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El desempleo, un drama que suma y sigue

El desempleo, un drama que suma y sigue
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No sólo en España el drama del desempleo alcanza dimensiones monstruosas. La cifra del desempleo en Estados Unidos se acerca a la mayor en los últimos treinta años. Lo mismo en Francia, Italia, el Reino Unido, Alemania, Australia, China, Corea, Hong Kong. No hay país que no sea víctima de este flagelo. El virus más letal de la economía, llamado eufemísticamente por algunos, círculo vicioso, se encuentra en todo su apogeo. Y lo peor de todo es que seguirá aumentando, y no precisamente en la forma de una “justicia divina” sino, aleatoriamente, borrando a todos por igual.

Un aspecto que no tomó en cuenta aquella economía convencional que tanto defienden algunos, es que el desempleo es el drama mayor de la economía. Cada nuevo desempleado reproduce el desempleo al generar una caída en la demanda que obliga a disminuir la oferta, cerrar fábricas y producir nuevos desempleados. Es éste un círculo sin fin. El cierre de una fábrica en Estados Unidos hace caer no sólo la demanda de insumos electrónicos de Japón, sino que también la demanda de materias primas de algún país emergente, y la demanda del jamón serrano español en toda la cadena. La pandemia del desempleo no hay como controlarla porque lo que tomó años en construir cae estrepitosamente de la noche a la mañana. Sin vuelta atrás.


Por eso que quienes pensaron que sólo los precios eran lo relevante, se encuentran ahora ante el hecho concreto de que en verdad eso no era cierto, que hay temas más complejos, y que todo lo anterior fue producto de la gigantesca manipulación que desató justamente el caos actual: pensar que el mercado podría autorregularse solo. Han pasado ya 18 meses del estallido de la crisis y el mercado por sí solo, lejos de autorregularse, cada vez cava una fosa más profunda.

El nivel de desempleo de Europa y Estados Unidos está próximo a llegar al 10%, el más alto desde la segunda guerra mundial. Con la diferencia de que hace 60 años no existían los sofisticados mecanismos de endeudamiento que hoy tienen a muchas personas endeudadas hasta dos veces el sueldo total del año. Los ingenieros del sistema erraron rotudamente en sus cálculos: nunca hicieron una relación demanda global versus producción global, para establecer un orden en la llamada globalización; ni tamposo supieron tomar otro parámetro de política que no fuera la tasa de interés y el feble instrumental monetario. Cada vez que los bancos centrales subían la tasa de interés al interior de un país, no sólo desplazaban recursos de la economía real para inyectárselos a la burbuja especulativa, sino que condenaban a muerte a numerosas empresas internas que eran reemplazadas por una desigual competencia externa. Y así cada vez, hasta desmantelar a fondo la producción propia para reemplazarla por una, a veces, burda producción foránea.

Ahora, que la dinámica interna de las fuerzas de la historia obligan a actuar al revés: inyectar recursos a una economía real fuertemente destruída, resuenan gritos destemplados que no asimilan aún la dinámica del proceso. Y es que no se pueden borrar de la noche a la mañana los efectos nocivos desplegados contra viento y marea durante más dos décadas.

Imagen | roctober

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