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El empleo en EEUU se despeña por el Coronavirus más que en ningún otro país del mundo desarrollado, augurando otra Gran Depresión

El empleo en EEUU se despeña por el Coronavirus más que en ningún otro país del mundo desarrollado, augurando otra Gran Depresión
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España está indiscutiblemente presente en el podio más siniestro de la mala gestión de una pandemia que las cifras muestran que está afectando a nuestro país de forma mucho más grave que a otros países de nuestro entorno.

Pero eso no quita que no haya otros países del mundo desarrollado que no estén sufriendo lo indecible, y donde incluso lo peor aún está por venir. Uno de esos países es Estados Unidos, y allí el impacto ya es severo no sólo en términos socio-sanitarios, sino también en el plano económico: el empleo de EEUU se ha despeñado más que en ningún otro país del mundo desarrollado.

España lleva el tema del Coronavirus injustificadamente mal, pero hay otros países que también están padeciendo insufriblemente

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No sólo son España e Italia los países más perjudicados por la terrible pandemia del Coronavirus, sino que, conforme la plaga vírica se extiende por el mundo, la gravedad del impacto sanitario y socioeconómico se revela mayúsculo también para otros países. Y ello sin negar la obviedad que arrojan las cifras de que España e Italia son ahora mismo los países que peor parados salen de todo este siniestro asunto, padeciendo una gestión que evidentemente no ha sido nada buena a la vista de las cifras: incluso contando con la disparidad de criterios, los órdenes de magnitud son muy distintos en términos relativos.

Lo más sangrante se evidencia tras el necesario análisis comparativo con otros países que sí que están gestionando con éxito esta crisis socioeconómica, y a los cuales además ya teníamos como ejemplo que deberíamos haber seguido cuando aún estábamos a tiempo de minimizar esta terrible catástrofe. Y todo esto meramente con las cifras oficiales en la mano, puesto que hay estudios de investigación como el del Imperial College de Londres (que fue la institución que propició con otro de sus informes el brusco giro en la gestión de Johnson) que apuntan a que en España las cifras reales superan (y por mucho) a las oficiales, y que tendríamos en realidad entre 6 y 7 millones de contagiados.

Sin embargo, entre esos otros países que despuntan ya también como grandes afectados por el COVID-19, destacan por (des)méritos propios unos Estados Unidos y un Reino Unido donde Johnson sorprendió a propios y extraños con una inconcebible gestión de la pandemia que tuvo que rectificar y desdecirse a marchas forzadas, y que le ha llevado incluso a él mismo al hospital afectado por la enfermedad; y su evolución no es lo que se dice buena, puesto que ayer mismo Johnson ya pasó a la UCI.

La gestión de Trump de la pandemia en su territorio tampoco ha sido precisamente buena, y en un inicio menospreció categóricamente el riesgo potencial del virus y no tomó apenas medidas, habiendo tenido Trump también que rectificar y re-rectificar en sucesivas ocasiones. Pero, al contrario de lo que nos ha ocurrido en otros países con una cierta dosis de discurso único e inapelable sobre la gestión de la pandemia (algo inaceptable que tras demasiadas semanas por fin el gobierno se ha visto forzado a enmendar, y donde la versión oficialista no encaja con la sucesión de los acontecimientos ni con los datos disponibles públicamente, sin embargo en EEUU se ha levantado una agria polémica nacional en torno al tema, con artículos periodísticos que atacan de forma directa y meridianamente clara al propio presidente, dictando una sentencia condenatoria sobre su gestión de la pandemia, y haciendo una vez más todo un alarde del gran nivel de periodístico y de capacidad de auto-crítica de los que (todavía) pueden enorgullecerse al otro lado del Atlántico.

El caso de Estados Unidos sitúa su impacto económico actual entre los más graves del mundo desarrollado

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El caso es que la polémica en EEUU va mucho más allá del mero plano sanitario, lo cual no es ni mucho menos poco en aquel país, especialmente tratándose de una socioeconomía en la que la sanidad tiene sus (muy) grandes deficiencias. Simplemente decir en este sentido que el Coronavirus no ha hecho sino poner en primer plano esas asimetrías y desigualdades socioeconómicas de EEUU que desde aquí siempre les hemos analizado (y por las cuales abogábamos por una necesaria refundación del capitalismo). Así por ejemplo, millones de estadounidenses sin una adecuada cobertura sanitaria se van a ver abocados a una situación extrema frente al Coronavirus: los servicios sanitarios por el funesto virus les van a costar en torno a la friolera de 75.000 dólares por paciente (al que los tenga, claro está, que no olvidemos que estamos hablando de las personas sin una adecuada cobertura sanitaria, lo cual es así principalmente por motivos económicos). Ni qué decir tiene que carecer de recursos económicos para sufragarse el ingreso hospitalario por Coronavirus puede tener sus graves implicaciones incluso sobre la mera contención de la pandemia a nivel nacional.

Pero abrazando un aspecto mixto de esa Socioeconomía que acuñamos desde aquí como nuevo concepto híbrido, también se han levantado polvaredas en la cuna del capitalismo acerca de cómo el Coronavirus está afectando gravemente a la economía, y peor que parece que va a ser en el futuro. De hecho, según el New York Times, EEUU está arrojando las peores cifras del mundo desarrollado en cuanto a “reajustes” laborales se refiere, augurando unas cifras macroeconómicas que bien podrían acabar siendo equiparables a aquellas de la funesta Gran Depresión de la primera mitad del siglo XX.

