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Del cinturón del óxido a cinturón robótico resplandeciente: Pittsburgh reinventa su economía con la robotización

Del cinturón del óxido a cinturón robótico resplandeciente: Pittsburgh reinventa su economía con la robotización
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Mientras sigue en la calle el debate sobre si la robotización va a borrar del mapa (o de la economía) masivamente gran parte de los puestos de trabajo que tenemos hoy en día. Mientras ni siquiera los académicos se ponen de acuerdo al respecto. Mientras hay opiniones que trasgreden la ley universal de que "progresos pasados no aseguran progresos futuros" y creen que todo avance tecnológico es bueno per sé.

Mientras todo esto ocurre, hay ciudades que han visto claro que no deben perder ni un segundo más, y que ya se están posicionando en la poll-position de la carrera por liderar la futura economía robotizada. Y lejos de criticarles, debemos reconocer su visión de futuro, su gran capacidad de reacción, y debemos también preguntarnos qué estamos haciendo nosotros al respecto como socioeconomía. Una pregunta de la que depende nuestro futuro y el de nuestros hijos.

De Baltimore a Pittsburgh hay 250 millas de carretera: misma zona socioeconómica y mismos problemas acuciantes

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Ya les hablamos hace bastantes trimestres de aquel "Rust Belt" que un día fue un polo industrial de referencia en Estados Unidos, y que disfrutaba de condiciones de vida y laborales sensiblemente superiores a la media nacional. Los condados que otrora fueron el orgullo de la nación, y dignos de envidia por parte de muchos ciudadanos con un status más modesto, hoy presentan una situación radicalmente opuesta, hasta el punto de escenificar a la perfección el punto hasta el que el American Dream está roto.

Uno de los significativos temas que les analizamos en aquel momento fue el de la terrible crisis de opiáceos. Entonces les hablamos más concretamente de Baltimore, ciudad que en su día fue uno de los puertos más importantes de EEUU por ser la salida natural al mar de ese manufacturero "Rust Belt". Pero hoy Baltimore está profundamente deprimida, y como reflejo de las duras condiciones de vida soporta una tasa de heroínomanos que alcanza una desorbitante tasa del 10% de la población.

Pittsburgh: otra de las capitales del "Rust belt" o "Cinturón del óxido"

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Hoy sin embargo nos vamos a centrar en otra ciudad del "Cinturón del óxido", Pittsburgh. La distancia que separa a Baltimore de Pittsburgh son poco menos de cuatro horas de viaje en coche. Pero la distancia en términos y políticas socioeconómicas se está tornando insalvable (en perjuicio de la portuaria Baltimore).

Pittsburgh es una ciudad que se localiza en en un enclave geográficamente estratégico. En medio de la ciudad está la confluencia de los ríos Allegheny and Monongahela, que unen sus caudales para alumbrar al río Ohio, el importante afluente que acabará desembocando en el río Mississippi.

Pittsburgh cuenta además en su entorno más inmediato con importantes recursos naturales como carbón, madera, gas natural, mineral de hierro, y piedra caliza entre otros. En épocas industriales pasadas, la situación de este enclave permitió que la ciudad floreciese económica e industrialmente, hasta llegar a cotas de pujanza que le hicieron ganarse el apelativo popular en EEUU de ser la "Capital del Acero". Haciendo honor a ese nombre, la que fue la octava ciudad más populosa de Estados Unidos en los años 50 del siglo XX, en esa misma década producía casi la mitad de todo el acero "Made in USA".

Pero la reciente decrepitud del sector manufacturero a nivel nacional en las últimas décadas, ha hecho mella especialmente en todo el industrial "Rust Belt", y lamentablemente Pittsburgh no ha sido ninguna excepción. La ciudad no pudo escapar en su momento a una profunda recesión económica que alcanza hasta nuestros días, y que ha transformado la ciudad de ser aquella "Capital del Acero", hasta quedar relegada macroeconómicamente a nivel nacional a posiciones propias de haber sufrido una auténtica depresión económica. Como prueba de ello, su población llegó a reducirse en ciertos momentos en una quinta parte.

El paisaje que circunda a Pittsburgh, que en otros tiempos fue un hervidero de circulación constante de materias primas, productos acabados, y trabajadores muy muy ocupados, hoy en día presenta un panorama desolador. Donde antes había grandes plantas de producción, donde antes había mastodónticas naves industriales en ebullición, donde antes había un dicurrir contínuo de trailers de transporte cargados hasta la luz de gálibo, y donde antes fluía el acero fundido por doquier, ahora no hay más que viejos recuerdos, lamentos y óxido, mucho óxido. Lo realmente lamentable es que este óxido de hoy es del de verdad, del que cubre verjas, maquinarias y naves fantasma por estar en estado de absoluto abandono.

Pero de Baltimore a Pittsburgh también hay hoy un abismo en proyección socioeconómica

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Pero así como otras capitales del "Rust belt" se debaten entre el desánimo y los lamentos de su situación, en Pittsburgh no se resignan con el mismo triste destino al que la ciudad parecía abocado. Parecía.

