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G20: tecnologías limpias y regulación financiera

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Cuando se reunieron en Washington en noviembre del año pasado estaba aún reciente el colapso del sistema financiero con la quiebra de Lehman Brothers. Aquella cita, dirigida por un derrotado presidente Bush, arrojó débiles respuestas, pues hasta el momento imperaba la idea de que la crisis era leve y transitoria. La cita de abril, en Londres, se hizo en un contexto aún más complejo y con la casi totalidad de los países en recesión, por lo que sus acciones fueron más audaces y determinantes.

Esta vez, la cita que parte en Pittsburgh enfrenta al mundo en una compleja desceleración y alto desempleo. La caída en el comercio internacional y las medidas proteccionistas que han asumido algunos países, especialmente Estados Unidos que desde este sábado aplicará un impuesto del 31% a las importaciones de acero chino y de un 35% a las importacioes de neumáticos, entre otros, hace que los ánimos no estén muy quietos. Además, el fuerte endeudamiento público eriza los pelos de cualquiera. Los conflictos se centran en dos bloques muy claros. Mientras Estados Unidos y el Reino Unido buscan poner en el tapete el tema de la demanda mundial (incluyendo las medidas proteccionistas), los países de la Europa continental están más interesados en la regulación de los mercados financieros y el control de los paraísos fiscales. A menos que en esta reunión se llegue a amplios acuerdos, las disputas comerciales pueden debilitar aún más las perspectivas de crecimiento.

Francia y Alemania buscan centrar la discusión en cómo establecer límites a los incentivos a los ejecutivos bancarios. Para Angela Merkel una retribución suficiente es de dos a tres veces el salario normal. Pero no todos están dispuestos a respaldar esta iniciativa. Una opción más radical busca vincular la compensación a la creación de valor a largo plazo más que a la asunción de riesgos excesivos. Este punto aporta el detalle de que parte de la compensación sea diferida.

Lo que se busca es defender a la economía real por sobre la economía especulativa. Vender hoy a 1.000 para comprar mañana a 900 (como está ocurriendo con el oro, el petróleo y otros productos) es parte de la metástasis que ha ensombrecido al sistema y le ha restado a la economía que produce bienes y genera empleo la liquidez para su funcionamiento normal.

El excesivo predominio del sistema financiero de las últimas décadas mostró plenamente su incapacidad para detectar la burbuja que generaba por la vía de su excesivo apalancamiento y el incontrolado comercio de derivados y derivados de derivados. Por esta razón resulta crucial desarrollar mecanismos que obliguen a los bancos a guardar dinero en los períodos de bonanza, que permitan amortiguar los impactos negativos de una caída.

Junto a este punto crucial que debe enfrentar el G20, también hay otros que son claves para el desarrollo y estos tienen que ver con actividades económicas sostenibles. Una de las claras lecciones de la crisis es que el "equilibrio" resultó demasiado precario y ha tumbado a los mercados. La idea de estabilidad debe aplicarse ahora no sólo a la estabilidad financiera, sino también a la estabilidad del medio ambiente y a la estabilidad laboral. Todo esto, por cierto, requerirá crear un nuevo consenso. Pittsburgh puede dar el ejemplo: después de ver desplomada su industria siderúrgica, hoy es un gran referente en las tecnologías limpias y tiene una tasa de desempleo de 7,7%, bastante inferior a la media de Estados Unidos, que ya supera el 10%.

Más información En El Blog Salmón | Preparando las próximas reuniones de la G20, según la OCDE

Imagen | noaz

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