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Los cursos de formación sí que sirven

Los cursos de formación sí que sirven
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Los cursos de formación no sirven, publicaba hoy El Mundo. Se refieren, por si alguno no lo sabe a esos cursos subvencionados para la formación continua, los de la Fundación Tripartita (y, por supuestos, deberían equiparse otros similares reglados con dinero público). Sin embargo, voy a romper una lanza por esta incoativa y decir bien alto y claro que los cursos de formación sí sirven. Y mucho.

Entiendo que la confusión surge al tener en cuenta los informes de evaluación de la Fundación Tripartita para el 2010 y el 2011 las respuestas de los trabajadores a las encuestas que se pasan al final de los mismos, y donde 9 de cada 10 manifestaban que no valían para gran cosa. Los responsables de estos informes fueron cesados. No me extraña. No preguntaron a quien tenían que preguntar.

Para enmendarlo, acabo de realizar una encuesta rápida y he conseguido un 100% de satisfacción Todos los encuestados manifiestan su total apoyo a estos Programas de Formación para el Empleo y otras actividades formativas similares (gratis-total). A continuación os destaco sus impresiones sobre los mismos.

El Estado

El Estado está muy contento con el desarrollo de estas acciones formativas. Destaca como con ellas consigue alcanzar múltiples objetivos:

  • Este tipo de programas justifica la necesidad de un aparato estatal de exacción de tributos e ingresos públicos. En el caso concreto, hablamos de cotizaciones sociales que aportan obligatoriamente empresas y trabajadores. En otros de los distintos impuestos que jalonan toda la actividad económica o la mera existencia del sujeto pasivo. Ese aparato da empleo a multitud de funcionarios, asesores, y dinamita enormemente la economía.
  • Al Estado por definición siempre se le pide que haga algo, que intervenga. El Estado es la exaltación de la acción. Da igual que lo que haga empeoré la situación actual. El Estado no se pude mostrar pasivo. Y si hablamos de un periodo como analizado, con una crisis con undesempleo galopante, mucho menos. El Estado debe demostrar que hace algo, y financiar estos cursos (con el dinero de otros) ya es algo.
  • El Estado cumple de esta manera con su rol de Estado social, de Estado protector, de garante del derecho al empleo consagrado en su Ley de leyes
  • El Estado responde a la empresas subvencionando su actividad formativa, para que luego digan que no hace nada favor de ellas.
  • El Estado consigue, a través de la cesión de dichos fondos a los agentes sociales, contribuir a la paz social, a mejorar su clima con organizaciones empresariales y sindicatos
.

El Estado se manifiesta partidario de continuar con este programa que tan buenos resultados le ha dado, y que ha conseguido la unanimidad entre las dos grandes fuerzas políticas.

Las organizaciones empresariales y los sindicatos

Las organizaciones empresariales y sindicatos, los que de verdad manejan la Fundación Tripartita, por ejemplo, en una clara demostración de consenso que recuerda a lo mejor de esa gran obra que es la Transición, lo tienen claro:

  • Como cualquier subvención que se recibe siempre cabe destinar una parte a gastos generales, de administración, que contribuyen a financiar la estructura de los benefiarios de las mismas. O sea, de ellos.
  • Por otro lado, siempre se pueden adjudicar los cursos a empresas de contrastada solvencia, es decir viejos conocidos que orbital en la galaxia empresarial del sindicato o de la patronal.
  • Se refuerza la imagen del sindicato o de la patronal como de un gestor de servicios para su afiliados
  • y se reivindican ante la sociedad.

De todos maneras algunos de los interrogados de este grupo no me han podido responder pues estaban buscando alguna documentación que se les había perdido.

Grandes empresas espabiladas y consultoras de formación despiertas

Me he encontrado con dos grupos de empresas privadas que están también apostando fuerte por este modelo:

  • Grandes empresas privadas, con directores de RRHH brillantes que aplican la máxima de si no puedes con tu enemigo únete a él: la formación subvencionada justifica parte de sus tareas, cumplen sus obligaciones fijadas en convenio, contentan con ella a los sindicatos si se colabora con los mismos a la hora de elegir las empresas adecuadas, amén de obtener una rebaja en la formación no subvencionada si se negocia el paquete conjuntamente.
  • Consultoras de formación expertas en la gestión de subvención, que negocian paquetes globales incluyendo actividades formativas subvencionables y otras que no, e incluso usan dichos fondos públicos para financiar a sus clientes actividades no formativas, mejorando su linea de negocio, y en algunos casos incluso usarlos para acciones de promoción comercial (regalos, vaya).

Lamentablemente no he tenido tiempo para consultar a los trabajadores que se ven obligados a asistir a dichos cursos, o aquellos que lo hacen voluntariamente buscando mejorar sus capacidades, ni a los pequeños empresarios que no tienen capacidad para aprovechar las ayudas, ni al contribuyente, ni...pero es secundario. Seguramente aquellos que sufragan todo esto y no se benefician de ello no harían un uso tan eficiente de eso recursos que les son extraídos, incluso algunos podían cometer el error de ahorrar y se perdería el efecto dinamizador del gasto público.

Así que ayer, hoy y siempre, un fuerte sí a estos cursos de formación.

Más información | ABC, El País En El Blog Salmón | ¿Qué pasa con las políticas activas de empleo?, Hay que maximizar el rendimiento de los programas de formación

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