Así, sólo en la semana que fue del 15 al 21 de Marzo, en Estados Unidos nada más y nada menos que 3,3 millones de trabajadores solicitaron la prestación por desempleo. La proyección a futuro que arrojan estos datos iniciales es que la virulencia económica del Coronavirus haría alcanzar una tasa de desempleo del 30% en el segundo trimestre de 2020. Como ven, las cifras son absolutamente noqueantes, y especialmente dolorosas en un mercado laboral como el de EEUU, donde los trabajadores están mucho más desprotegidos legalmente y en prestaciones frente a este tipo de calamidades económicas tan destructoras de empleo, y donde además las redes de contención socio-familiares no son ni mucho menos tan fuertes como por ejemplo en los países latinos. Y por cierto, que ahora se demuestra la capacidad de anticipación que determinados países como Rusia tuvieron hace ya meses, cuando se pusieron a vender dólares y comprar oro como si no hubiese un mañana; un país en el que, además, esta crisis coge a las empresas rusas con sus reservas financieras al máximo.

Pero no se puede vivir sólo en el hoy, y hay que contar también con el impacto en el mañana

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Los datos publicados son muy claros (“crystal-clear” que dirían los propios americanos), pero hay también que ser objetivos, y tratar de saber ver que, también en lo económico, las cifras que deja tras de sí la destructora estela del COVID-19 hay que matizarlas. Porque el hecho es que en EEUU las cifras del mercado laboral están mostrando la virulencia de la crisis en toda su crudeza,ya que allí las medidas económicas tomadas por la administración Trump no han sido tan contundentes ni intervencionistas como en otros países, en los que directamente se ha prohibido el despido por decreto mientras dure esta situación coyuntural.

Lo que esto puede implicar es que EEUU pueda estar mostrando un desolador panorama económico que aquí tan sólo vayamos a ver en diferido, porque lo que está claro es que la dentellada económica del monstruo de la pandemia la vamos a sentir de una manera u otra, y si en España se han prohibido ahora los despidos por decreto, o bien esos despidos llegarán más adelante (esperemos que sean menos al haber remitido ya la pandemia sanitaria), o bien lo que veremos será una clara tendencia de defunción empresarial porque las empresas no puedan hacer frente a unas nóminas para cuyo abono no están contando con apenas ventas de sus productos y servicios. Al final, el resultado puede acabar siendo el mismo, y la mortalidad empresarial acabaría trayendo igualmente más desempleo, solo que a posteriori mientras se liquidan esas empresas que pasan a mejor (o más bien a peor) vida, y que difícilmente volverán en el corto y medio plazo.

Realmente, no sabría decirles qué es peor, si que se pierdan directamente los empleos y se conserven las empresas que luego pueden volver a generarlos, o que se conserven los empleos y se pierdan muchas empresas que ya no van a generar empleo nunca jamás. No es una disyuntiva fácil ni con resolución no traumática, y una vez más parece que la opción más equilibrada y que puede acabar maximizando las ventajas (y minimizando las desventajas) de una y otra opción es esa economía de “Start/Stop” que defendimos desde estas líneas desde el principio de esta crisis, y cuya implementación final en el caso de la economía española no acaba de ser precisamente la más oportuna, y presenta también sus muchos riesgos a futuro. Personal y profesionalmente a un servidor le gusta infinitamente más la aproximación a este concepto que hemos visto en otros países como Dinamarca, y con la que prometen vadear esta crisis mucho mejor que nosotros.

Pero si hay algo de cierto en toda esta crisis pandémica es que para ver sus resultados en todos y cada uno de los países como resultado de sus diferentes aproximaciones, tan cólo tenemos (y podemos) esperar y ver. Sin duda que esas asimetrías socioeconómicas de nuestros sistemas se van a abrir en algunos casos hasta convertirse en simas insalvables, tensionando nuestras socioeconomías fuertemente, e incluso pudiendo perfectamente superar las severas tensiones socio-políticas que sufrimos durante la Gran Recesión, y cuyo precio aún estamos pagando a día de hoy. Y es que, como ya les dijimos hace unos cuántos meses cuando analizamos la crisis que ya se empezaba a cernir sobre nuestras cabezas, y de la cual el Coronavirus sólo ha sido un potente multiplicador, la próxima gran crisis ensancharía fuertemente todas esas asimetrías y brechas, que ya requerían en su momento de esa urgente e ineludible refundación del capitalismo de la que tantas veces les hemos hablado en los últimos años.

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Entendiendo por lado oscuro el que pretende siempre destruir en vez de construir, ahí estará ese lado oscuro barrenando con dinamita cada fisura que se vaya abriendo en nuestro sistema. Mucho me temo, a la vista de la situación, que esa refundación no ha llegado a tiempo (ni siquiera parece que haya acabado de llegar -Coronavirus mediante-): el riesgo no es otro que ahora todo el sistema pueda saltar por los aires. Y en esas podríamos estar ya. Buena suerte a todos con las sacudidas: puede que esta vez su intensidad se nos salga incluso de la escala sísmica.

Imágenes | Photopin Mike Licht modified by DBM under Creative Commons Pixabay geralt | Pixabay Graehawk | Pixabay geralt | Pixabay Clubfungus

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