Mazda, el desafío de ser independiente

Mazda, el desafío de ser independiente
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Mazda es el decimoquinto mayor fabricante de automóviles del mundo. La empresa fabrica principalmente en Japón y vende en prácticamente todo el mundo, no obstante, es bastante más pequeña que otros fabricantes generalistas, y de esto vamos a hablar, porque Mazda es un fabricante que está siguiendo un camino bastante diferente del resto de fabricantes.

No es que los números de Mazda la conviertan en una empresa inviable, sino que como empresa va tener que tener bastante cautela con sus pasos en el cada vez más competitivo mundo del automóvil. Mazda al contrario que otros fabricantes ha apostado por un lado menos racional que otros, por lo que en tiempos duros y en el que las compras de coches dejan de ser emocionales no lo va a tener fácil.

Historia de Mazda

Como casi todas las marcas japonesas, el comienzo de Mazda se encuentra a principios de siglo XX. Toyo Cork Cogyo Crop fue fundada en 1920 (todos los vehículos tenían el nombre Mazda, que la empresa no tomó hasta 1984) y empezó como una empresa que fabricaba herramientas, pasando a los vehículos en 1934. Mazda tiene la sede en Hiroshima, pero su producción la reinaguraron tan sólo cuatro meses después de la bomba atómica. En 1960 lanzó su primer vehículo, el Mazda R360.

Poco a poco fue amplieando su gama, fabricando su primer deportivo (el Cosmo Sport) gracias a una partnership con NSU (empresa que entre otras acabaría dando lugar a Audi). Con el tiempo sólo Mazda continuó con el motor rotatorio Wankel. Esta decisión les afectó negativamente, porque al contrario que otros fabricantes japoneses, sus modelos no eran tan eficientes y en 1973 la crisis del petróleo no les benefició como fabricante de coches.

En 1979 comenzó su alianza con Ford, mediante la cual el fabricante americano llegó a ser el primer accionista y tener el control de Mazda. Poco a poco fue invirtiendo en acciones de Mazda y en 1996 tenía el 33,3%. Compartieron modelos y tecnologías, por ejemplo el Mazda 121 que se vendió en Europa no dejaba de ser un fiesta remarcado. La alianza ahorraba a a Mazda 90 milones de dólares anuales en I+D y a Ford puede que más todavía.

Si no hubiera sido por la crisis que sufrieron los fabricantes de Detroit, es posible que Mazda se hubiera convertido en la marca japonesa de Ford, al igual que controlaba Volvo y Jaguar. Pero Ford se fue desahaciendo de las acciones de Mazda, llegando a un momento que hoy en día apenas controla el 2%. Sigue habiendo acuerdos de colaboración, aunque menos, y Mazda busca otros partners, como por ejemplo Fiat para su deportivo descapotable o Toyota.

Mazda después de Ford

Claramente la estrategia de Ford de deshacerse de activos le ha situado en una posición muy ventajosa y le permitió salir de la crisis siendo una empresa más pequeña, pero más saneada. Fue un buen negocio para Ford, pero ¿y para Mazda? Mazda se encontró que era un fabricante generalista de bajo volumen. No está integrado en ningún otro gran fabricante de automóviles, como es el caso de Nissan, aunque sí lo está dentro del Keiretsu Sumitomo, que es su mayor accionista. En ese sentido, Mazda ha quedado como un fabricante independiente.

No es que Mazda sea un fabricante minúsculo, supera el millón de vehículos anuales fabricados con comodidad, pero esa cifra no es muy lejana de la de BMW y Daimler, que son fabricantes de segmento premium y lujo. En ese sentido, Mazda queda como un fabricante de tamaño pequeño/mediano y sólo generalista. Tiene que elegir muy bien en qué batallas se va a meter para asegurar su rentablidad y viabilidad a largo plazo. Por ejemplo su monovolumen Mazda 5 no tendrá sucesor, ni tampoco lo tuvo su modelo CX-7, hay que reconocerles que de momento lo están haciendo bien.

La independencia de Mazda no ha sido sólo en sus accionistas, sino en la estrategia tomada por los ejecutivos frente a la de otros rivales, como Volkswagen. Si Volkswagen fabrica casi todos sus coches con turbo, en Mazda han optado por seguir manteniendo sus motores atmosféricos, eso sí, mejorados para poder competir con los motores modernos.

Mazda también ha renunciado a meterse en el mercado de productos de propulsión alternativa. No tienen vehículos eléctricos, (aunque sí híbridos en camino). Hace unos años llegaron a la conclusión de que por mucho que crecieran las ventas de eléctricos, en 2020 el 90% de los coches seguirían teniendo un motor térmico, lo que hizo que optaran por no seguir esa línea. De momento, esa estrategia les está resultando correcta, aunque queda por ver si seguirá siendo correcta o si habrá sido un “pan para hoy, hambre para mañana”.

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Más Información | Diario Motor y AutoBild

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