Las autoridades locales efectivamente no han tirado la toalla. Han pensado. Han evaluado. Han diseñado. Se han esforzado. Han trabajado para cavar ellos mismos con sus propias manos una abertura que les permita ver la luz al final del túnel. Y pueden estar poniendo los cimientos para que la ciudad sea de nuevo económicamente boyante, y recupere las posiciones de liderazgo nacional que le distinguieron en otros tiempos. El clásico "Never never never surrender" ("Nunca nunca nunca rendirse") llevado al conjunto de una ciudad y su entorno económico.

Como pueden leer en este artículo del MIT Technology Review, algunas de las zonas más emblemáticas y olvidadas de aquella capital del acero están tomando renovada vida. Paradójicamente, este nuevo renacer tiene como epicentro el antiguo complejo acerero de Pittsburgh, denominado Hazelwood Green por los promotores.

Acotado por una tupida valla que le pone a salvo de los ojos de curiosos y extraños, en uno de sus extremos se extiende una vasta área, dedicada a pruebas de campo de Uber y sus coches autónomos. Y recordemos que el coche autónomo de Uber es precisamente el proyecto estrella de la compañía que ha revolucionado el sector del transporte urbano de pasajeros (no sin polémica, y en ciertos aspectos muy justificada).

Sí, allí donde habitaron en otros tiempos viejos altos hornos de fundición con uso intensivo de mano de obra humana, ahora la vida (sintética) ebulle de mano de los robots que proliferan aquí y allá. Pero Uber no es ni mucho menos la única empresa robótica que está apostando decididamente por la ciudad y su entorno.

Como habrán leído en el enlace anterior, tampoco Uber es la empresa más "robótica" que está asentándose en Pittsburgh. La joya de la corona droide se ubica en una antigua planta de tratamiento de carbón de coque, otro símbolo emblemático del pasado (de moda) de la ciudad. Es la planta 19, una gigantesca estructura industrial de más de 400 metros de largo que, entre instalaciones de laminado fantasmas, ha sido reacondicionada dejando sólo su esqueleto, preparado para la nueva vida que ahora le espera poblada de robots.

Construir robots, robots y más robots...

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Si todo discurre según lo planeado, el MIT Technology Review informa de que la próxima primavera se establecerá allí el Instituto de Robótica Avanzada para Manufactura. Pero tampoco son sólo dos casos aislados. La zona está haciendo denodados esfuerzos por desarrollar modelos de actividad económica y de negocio en torno a los relevantes avances en automatización, robótica e inteligencia artificial que emanan de sus instituciones y universidades, como por ejemplo la Carnegie Mellon University (CMU), que están poniendo toda la carne en el asador para acabar de convertir a la ciudad en un polo de desarrollo de alta tecnología.

Otros ejemplos de empresas de tecnología punta que se han asentado en la ciudad son las startups de conducción autónoma, como Argo AI o Aurora Innovation. Incluso Caterpillar se ha apresurado a inaugurar una importante superficie de venta dedicada a maquinaria pesada, con el objetivo de que esta maquinaria vaya convirtiéndose aquí plenamente en autónoma, por tratarse de una zona muy propicia para desarrollarse en autonomía robótica precisamente.

Y según nos explicaban, no sólo han sido las empresas que directamente han decidido instalarse en aquellos viejos y oxidados cadáveres arquitéctónicos industriales, sino que lo uno lleva a lo otro: son mucho más importantes los ingentes flujos monetarios de inversión, por importe de miles de millones de dólares, que llegan a la ex-deprimida ciudad desde el mismísimo Silicon Valley y otras zonas, insuflando vida económica a una urbe que agonizaba desde hacía décadas con un destino ciertamente incierto.

Aunque no todo lo que fluye en Pittsburgh es dinero. La economía de la ciudad puede decirse que todavía está en una situación complicada, al menos si se le compara con su liderazgo de hace décadas; todavía tiene por delante grandes retos. Pero lo innegable es que el paciente ha salido de la UCI, y ahora no sólo no agoniza, sino que presenta un excelente pronóstico de cara al futuro. El tratamiento de choque ha dado los resultados esperados. Y todo gracias a esos robots que puede ser que vayan a eliminar masivamente millones de puestos de trabajo en todo el mundo. Entonces, ¿Dónde está entonces el truco? ¿Los robots eliminan puestos de trabajo o los crean?

Lecciones de la transformación de una ciudad en la capital del acero, su caída a capital del óxido, y que se erige ahora en capital de los robots

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El truco está ni más ni menos en la dimensión del trabajo humano necesario en la futura economía robotizada, y la dimensión de trabajo humano necesitado en la actualidad. En la incógnita de la diferencia entre ambas está la clave de nuestro futuro laboral. Obviamente, trabajo va a seguir habiendo en la era de los robots que lo hacen (casi) todo, el problema que siempre hemos puesto de relieve aquí es cuánto.

Desde estas líneas siempre hemos abogado por empezar a trabajar desde ya en paliar unos problemas masivos de disponibilidad de trabajo que, como poco y a grosso modo, tienen una probabilidad de decenas porcentuales de que lleguen a materializarse. Y lo hicimos siendo los primeros en proponer que la disruptiva idea de que robots tuviesen cotizaciones sociales.

