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Traficantes de información

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Vamos a comenzar el año con una reseña literaria, la de la obra Traficantes de información, de Pascual Serrano, una obra que, aún siendo editada en el 2010 está de plena actualidad. En la misma, Pascual, fundador de rebelion.org, critica el panorama mediático español por su falta de pluralismo ideológico, pero sobre todo por su ausencia de independencia y veracidad< al estar mediatizados por los intereses empresariales.

Para ello el autor analiza uno a uno los principales grupos mediáticos a la fecha señalada: PRISA, Vocento, Unidad Editorial, Grupo Z, Mediapro, Prensa Ibérica, Grupo Godó, COPE, etc. Para ello desglosa las empresas que componen cada grupo, marca las relaciones entre las mismas y con terceros (incluida la competencia, la banca, o el Estado), destaca la biografía de sus principales representantes y relata los avatares de los grupos de tal modo que corroboren su tesis. ¿Y cuál es el resultado?

Pues, a mi juicio, un tanto desalentador, y no lo digo únicamente desde la evidente discrepancia ideológica que es evidente que puede existir entre mi visión y la suya (no tanto en el análisis, que también, como especialmente en las posibles soluciones).

En efecto, y antes de entrar en dichos desencuentros, vamos con las posibles pegas que encuentro al libro, alguna de las cuales reconozco que son especialmente subjetivas.

Agradezco especialmente el análisis empresarial que el autor realiza, su afán detectives en tirar de la trama empresarial, pero en ocasiones la sobreabundancia de datos sobre participaciones y vinculaciones solitarias hace la lectura farragosa. En mi caso, por formación y práctica, estoy versado, pero a más de uno fijo que le hubiese gustado ver esto graficado. Eso si, es de reseñar el puntazo de las referencias bibliográficas, de los links, etc, para ampliar información (minipunto positivo).

Por otro lado creo que no he encontrado, salvo en el caso de Prensa Ibérica, nada que no sea conocido ampliamente. Alguno podrá decir que no represento al ciudadano medio, pero de verdad, venir a contarme la conexión de PRISA con el franquismo y el OPUS, o el Sindicato del Crímen, o las Guerras mediáticas del Fútbol pues como que me resulta tan repetitivo que le quita mordiente a la obra. Pero lo dicho, si de todo esto no sabes nada algo se os quedará.

Pero bueno, que nadie se llame a engaños, el que no conozca estas historias es posible que no se de cuenta que, en su repaso por la Historia se le nota lo que cuenta pero también lo que no cuenta o tergiversa. Mucho análisis biográfico pero cuando toca a Jiménez Losantos evita mencionar un hecho fundamental para entender la evolución del personaje, su enfrentamiento con el nacionalismo y su condición de víctima del terrorismo de Terra Lliure (¿quizás por ser éstos de izquierda?), o menciona la condena a Gómez de Liaño como si fuese una venganza personal de Polanco y no debido a que el Juez hubiese cometido ningún delito, etc.

El caso es que, y yendo ya al fondo del meollo, uno no tiene una gran simpatía por los tycoons de la prensa española, ni tampoco por sus primeros espadas. Y reconozco, como no podía ser de otro modo, que la composición accionarial o las vinculaciones con otros negocios influyen en las lineas editoriales (era de vergüenza ajena ver los comunicados que se cruzaban en los informativos de la antigua Cuatro y de laSexta), pero todo ellos con matices.

  • Es falso el ejemplo de que a un medio que acudiese a los ERE de las nuevas reformas laborales jamás podría atacarlos. Casos como el de Público o Prisa han sido un buen ejemplo al respecto. Y es que si los sindicatos pueden acogerse a las mismas práctica laborales que critican, ¿cómo no lo van a poder hacerlo unos medios de comunicación?.
  • Al final, la información, la comunicación, es un negocio, en el mejor sentido de la palabra. Eso explica la diferencia de lineas editoriales entre, por ejemplo, la SER, El País o el Cinco Días en los últimos años. Como también explica la actuación del grupo Planeta y su bicefalia A3/laSexta, o el hecho de que Berlusconi mantenga una linea filosocialista en Tele5 y todavía más acentuada en Cuatro, rozando en este caso con la nueva vanguardia del ¿?. Si estos públicos le compran su información, sus espectáculos (olvida en ocasiones que los medios no son sólo información), y les dan de comer, están dispuestos a ser lo que haga falta, incluso trotskistas .

Como el mismo autor reconoce al principio de la obra, aunque luego parece olvidarlo en desarrollo de la misma, la mejor manera para influir en un medio suele ser a como cliente publicitario o entidad financiadora. Es más, ser propietario de esos medios de comunicación, participar en ese juego, diría que a largo es sumamente arriesgado, por lo que más que traficantes diría que son camellos.

Ahora bien, entonces, si accionistas, clientes o bancos pueden controlar y manipular esos medios, que solución propone el autor. En mi caso apuesto por el conocimiento del cliente, por su propio juicio crítico. En el caso de Serrano, acaba el libro con una recomendación a favor de las medidas de índole legal, normativas. Si me lo tomo en serio me sorprendería su ingenuidad, esa fe en las leyes que todo lo arreglan. así que me recuerda a esos curas que recomiendan rezar paraa arreglar las cosas asistimos al espectáculo de aquellos que lo fan todo a la fe en la norma.

