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Del Neandertal a los apóstoles de la marca, Segunda Parte.

Del Neandertal a los apóstoles de la marca, Segunda Parte.
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En el primero de los dos posts que recogen esta reflexión me aproveché de la comparativa entre el Neandertal y el Homo Sapiens. Y ello para subrayar la importancia de las ideas, de los símbolos, si me apuráis, del software sobre el hardware. Así mismo aproveche para reflejar alguna otra manifestación de esta doble naturaleza humana, como por ejemplo en las distintas concepciones del nacionalismo, donde dejaba intuir mi simpatía por el llamado nacionalismo civíco frente al identitario, el modelo de la Revolución Francesa frente al de Fichte y los movimientos románticos.

Antes de que nadie me lo señale soy consciente de que ese nacionalismo cívico tiene sus peligros también. La propia Revolución Francesa lo demostró. En nombre de los ideales, de los valores cívicos, podemos ser capaces de construir auténticas tiranías, de enrocarnos en la defensa de unos Principios hasta acabar con ellos. Dicho en castizo, de profesar esos amores tan intensos que acaban matando. Ocurre en los Estados, en las organizaciones políticas, en todo grupo social. Los partidos políticos, saben, o deberían saber, que su militancia es mucho más radical que los propios cuadros dirigentes, pero todo muchísimo más que los propios simpatizantes. Conviene saberlo, para que el lider político no confunda la opinión del militante con la de su votante, a la hora de fijar sus estrategias. Y en el mundo de la empresa ocurre otro tanto.

Con frecuencia los apóstoles de la marca, los consumidores que ejercen un papel de profetas de los productos y servicios de la misma, de creadores de opinión, acaban condicionado el devenir de la firma, si no se tienen las ideas claras. He dicho y lo sostengo que son una herramienta de marketing devastadora. pero hay que tener cuidado al manejarla, si es posible manejarla, que ésa es otra. Esos apóstoles acaban sintiendo la marca tan dentro, tan suya, que son reacios a los cambios, que se vuelven unos puristas, que impiden que la firma evolucione hacia otros productos, otros mercados, a través del chantaje, de la presión hacia la empresa. Y siempre desde la buena fe, desde la creencia en que con ello están defendiendo a su comunidad Empresa-usuarios. Quizás sin darse cuenta de que el Universo es mucho amplio que esa Comunidad en la que se retroalimentan, que existen otro tipo de clientes a los que conviene llegar.

Es natural. Es humano. Pero el gestor debe ser consciente de ello. Debe recordar que la base del éxito del grupo no esta solo en la identificación con unas ideas, con unos símbolos. Tal y como decía muy al comienzo, hay que fomentar la interaccion de las ideas entre las personas, incluidos los potenciales clientes. Creo, finalmente, que el éxito de muchas de estas empresas con evangelistas depende de que sepan guardar el equilibrio entre el mantenimiento de esa confabulación con un grupo destacado de clientes y su apertura al resto.

Foto | Pedronchi

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