Unos cuantos meses después, el tema saltó a los medios "commodity", y el debate se hizo viral. En ese punto, ese debate, hasta entonces articulado desde El Blog Salmón prácticamente en solitario entre los medios económicos nacionales, se enriqueció con la participación de destacadas figuras del mundo económico, tecnológico (de la talla de Bill Gates, que abogó por la misma línea que nuestras tesis) y científico.

Así vimos hecha realidad nuestra verdadera aspiración de fondo de tener un interesante debate a gran escala, en el que pudiesen participar el máximo número de figuras destacadas y también de la calle, pero que siempre pudiesen aportar, para alcanzar entre todos las conclusiones lo más correctas posible. La importancia del tema y la dimensión del reto no merecían menos, especialmente cuando hablamos literalmente del futuro de nuestras socioeconomías.

Nuestra propuesta no es un plan de choque, sino un plan de contingencia para el caso de que se demuestre que el peor escenario es el que se acabe haciendo realidad. Aún así, no dudo de que los más favorables a encomendarse con los ojos cerrados a un progreso tecnológico que ven bueno per sé, argumentarán que este análisis de hoy entra en contradicción con nuestra posición tradicional al respecto. Nada más lejos de la realidad.

Una vez más, ser los primeros en innovar garantiza una plaza en el tren del futuro

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Más allá del debate, insisto una vez más en que un servidor lo que propone es empezar a trabajar ya para el escenario de que pueda haber una eliminación masiva de puestos de trabajo, porque la bola de leer el futuro no la tiene nadie (los tecno-desaforados tampoco), y que en el pasado los progresos tecnológicos hayan implicado (casi) siempre progresos socioeconómicos, no garantiza que lo sigan haciendo en el futuro en el 100% de los casos.

Al menos no sin pasar por periodos convulsos y funestos, que si se trabaja desde ya podrían ser evitados, ahorrándonos las muertes y penurias en los que toda época convulsa suele acabar. La escala e impacto masivo de la robotización hace de este progreso tecnológico un caso singular y decisivo de cara a la futura sostenibilidad de nuestras socioeconomías.

En todo caso, lo que no puede ser es que, porque haya algunos a los que al final el tiempo les pueda acabar quitando la razón, tengamos que asumir todos una probabilidad nada despreciable de acabar sufriendo unas consecuencias para las que podríamos haber estado preparados, si no hubiésemos pecado de confiar demasiado en un futuro que no sabíámos cómo venía. Y ese futuro viene una vez más como siempre viene: superando a la ficción en lo bueno y... también a veces en lo malo.

Debemos estar preparados porque, cuando se despeje la incógnita socioeconómica más importante de la Historia de la Economía, será demasiado tarde y ya no tendremos capacidad de reacción: un cambio de modelo socioeconómico de estas dimensiones no se puede improvisar en dos días cuando estemos ya agua al cuello, porque en ese caso sí que puede ser peor el remedio que la enfermedad. Y tengan en cuenta que el nivel del agua puede subir extremadamente rápido, puesto que nuestro progreso tecnológico es cada vez más exponencial.

Teniendo claro que la robotización es un tren que va a salir sí o sí de la estación con destino a un futuro seguro, lo más inteligente es subirse al tren cuanto antes como ha hecho Pittsburgh. Sólo así podremos ser de los primeros coger asiento con plaza confirmada. Especialmente siendo el caso de que no sabemos si hay plazas para todos, y no se tiene aún nada claro si se van a reconfigurar los vagones para dar cabida a más pasajeros.

Dicho esto, el tema central del análisis de hoy es que el que no apueste hoy por nuestros homónimos sintéticos, acabará en el futuro más perdido que Robocop en una tornillería: es mucho más indicado dedicarse a fabricar de forma automatizada resplandecientes cinturones robóticos para Robocop&Co, que insistir en mantener en pie viejas plantas manufactureras a la vieja usanza del "Cinturón del óxido". Parece que a veces lo más oxidado de todo son algunas mentes humanas, que se empeñan en ver el futuro con gruesas y miopes gafas de vidrio, en vez de con modernas gafas de realidad aumentada, por muy evidente que pueda ser ese futuro ya incluso a día de hoy.

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En Pittsburgh lo tienen claro, y por ahora les está empezando a ir muy bien. Lo que realmente debemos tratar de hacer es que nuestra socioeconomía se suba al mismo tren cuanto antes porque, al igual que ocurre en los mercados al invertir, aquí se trata de adelantarse a la mayoría. Vamos, con tintes mucho más acelerados, pero al fin y al cabo se trata de la misma y tradicional carrera de la innovación de toda la vida, por la que España acostumbra a apostar más bien poco.

Pero esta vez el tema es especialmente sangrante, porque se trata de una carrera en la que nos lo jugamos casi todo (y sin casi). "Robots welcome" (por ahora), y luego ya vendrá el "Robots welcome, mientras vengan con permiso de trabajo y paguen sus cotizaciones". Hasta en eso humanos y sintéticos acabaremos siendo prácticamente iguales.

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