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Demasiada competencia

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Aparentemente en el barrio dónde vivo piensan que los vecinos vamos a que nos arreglen el pelo un par de veces por semana, porque si no hay otra forma de explicar la gran cantidad de peluquerías que hay. Tocamos a más de una por manzana, lo que hace que las nuevas que entran acaben cerrando.

Lo que acaba pasando es que cada tres o cuatro meses tenemos un nuevo negocio en el barrio, que al no poder sobrevivir por la competencia tan fuerte acaba cerrando.

¿Cuál es la lección de esto? Nunca entrar en un mercado saturado. Los consumidores suelen estar habituados (mucho más todavía en un negocio como la peluquería que hay mucha interacción personal), los consumidores son reticentes a cambiar, cuesta darse a conocer, etc.

Obviamente hay excepciones, está cuando podemos aportar algo mejor, cuando tenemos una ventaja competitiva en precio, en calidad, servicio, etc. Especialmente cuando esa ventaja no se puede copiar.

¿Cuál es la solución? Bueno, en la ciudad hay otras zonas que no están tan saturadas de peluquerías, especialmente en los barrios nuevos. Una forma de meternos en un mercado es meterse en uno que sea nuevo, de forma que nos podamos convertir en el referente del mismo y que nuestra marca sea la primera en entrar en el mercado. La otra opción es entrar en una guerra de precios, que aunque es bastante buena para el consumidor, no lo es para la empresa.

Esto de meterse en un mercado en el que hay demasiada competencia puede ser algo que también hay que tener en cuenta a la hora de elegir una profesión, ya que si nos metemos en una con demasiada competencia o somos absolutamente excepcionales o nos podemos encontrar en una situación en la que hay desempleo y bajos salarios. Obviamente hay más factores que tener en cuenta, pero quizás este es uno de ellos.

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