Los albañiles españoles lo tienen claro: las nuevas generaciones aguantan poco en la obra. "Obras que antes podían durar seis o siete meses ahora se van a ocho o nueve", explica un trabajador veterano que lleva tres décadas levantando paredes bajo el sol. La situación ha alcanzado tal magnitud que el sector de la construcción cerró 2025 con 1.530.002 personas ocupadas, un 4,5% más que el año anterior, según el Observatorio Industrial de la Construcción, pero con un dato que debería hacer sonar todas las alarmas: los menores de 30 años representan apenas el 10,8% de esa plantilla, mientras que los mayores de 55 años suponen el 22%. Es decir, el envejecimiento no es una proyección: es un hecho consumado.
El calor como filtro de selección involuntario
Desde mayo de 2023 está en vigor en España una normativa específica para proteger a los trabajadores frente a episodios de calor extremo. Cuando existe un aviso meteorológico naranja o rojo y las medidas preventivas no garantizan la protección, la normativa obliga a adaptar las condiciones de trabajo, incluida la reducción o modificación de la jornada, según establece el Real Decreto-ley 4/2023. "Hemos parado la obra porque ya no se puede trabajar así", relata José Antonio, un albañil de 64 años que ha visto cómo compañeros de 20 o 25 años abandonaban el primer día tras unas horas bajo el sol. El fenómeno no es anecdótico: el sector afronta una importante falta de trabajadores y un problema de relevo generacional, especialmente por el elevado número de empleados que se jubilarán durante los próximos años.
Aquí entra en juego un dato que parece contradictorio: la construcción ofrece salarios que pueden resultar muy atractivos. Un buen oficial puede cobrar hoy entre 2.000 y 2.500 euros mensuales en determinados casos, cifras que superan ampliamente el salario mínimo interprofesional (SMI) de 1.134 euros brutos mensuales en 14 pagas vigente en 2024. Sin embargo, el dinero no compensa lo que los jóvenes perciben como condiciones laborales del siglo XIX con temperaturas del siglo XXI. Como apuntaba recientemente Ángel Flores, un albañil ya jubilado: "Hoy cualquiera de la construcción puede ganar más que muchos que están en una oficina o tienen ciertas carreras". Pero ese incentivo económico choca frontalmente con la realidad física del trabajo.
El impacto del calor extremo va mucho más allá del malestar pasajero. Según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST), el calor reduce la destreza manual y afecta al rendimiento cognitivo, la coordinación, la memoria y la capacidad de concentración, además de elevar el riesgo de accidentes laborales un 17,4% durante las olas de calor. Paco Nicolás, albañil de Murcia, lo resume con crudeza: "A las 2 o 3 de la tarde hace mucho calor, pero bueno, tenemos que cumplir nuestro trabajo". La frase revela la disyuntiva imposible: cumplir con los plazos de entrega o proteger la salud. Muchos jóvenes, simplemente, optan por tercera vía: marcharse y no volver.
Relevo generacional: ¿misión imposible?
La construcción española necesita incorporar trabajadores para cubrir las jubilaciones y las nuevas obras, pero el relevo generacional se ha convertido en uno de los grandes retos del sector. Los datos de la Radiografía del empleo en construcción 2025 muestran que el 22% de la plantilla tiene 55 años o más y que el 22% de los trabajadores podría jubilarse durante los próximos diez años, mientras que los menores de 30 años representan solo el 10,8%. José, otro albañil de 64 años, lo expresaba con ironía: "Dicen que faltan trabajadores en obra y te piden requisito hablar inglés para poner ladrillos". La dificultad para encontrar trabajadores cualificados no ayuda precisamente a atraer talento joven.
Lo que acontece en las obras puede tener repercusiones directas en el precio final de la vivienda y los plazos de entrega de promociones. La Comisión Europea señala que las dificultades para encontrar trabajadores con experiencia y cualificación constituyen uno de los problemas que afronta el sector de la construcción en España. Cuando la oferta de mano de obra se contrae y la demanda se mantiene o crece, los costes laborales y de construcción pueden aumentar, aunque el efecto final sobre el precio de la vivienda depende también de otros factores.
Imagen | wal_ 172619 (vía Pexels)
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