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La necesidad de un impuesto a la especulación financiera

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Especular es una de las características esenciales del ser humano. A diferencia del resto de las especies, los humanos no vivimos sólo en el presente pues tenemos la capacidad para inventar el futuro que queremos. Es lo que hacemos cuando analizamos diversos hechos del pasado y los proyectamos hacia adelante en múltiples escenarios. En estas acciones, especulamos. Tal como ha especulado aquel que compró hace tres meses las entradas para el partido de esta tarde, esperando venderlas al doble o al triple de su precio pocas horas antes de su inicio.

También en Dubai muchos, como Brad Pitt, invirtieron en el departamento en el piso 40 de un edificio que aún no se construye, con la esperanza de venderlo al doble de su valor una vez que estuviera terminado. Especular es parte del sistema. Y no hay problema en la especulación cotidiana, en aquella en que cada cual corre su propio riesgo. El problema está cuando la especulación se convierte en forma de vida, cuando se institucionaliza a gran escala, cuando se apuesta con el dinero de otros como lo hacen las administradoras de los fondos de pensiones que mueven miles de millones de dólares.

Nadie niega a estas alturas que gran parte de la crisis es consecuencia de la especulación financiera, y cómo esta especulación a gran escala, que continúa como la más importante actividad del sistema, está generando una nueva burbuja. Son los billones de dólares que se desplazan buscando el spread o diferencial de ganancia entre la tasa cercana al 0% de la Fed y la de 3,5% de Australia o la de 8,7% de Brasil, por ejemplo.

En 1972, el economista James Tobin, al detectar que el sistema financiero quedó sin una base real tras el término de los acuerdos de Bretton-Woods por Nixon, propuso un leve impuesto para las transacciones que fueran meramente especulativas. En el fervor del establecimiento de las corrientes monetaristas de esa época, la idea fue rechazada de plano. Y siguió siendo una idea descabellada durante más de treinta años.

Sin embargo la idea ha ido tomando fuerza en los últimos meses y si bien Gordon Brown, cuando la propuso en la cumbre de Saint Andrews, a principios de mes, recibió el inmediato rechazo de Timothy Geithner, Brasil y Corea comenzaron a aplicar un impuesto del 2% y 1,5% a los capitales especulativos que sólo apuestan a la ganancia fácil.

Este tema ocupa gran parte del debate actual. Y hasta Paul Krugman, que rechazaba la idea hasta hace unos meses, se ha mostrado partidario de su aplicación. Así lo señala en un artículo de The New York Times:

Un impuesto a las transacciones financieras especulativas, al rechazar la dependencia de la ultrafinanciación de corto plazo, habría puesto un freno a la burbuja... Este impuesto habría ayudado a evitar la crisis actual, y su aplicación podría ayudarnos a evitar repetirla en el futuro.

Es evidente que la aplicación de la tasa Tobin no va a resolver todos los problemas. Pero constituiría un freno a un mercado que tiende a crear burbujas que cuando estallan generan un gran caos mundial.

En El Blog Salmón | ¿Qué es la Tasa Tobin y cuáles son sus problemas?, El dólar financia la especulación mundial Imagen | arte muestra

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