Pero no, no creo que Serrano sean en el fondo de esos. Más bien diría que en su condición de exasesor de Telesur, la iniciativa del polo bolivariano, financiada por Argentina, Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela, por lo que de verdad apuesta el hombre para dicha independencia es por ser financiado por Papá Estado. Atención al siguiente párrafo del libro que es de nota, y en el se excusa del siguiente modo por no haber hecho un análisis de los medios públicos.

Algún lector podría plantear que falta un gran grupo de medios: los que pertenecen al Estado. No los hemos analizado porque, en primer lugar, su estructura de propiedad está muy clara: son de todos nosotros de forma alícuota. Es verdad que no todos tenemos la misma capacidad de influir en su contenido y que, en muchas ocasiones, se alinean al servicio de determinados Gobiernos o partidos políticos, pero si eso sucede no es un fallo del medio de comunicación, sino de las instituciones, que deberán modificarse para que no suceda. En cualquier caso, el poder de un medio de comunicación público nunca es mayor que el del Gobierno o el Parlamento, y a éstos los votamos. El medio privado sí puede ser más poderoso que las instituciones, y con el agravante de que nunca lo podemos elegir. Por otro lado, la nueva Ley General de la Comunicación Audiovisual establece un control mayor del Consejo Estatal de Medios Audiovisuales en las cadenas públicas que en las privadas, lo que, una vez más, muestra que la participación democrática y el servicio público son mayores en los medios de titularidad estatal.

Es tremendo leer esto del tirón, con unas cuantas ruedas de molino con las que pretenden que comulguemos:

  • Su estructura de propiedad está muy clara: son de todos nosotros de forma alícuota. Y lo suelta así. Desde Carmen Calvo, la teórica de que el dinero público no es de nadie no recuerdo nada igual. Es tan hilarante que a continuación tiene que arreglarlo diciendo que evidentemente, seremos copropietarios, pero hay unos que son más copropietarios que otros, y entonces en muchas ocasiones,[los medios] se alinean al servicio de determinados Gobiernos o partidos políticos (qué vergüenza, aquí se roba, que diría el afable policía en Casablanca), pero para esto tiene excusa el caballero.
  • ..no es un fallo del medio de comunicación, sino de las instituciones, que deberán modificarse para que no suceda: para empezar no es un fallo, es algo deliberadamente buscado, planificado, perpetrado. Y la responsabilidad atañe también a los comisarios políticos que en calidad de profesionales trabajan en el medio, a los que, en un perro no come perro, intenta exculpar el autor
  • El medio privado sí puede ser más poderoso que las instituciones: Atiendase que para el hombre las instituciones solo pueden ser instituciones públicas, y que estas deben ser las que rompen la pana.
  • ...y con el agravante de que nunca lo podemos elegir: ¿Cómo que no se puede elegir? Por supuesto que se puede elegir, al menos en un régimen de, como mínimo, aparente libre mercado. Se puede elegir no comprarlo, no consumirlo, no financiarlo como cliente ni publicitariamente. Ahora bien, si para emitir necesitas una licencia, si tienes un Consejo Audiovisual en cada comunidad que se dedica a censurarte, si me concepto del interés público incluye un partido de fútbol y me lleva a violentar contratos, entonces la elección me la pones más difícil. Pero eso no será un fallo de las instituciones, eso sin duda será un mandato democrático.
  • La nueva Ley General de la Comunicación Audiovisual establece un control mayor del Consejo Estatal de Medios Audiovisuales en las cadenas públicas que en las privadas: es curioso como se contradice sin desearlo. En la obra se reconoce en varias ocasiones como, tal y como indico en el párrafo anterior, los poderes públicos, a través de licencias, marcos regulatorios, contratos publicitarios, etc, hacen y deshacen en y con los medios privados. En unas ocasiones en una posición de superioridad y en otras no tanto, pero vaya que si los controla. Al final, estos Señores de la Prensa juegan un papel semejante a los estancos bancarios.
  • ...muestra que la participación democrática y el servicio público son mayores en los medios de titularidad estatal Cuando hablan participación democrática por analogía me acuerdo de alguna institución público-privada donde había un fuerte consenso y estaban representadas todas las tendencias, para que cada cual se llevase lo suyo. Curioso que gente tan crítica con la transición nos vendan la misma moto.

Lo dicho, que está claro que el modelo último para el autor es el de la financiación estatal, el de los medios públicos. Y por supuesto, cuando dice que le preocupa la falta de pluralismo se refiere a qué medios de su linea ideológica no encuentran financiación.

Pero tranquilos, el libro es de 2010, por lo que en este último punto se ha quedado desactualizado. Lara Engels y su Sexta Internacional, o Berlusconi Neocraxi, y su Cuarta columna, están dando acomodo mediático a esas voces sin voz. Después de todo, el negocio es el negocio y conviene apostar por lo que pueda venir (y mientras tanto hacer caja con los adeptos).

Más información | Ediciones Akal

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