, con precios competitivos y una marca potente. Pero realmente logran hacer consciente al consumidor de que existe otra forma de comprar productos frescos distinta al ir al supermercado y seguramente se cree un mercado potente donde puedan sobrevivir varios jugadores.

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Otros que están muy contentos son las grandes marcas. La crisis en España ha dejado un panorama desolador, con un 34% de la cesta de la compra compuesto de marcas blancas. La crisis ha empujado a muchas familias a buscar productos a un precio razonable y se han encontrado con una calidad más que aceptable. La estrategia de las marcas tradicionales ha sido doble: por un lado crear miedo respecto a las marcas blancas (ya sea de calidad, de empleo generado o de inversión en I+D) y por otro de rebajar los precios. Pero es complicado volver al punto pre-crisis.

Sin embargo el lanzamiento de un supermercado por parte de Amazon les viene genial, pues de momento no tienen marcas blancas. Los consumidores que decidan usar este supermercado (y otros creados exclusivamente en Internet) tienen que centrarse en grandes marcas y puede ser la vía de salvación de la industria. Sin embargo, cuidado con esto porque Amazon ya está estudiando lanzar marcas blancas.

Y no nos olvidemos de uno de los grandes ganadores que se han aprovechado del boom del comercio online: las empresas de logística. En este caso tienen que ofrecer un servicio muy exigente (entregas en 1 ó 2 horas), pero desde luego los que se adapten mejor tendrán un buen negocio.

Perdedores: supermercados tradicionales

Los grandes perdedores de esta apuesta de Amazon son, precisamente, los supermercados tradicionales. Todos tienen su versión online, pero excepto El Corte Inglés, no se ven planes para entregas en dos horas. Carrefour tiene su entrega en 24h y Mercadona, de momento, sigue con entregas a lo largo de la semana que muchas veces significa esperar cuatro o cinco días.

¿Por qué el gran supermercado español, Mercadona, no apuesta más fuerte por el comercio online? Claramente es el supermercado más visitado de España, con una marca blanca muy potente y su servicio online es bastante rústico (la web parece sacada de los años 90 y los slots de entrega siempre están llenos). La respuesta la ofrece el mismo presidente, Juan Roig: su plataforma online crece, pero sigue perdiendo mucho dinero, entorno a 40 millones de euros al año.

El problema que tienen los supermercados tradicionales es que un nuevo competidor potente puede atraer a muchos clientes (ya sea a Amazon o a otros jugadores exclusivamente online). Y esto hace que, aunque de momento sea un sector minoritario (en Mercadona las compras online representan un 0,8% del total) puede crecer.

Al igual que muchos sectores se han visto desbordados por la revolución de Internet, los supermercados pueden estar ante su cambio más brutal en décadas. Y, o se suben al carro, o quizá dejen de tener relevancia.

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