HOY SE HABLA DE

Su hija la contrata como empleada de hogar y a los 6 meses la despide para que cobre el paro: debe devolverlo y su hija pagar 7.501 euros de multa

  • La idea de contratar a tu propia madre para arreglarle unos meses de cotización y que luego pueda enganchar un subsidio parece una jugada maestra

  • El problema es que el SEPE y la Inspección de Trabajo no opinan lo mismo

Empleada del hogar
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redaccion

Redacción El Blog Salmón

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¿Quién no ha pensado alguna vez que la ley es demasiado fría cuando se trata de echar una mano a la familia? En el mapa mental de muchos, la idea de contratar a tu propia madre para arreglarle unos meses de cotización y que luego pueda enganchar un subsidio parece una jugada maestra, casi un acto de justicia poética hogareña. El problema es que el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y la Inspección de Trabajo no tienen precisamente un corazón de madre a la hora de revisar las cuentas del hogar. Una reciente resolución judicial recogida por NoticiasTrabajo desmonta de golpe este viejo truco doméstico con un veredicto que es pura gravedad contable: el supuesto favor familiar ha terminado en un fraude flagrante con castigos económicos de los que quitan el hipo.

El peligro de convertir el salón de casa en un simulacro laboral

Para entender por qué el plan saltó por los aires no hace falta ser un lince de las leyes, basta con asomarse a la estricta vigilancia que rodea al régimen especial de empleadas de hogar desde sus últimas reformas. El caso real que ha encendido las alarmas en los juzgados describe una carambola de manual: una hija contrata a su madre, la mantiene de alta exactamente los seis meses mínimos requeridos para activar las prestaciones y, acto seguido, la despide alegando un repentino "desistimiento" del empleador. El objetivo era tan transparente como un cristal limpio: abrirle las puertas del subsidio por desempleo a la progenitora.

El enredo llega cuando la Inspección de Trabajo cruza la puerta y empieza a hacer preguntas incómodas (esas que nadie ensaya en las comidas de los domingos). Al revisar el caso, los inspectores detectaron que no existía una relación laboral real: ni había horarios demostrables, ni tareas que justificaran el sueldo, ni rastro de un empleo efectivo más allá de los papeles firmados. En la jerga de la Administración esto se llama "contratación simulada" y se persigue con saña porque busca saquear la caja común mediante un atajo ficticio que perjudica a los cotizantes de verdad.

El precio de la ficción y la pinza del SEPE

Ya lo dejaba caer el cineasta Fernando León de Aranoa en sus historias sobre el asfalto: hay pillerías que se piensan con los dedos de las manos y se terminan pagando con la cuenta del banco. Lo que muchas familias ignoran cuando intentan estos equilibrismos administrativos es que las consecuencias de activar una alerta por fraude laboral no se limitan a un simple tirón de orejas, sino que se despliegan en una pinza sancionadora brutal que afecta tanto al supuesto jefe como al falso empleado.

Por el lado de la madre, el SEPE ha anulado de forma fulminante la prestación concedida, obligándola a devolver hasta el último céntimo de las mensualidades que llegó a ingresar en su cuenta corriente. Por el lado de la hija, la broma adquiere tintes de tragedia financiera: al considerarse una infracción muy grave en materia de Seguridad Social, la Inspección le ha endosado una multa reglamentaria de 7.501 euros. Además, de propina, la Administración anula todas las cotizaciones de ese periodo, por lo que el tiempo supuestamente "ganado" de cara a la jubilación se evapora por completo en los archivos del Estado. En nuestro rincón de análisis ya os hemos advertido en ocasiones anteriores sobre cómo los nuevos mecanismos de inspección buscan cazar el fraude en el empleo para proteger la sostenibilidad del sistema.

¿Significa esto que está prohibido por decreto contratar a un familiar en España? Las leyes son complejas, pero la respuesta técnica se mueve en un terreno muy vigilado. La normativa permite emplear a familiares siempre y cuando se demuestre fehacientemente la condición de asalariado real (con su correspondiente subordinación, horarios fijos y una retribución real que no vuelva al bolsillo común mediante transferencias sospechosas). Cuando el contrato es solo un cascarón vacío diseñado para asaltar las ayudas públicas, el truco caduca rápido. Al final, las alarmas informáticas de la Inspección no entienden de lazos de sangre. No hay atajos cuando los números cantan.

Imágenes | Pexels (Israel Torres)

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