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Primeras evidencias de que el impuesto a las bebidas azucaradas no sirve
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Primeras evidencias de que el impuesto a las bebidas azucaradas no sirve

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En estas páginas hemos comentado en varias ocasiones (y defendido) el impuesto a las bebidas azucaradas. El argumento es bastante simple: las bebidas con alto contenido en azúcar son nocivas para la salud y una forma de desincentivar el consumo de un bien es con impuestos más altos.

La lógica dice entonces que una política pública para desincentivar el consumo de estas bebidas es establecer un impuesto específico. Es lo que hizo Philadelphia hace dos años. Recientemente se ha publicado un estudio que analiza el impacto del impuesto y los resultados no están siendo buenos.

El impuesto de Philadelphia

En Philadelphia se implantó en 2017 un impuesto concreto a las bebidas azucaradas: concretamente de 1,5 céntimos de dólar por onza de bebida (una onza son aproximadamente 30 ml). Esto es un impuesto realmente alto: un botella de dos litros tiene aproximadamente un impuesto de un dólar, cosa que hace que casi se duplique el precio.

La idea de un impuesto alto es importante, ya que para desincentivar el uso el impuesto debe ser significativo. Y aquí lo que se pretende es reducir la obesidad y las enfermedades asociadas, así que un impuesto grande y brusco (entró en vigor de un día para otro) es la mejor estrategia.

Ya han pasado dos años y varios investigadores de prestigiosas universidades de EEEU han publicado un estudio, de libre acceso. En él se analiza el impacto del impuesto y los resultados son sorprendentes.

Las conclusiones del estudio

El impuesto ha supuesto un cambio en la conducta de los consumidores. Por un lado los consumidores con mejor renta realizan sus compras fuera de la ciudad para evadir el impuesto (no hay que olvidar que este impuesto es local, solo aplica a la ciudad Philadelphia). Y este comportamiento no es solo temporal, ya que se han analizado las ventas de tiendas dentro y fuera de Philadelphia durante los dos últimos años.

Azucar2

En este grupo no se observa reducción en la ingesta de bebidas azucaradas y tampoco se logra aumentar la recaudación de impuestos, luego el impacto no es el deseado. Pero, ¿qué pasa con los consumidores de rentas más bajas, que además son los más afectados por la obesidad?

Estos consumidores no tienen los medios para realizar sus compras fuera de la ciudad y sin embargo siguen consumiendo bebidas azucaradas al mismo ritmo que antes del impuesto. Además, esto implica que el impuesto ha sido regresivo, pues afecta únicamente a las rentas más bajas.

Por tanto, el impuesto ha sido regresivo, existe mucha evasión y por tanto no tiene un impacto recaudatorio, y lo que es peor, el consumo de este tipo de bebidas no se ha visto afectado por la medida.

Algunos matices

Hay que tener en cuenta que efectivamente los impuestos locales son poco efectivos y es lo que señala el estudio: la evasión ha sido brutal. Habría que ver si la efectividad es también mala si el impuesto fuera estatal o nacional.

Azucar3

Eso sí, el estudio también indica que incluso para rentas bajas el impuesto está resultando bastante inelástico: esto indica que el consumo de las bebidas azucaradas no se ve muy afectado por el precio. Los consumidores no se han ido a bienes substitutivos más baratos, como bebidas sin azúcar.

Otro punto importante es el aspecto cultural: EEUU es un país con mucha tradición de consumo de bebidas azucaradas, con grandes diferencias entre ricos y pobres y también con una cierta cultura anti-estado (un impuesto disuasorio podría, por ejemplo, disparar su uso como rebeldía). Todo esto no se analiza en el estudio, pero podría indicar que lo que no ha funcionado en EEUU podría funcionar en otros sitios (incluso en otros estados o ciudades de EEUU).

El caso español: Cataluña

En España existe un impuesto a las bebidas azucaradas desde 2017, más o menos al mismo tiempo que en Philadelphia: en Cataluña. Eso sí, el impuesto se aplica en toda la Comunidad Autónoma, no solo en una ciudad, con lo que evadir el impuesto es mucho más complicado (sobre todo teniendo en cuenta que los principales núcleos de población están lejos de zonas sin impuesto).

Otro aspecto clave es que el impuesto es mucho menor que el de Philadephia. Estamos hablando de 12 céntimos por litro en el caso peor. Una medida de mucho menos calado.

Y también tenemos alguna idea preliminar de lo que está funcionando el impuesto: la venta de bebidas azucaradas ha caído desde la entrada en vigor. Lo que no sabemos es si esta caída es mayor o menor que lo que está pasando en el resto de España (que no tiene impuesto); si la aparición en las noticias sobre este impuesto ha concienciado a la sociedad sobre los peligros de consumir tanto azúcar (más que el impuesto en sí) y tampoco si de alguna forma las familias están logrando evitar el impuesto de alguna forma (tengo mis dudas pues el impuesto no es muy alto como para intentar estrategias disuasorias).

Estaría muy bien que hubiera estudios tan completos como el que se ha presentado sobre el caso de Philadelphia, porque legislar con la intuición no siempre es lo más acertado.

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