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El problema fue el crecimiento fácil

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En los últimos 20 años España ha crecido de manera espectacular, que nadie puede poder en duda, los datos del PIB están ahí. En 1988 crecimos al 4,8%, continuando con crecimientos altos a finales de los noventa, con tasas del 4,7% en 1999 y 5% en el 2000.

En comparación con las grande potencias europeas que crecieron por debajo de España, el caso de Francia, Reino Unido y Alemania.

Nuestro crecimiento, como ya se ha dicho por activa y por pasiva se basó principalmente en la construcción y en el turismo. Este crecimiento que se produjo de manera tan fácil no previno de las posibles consecuencias ante una crisis, disminución de demanda, más paro y trabajadores sin poderse reciclar en otros sectores de la economía. Cuando todo marcha bien pocos son los que se preguntan sobre las posibles consecuencias de una crisis. El precio que estamos pagando ahora es el haber crecido sin una base sólida, sin pensar que todo esto podía pasar y que el dinero fácil se iba a terminar.

¿Qué es lo verdaderamente importante? La innovación, productividad, competitividad y la educación es lo que hace que un país sea importante en el mundo. La innovación es la clave, y no solo que los gobernantes se den cuenta de esto sino también la sociedad civil tiene que pensar.

Ahora nos toca no desaprovechar la crisis que a día de hoy todavía padecemos, sacar conclusiones de lo aprendido y construir un futuro con unos cimientos sólidos y claros. Y lo más importante es que el Estado deje de salvarnos y protegernos para no aprender de los errores, así es como podemos volver a ser productivos e innovadores.

Imagen | Andres Rueda

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