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¿Escuchando a los nativos laborales?

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Es común que en muchas empresas se establezcan dos grandes grupos. Los nativos, la gente de cantera, los que siempre han estado allí y los forasteros. esos pueden ser fichajes, consultores, etc. Gente que aterriza en una organización que ya cuenta con una fuerte historia a sus espaldas. Y, lo primero que suelen hacer muchos de estos nuevos vecinos, es cambiar las cosas. Y cambiar cosas importantes.

En cierto modo tiene sentido. Hay que tenerlos como el caballo de Espartero para haber sido fichado de fuera y, llegado a tu nueva casa, decir que es fantástico todo y que no se te ocurren cambios que hacer. Seguramente el que te ha contratado se quedará con los ojos muy abiertos, pensando en el dinero que ha gastado en ti, pudiendo haber recurrido a cualquiera de la casa antes que esta carísima incorporación. Y sin embargo, como bien señalan en Consultoria Artesana, conviene escuchar a los Nativos. Venga, no seaís vagos y leeros la entrada de Julen para entender el resto de este post.

¿Ya? Pues si, en esencia estoy de acuerdo con ello. Me suelo quitar el sombrero ante los consultores o nuevos profesionales que preguntan antes de actuar.Y me tiro en plancha frente a aquellos que se niegan a introducir cambios que tienen más que ver con lo que desean otras personas que con lo que es conveniente para la empresa. Pero, si estamos contando historias, recordemos la requetesabida de los monos y la jaula:

Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas. Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los investigadores lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo. Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo agarraban a golpes. Pasado algún tiempo más, ningún mono subía la escalera, a pesar de la tentación de las bananas. Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos. La primera cosa que hizo fue subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le pegaron. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera. Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato. Un tercero fue cambiado, y se repitió el hecho. El cuarto y, finalmente, el último de los veteranos fue sustituido. Los científicos quedaron, entonces, con un grupo de cinco monos que, aun cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las bananas. Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentase subir la escalera, con certeza la respuesta sería: "No se, las cosas siempre se han hecho así aquí..."

Evidentemente a los nativos hay que preguntarles, pero hay que saber hurgar a base de bien para evitar conclusiones apresuradas. Y, en todo ese proceso, hay que tener cuidado con los efectos halo, con el feedback inevitable entre unos y otros. Y es que ya sabemos que el observador suele acabar influyendo en su propio experimento. Y, como hablamos de nativos, el ejemplo me viene perfecto:

Los indios de un remoto paraje del Canadá enviaron al hijo del jefe a estudiar al país de los blancos, con la idea de, a su vuelta, nombrarlo jefe y asegurarse así la prosperidad con los conocimientos que este iba a adquirir. Al término de sus estudios, el niño era ya un hombre y fue nombrado jefe. Con el final del otoño, los indios preguntaron a su nuevo jefe si se avecinaba un frío invierno pero este, que desconocía los ancestrales métodos nativos para interpretar el clima, no sabía que contestar. Para no parecer inseguro, afirmó que el invierno sería frío y que debían apresurarse en recoger leña. Como no quería defraudar a su pueblo, el jefe, de todas formas, actuó de acuerdo a las enseñanzas que sí había recibido y llamó por teléfono a la Oficina Nacional de Meteorología. -¿Será frío el próximo invierno? -preguntó. -Si, parece que el próximo invierno será frío -contestó el responsable meteorólogo. El joven jefe regresó a la aldea y avisó a los hombres que se esforzaran en recoger la leña, puesto que el invierno sería muy duro. Al poco tiempo, el jefe volvió a tener dudas sobre el pronóstico y decidió volver a llamar. -¿Será un invierno frío? -Creemos que va a ser un invierno bastante frío -confirmaba una voz al otro lado del teléfono. De nuevo el jefe se dirigió a sus hombres para comunicarles que el invierno sería duro y frío y que necesitarían tanta leña como pudieran recoger. Unas pocas semanas después, el jefe volvió a llamar a la Oficina. -¿Será frío el invierno? -Absolutamente, sin duda alguna, uno de los inviernos más fríos de los últimos años. -¿Y cómo están Vds. tan seguros? -Los indios están recogiendo leña como locos...
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