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Apuntar a los distribuidores de los problemas del campo no es una buena idea

Apuntar a los distribuidores de los problemas del campo no es una buena idea
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Llevamos unas semanas en las que los agricultores protestan por los bajos precios a los que se les compra la mercancía y el Gobierno ha decidido cargar contra los distribuidores por sus grandes márgenes.

Sin duda es una mala idea. Y no es algo nuevo. Desde que tengo memoria recuerdo esta polémica sobre los costes de la distribución. De hecho el primer artículo que escribí en estas páginas, hace 14 años, fue sobre este asunto, aunque fue muy naif. Pero sirve para explicar por qué el problema no está en la distribución.

La competencia en la distribución

Para que se produzca lo que dice el Gobierno, es decir, para que los distribuidores aprieten hasta el extremo a los productores y luego tengan grandes márgenes en la venta final, no tendría que haber competencia.

Cuando hay competencia con márgenes altos estos tienden a bajar, porque al final los productores podrían subastar sus productos y los compradores (distribución) reducirían sus márgenes para tener más y mejor producto.

Otra posibilidad es que la competencia no sea real, es decir, que estos estén haciendo algo ilegal pactando precios, pero no es algo que se haya sugerido en ningún momento y con un mercado tan fragmentado no tiene mucho sentido: sí, es cierto que hay algunas empresas dominantes, como Mercadona o Carrefour, pero también miles de tiendas de barrio donde la fruta y la verdura no es sensiblemente más barata que en estas grandes superficies.

Lo cierto es que la distribución tiene que tener sus beneficios y tiene costes. Si acaso un problema que se puede dar es que el transporte por carretera está muy fragmentado (en lugar de grandes empresas de transporte hay muchos autónomos y cada uno tiene que cubrir sus costes de forma individual). Se podría mejorar esto si se potenciara que las empresas de transporte fueran más grandes y no tan fragmentadas. Pero este coste del transporte es solo uno de los factores del sobreprecio que se da de la huerta a la tienda.

La venta directa no funciona

Otro síntoma de que los distribuidores no están abusando es que la venta directa de los productores no despega. En el artículo que escribí en 2006 ya dije que si los distribuidores abusan al final el campo buscaría su forma de saltárselos, gracias a Internet.

Sin embargo esta venta directa no acaba de despegar. Y es que si buscamos cómo comprar de forma directa lo cierto es que los precios no son mejores. ¿Por qué los productores no bajan sus precios? Porque no pueden. Incluso con venta directa hay unos costes más altos que vender directamente la producción a un distribuidor: empaquetar de forma individual, transportar, buscar clientes, mantener una web, marketing...

Tampoco veo que los productores decidan montar su propia distribución clásica, es decir, tiendas en las ciudades o intenten suministrar directamente a las tiendas pequeñas y medianas sin pasar por intermediaros. Y tiene toda la pinta de que si no lo hacen es porque es caro. Es decir, los precios suben del campo a la mesa porque hay una cadena de valor que tiene un coste.

Los costes de vender un producto perecedero

Y no nos paremos solo aquí. Vender un producto perecedero (como la fruta y la verdura) tiene un coste, porque se estropea. Y eso hay que calcularlo.

Toda la fruta y verdura que se estropeé hay que añadirla al margen, porque es directamente un coste que no se va a poder recuperar. Y para minimizar esto hay que comprar con mucha precisión, prediciendo muy bien la demanda, cosa que no siempre es fácil.

Los grandes distribuidores lo hacen bastante bien, pero aún así no es extraño ver piezas estropeadas que acabarán en la basura u ofertas de última hora debido a que ya está excesivamente madura.

Para reducir estos problemas la logística tiene que ser rápida, refrigerada y el almacenamiento también refrigerado. Todo esto tiene costes.

En definitiva, las acusaciones del Gobierno han sido bastante ingenuas. Un sector se queja y decide apuntar al primero que pasa por allí. Si de verdad el problema está en la distribución habría que facilitar la competencia, no pedirles que tengan menos márgenes. Y si de verdad hay ineficiencias en la cadena (que seguro que las hay, por ejemplo en el transporte) hay que poner las bases para su solución, no hacer una simple caza de brujas.

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