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Demagogia alrededor de la financiación de la Iglesia

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Recientemente comente algún momento interesante que, a su pesar, me había brindado el programa de Telecinco La Noria. Sin embargo, como ya señalé, no fue el único. Recientemente, y a propósito de la financiación de la Iglesia Católica en España, volvieron a dilatarse mis pupilas (no, no había tomado nada). Solo que me resultaba curioso como algunos ven la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Ocurrió durante los videos que expusieron en el programa, pero especialmente durante el simulacro de debate que tuvo lugar después. Antes de abordar aquello que me llamo la atención del programa conviene destacar como esta regulado el tema actualmente.

La Iglesia, en función del Concordato y de una serie de Acuerdos firmados con España, recibe una serie de fondos del Estado. Por un lado, los contribuyentes del IRPF pueden decidir que un 0,52% de lo que el Estado les cobra en función de dicho impuesto vaya destinado a la Iglesia. Ademas, el Estado asignará una cantidad complementaria directamente de los presupuestos públicos. Este sistema desaparecera en el 2008 (realmente, ya lo ha hecho e el 2007, aunque se percibirá en la próxima declaración de IRPF). Se sube esa asignación tributaria hasta un 0,7% y se elimina la subvención directa del Estado(de ahí la campaña publicitaria que ha lanzado la Iglesia). Pero esta ayuda es una ayuda al culto. Obviamente, las ONGS de la Iglesia también concurren a los presupuestos públicos junto con las laica. Otro tanto ocurre con los colegios religiosos concertados o con el sueldo que paga la Administración Pública directamente a los profesores de Religión (no entiendo ni esta asignatira ni la de EPC) que, bajo la jerarquía de la Iglesia, imparten su magisterio en la Enseñanza Pública.

Personalmente estoy en contra de estas subvenciones. Pero también en contra de la famosa asignación tributaria. En primer lugar porque sigue siendo una subvención, una subvención cuyo destino señala directamente el contribuyente, pero subvención al fin y al cabo. El Estado destina parte de sus recursos al sector privado. Pero es que ademas no se que pinta un agente publico, la Agencia Tributaria, "trabajando" para un organismo privado. A todo ello se añade el que no veo porque un contribuyente deba hacer publica su condición religiosa.

Así, en el debate que vino a continuación, aparentemente yo debería estar alineado con aquellos que bramaban contra la asignación tributaria, criticaban a la Iglesia por sus riquezas, etc...Pero sintiéndolo mucho no me veía reconocido en ellos, ni en sus argumentos:

  • Para hacer boca, no me gusto nada la demagogia con la que se presentaba el patrimonio de la Iglesia. Especialmente cuando se hablaba del patrimonio inmobiliario o artístico de la Iglesia. Cualquier especialista financiero, cualquier profesional del urbanismo, sabe que ese patrimonio, en su conjunto es un patrimonio que genera más cargas que ingresos. Un patrimonio cuya disponibilidad es mínima, por motivos sociales, pero fundamentalmente por motivos legales. Un patrimonio que demanda año tras año ingentes recursos para su mantenimiento. ¿Alguien cree que se puede valorar la Catedral de Burgos como si fuese un solar edificable? También me llamo la atención que la gente se escandalizase por el sueldo de los cardenales, 3.000 euros. Juraría que dichas cantidades no proceden del erario público, pero aún así, teniendo en cuenta que viene a ser algo así como los Directores Generales de una multinacional, yo también estoy escandalizado. Menuda miseria. Debe ser el voto de pobreza.
  • Pero mi desapego hacia ese sector laico proviene fundamentalmente de que pretenden sustituir las subvenciones a la Iglesia por las subvenciones a un nuevo culto laico que se han inventado. El de las ONGS (curioso nombre este para organismos que en su mayor parte no serían capaces de vivir sin el maná gubernamental). Les parece fatal que se subvencione a través de organismos privados la ayuda espiritual, pero les parece fantástico que se suelte dinero a fundaciones y asociaciones para fines sociales. El gasto social no es algo que me emocione, pero si ha de hacerse espero que lo haga el Estado directamente, y no que recurra a agentes privados. Curiosamente, en el debate, un adalid del laicismo dijo algo así como que le parecía vergonzoso que alguien pretendiese vivir del dinero público. Teniendo en cuenta que en esa mesa estaba sentada una política socialista a la que no conozco otro mérito que cobrar del erario público, no pude menos que carcajearme.

Lo siento, pero no estoy por pagar ni a los Obispos ni a los nuevos sacerdotes laicos.

Mas información en El Blog Salmón: Financiación de la Iglesia ¿Qué pasa con el IVA de la Iglesia Católica? La iglesia nos sube los impuestos

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