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China lanza una nueva modalidad de crédito, el crédito "social"... Y es para echarse a temblar

China lanza una nueva modalidad de crédito, el crédito "social"... Y es para echarse a temblar
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El capítulo "Nosedive" de la tercera temporada del Black Mirror me impresionó especialmente cuando lo ví. Este capítulo describe una sociedad en la cual las redes sociales se vuelven perversas, hasta el punto de que todo ciudadano es inmediatamente puntuado por cada persona con la que interactúa, y en base a su calificación global tiene acceso a más o menos facilidades económicas, laborales y sociales.

Pero muchas veces lo distópico del presente se acaba convirtiendo en lo real del futuro. Y con lo exponencial de nuestro progreso socioeconómico, ese futuro se hace presente mucho más rápido que nuestra capacidad de reacción. En China "Nosedive" se está implementando como una forma de ranking y crédito social, y va a ser una poderosa herramienta del poder para controlar a su población y para distribuir los frutos de su socioeconomía selectiva y partidistamente.

El "Nosedive" de Black Mirror que pasa de la ciencia-ficción a la pesadilla hecha realidad

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"Nosedive" significa en inglés "caída en picado", y dicho capítulo narra las desgracias de una ciudadana que inicialmente tiene una gran reputación cibersocial, y una vida holgadamente acomodada gracias a ello. Pero una serie de acontecimientos casuales hacen que su ranking en las redes sociales se vaya poco a poco torciendo.

Una mala reacción inicial a un contratiempo en un viaje aéreo acaba desencadenando una espiral de puntuaciones negativas, que se retroalimentan cebándose con una protagonista que va mostrando cada vez su cara menos social cuanto más se hunde en las redes sociales. Al final, acaba por no tener suficiente "crédito social" para volar en avión, tiene también problemas con el autobús, y acaba con el autostop como último recurso por llegar a una boda de una amiga muy bien relacionada que puede catapultar de nuevo su relevancia cibersocial.

Pero nada acaba siendo como ella espera. Todo se le tuerce, y una sucesión de comportamientos desafortunados acaba hundiendo más y más su perfil social. Siente cómo la gente le rehuye, nadie se quiere relacionar con ella. Sus sueños de tener acceso a la vivienda de sus sueños descarrilan ante la pérdida de status social en las redes. Toda su vida se viene abajo, hasta acabar casi como una proscrita social, y todo por cómo su entorno le juzga de forma sumarísima por breves y efímeras interacciones.

Mucho más que una fantasía distópica, "Nosedive" es una profunda crítica social

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Las redes sociales no son más que una herramienta puesta en manos de la sociedad, y en ultima instancia, de los usuarios. No han hecho sino de mero catalizador de problemas que hace tiempo que están pudriendo las bases de nuestra sociedad cuan cáncer. Desde hace años les escribo sobre la creciente y escandalosa falta de ética en nuestro mundo y en nuestras empresas, y acerca de todo lo que ello puede acabar implicando socioeconómicamente.

El interés, el egoísmo, las apariencias, e incluso la sed de venganza y la crueldad, a menudo se maquillan burdamente para no sufrir el aislamiento social, pero conforme pasan los años y se tienen más comportamientos de referencia para evaluar a nuestro entorno, más aterra ver la despersonalización general a la que nuestras socioeconomías están llegando. Y el tema es mucho más serio de lo que parece, no crean que se trata simplemente de adaptarse a un nuevo patrón de comportamiento social. No lo tildaría ni de comportamiento, sino de simple y llano anticomportamiento.

Ciertamente, lo inhumano de nuestro mundo puede acabar haciéndolo tan inhóspito que se vuelva inhabitable incluso para los propios depredadores sociales. El cortoplacismo y la instantaneidad de los que tantas veces les he hablado siempre han estado ahí más patentes que latentes, y es con las redes sociales con lo que su capacidad de influencia sobre nuestro entorno socioeconómico, a la hora de dibujar el futuro en el que viviremos, es cada vez más rápida y decisiva.

China abraza el futuro más distópico, con un abrazo del oso para los propios ciudadanos chinos

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Para los espectadores de Black Mirror, no cuento nada nuevo cuando afirmo que la distópica serie de televisión a menudo lleva al extremo temas socio-tecnológicos de plena actualidad en nuestro mundo de hoy en día, y proyecta las facetas más histriónicas que de él pueden desprenderse. Pero hay proyecciones más factibles y menos factibles, y las que más aterran son aquellas hacia las que vemos que nos encaminamos irremediablemente.

Si además lo distópico incluye a un estado totalitario como el chino que pasa a utilizar la tecnología para acabar de ejercer un control absoluto sobre su población, el terror se combina con la represión sin necesidad siquiera de usar la fuerza bruta, y pudiendo condenar fácilmente a los objetivos político-sociales al ostracismo.

Hay que reconocer que realmente hay una diferencia fundamental entre la distopía de Black Mirror y la realidad del sistema desarrollado por China. Mientras que en la serie televisiva el crédito social proviene de la calificación del entorno social de cada persona, en el caso Chino ese crédito viene determinado por el régimen. Pero lo que a priori puede parecer una diferencia significativa, en realidad no lo es tanto, puesto que es exactamente la misma diferencia que separa a una democracia como en la que transcurre la acción de "Nosedive", de una dictadura como la del régimen comunista. La diferencia se torna pues en una mera adaptación a una realidad nacional diferente, y el paralelismo aflora de nuevo con renovadas fuerzas.

Incluso es posible que los órganos de poder chinos se hayan inspirado en la serie misma para diseñar su propia política socio-tecnológica. Realmente sorprende la coincidencia casi milimétrica entre el "crédito social" de la ficción y el nuevo sistema chino, así como la coincidencia temporal entre la serie y la implementación en el gigante rojo.

No obstante, en este sentido, hay que decir que hace ya más de tres años el estado chino anunció un futuro sistema de crédito social, mientras que el visionario capítulo no se emitió por primera vez hasta 2016. Pero no es menos cierto que el anuncio inicial de las autoridades chinas era en realidad un sistema marcado mayormente por una gran indefinición, y era más bien casi una mera declaración de intenciones, que han ido refinando hasta el anuncio actual (posterior a la emisión de "Nosedive").

El sistema estará plenamente operativo en 2020, pero ya hay millones de chinos que han caído en sus redes (sociales). Estos (des)afortunados forman parte de un programa piloto que pretende un siniestro perfeccionamiento antes del lanzamiento masivo. Ahora mismo el sistema actual es un conjunto de programas muchas veces dirigidos por autoridades locales, pero con el objetivo de que cuando se lance definitivamente tenga un alcance unificado a nivel nacional.

De forma semejante a la calificación crediticia tan ampliamente utilizada en los países desarrollados, la puntuación social de los ciudadanos chinos podrá oscilar al alza o a la baja según el comportamiento que tengan. La máxima es que "mantener la confianza es glorioso, y romperla es una desgracia", con toda la subjetividad político-social que semejante afirmación deja entremedias, pero con la objetividad de que aquel que caiga en esa desgracia lo va a pasar realmente mal.

El algoritmo de puntuación social es un secreto muy bien guardado, pero por que se hagan idea de lo intrusivo del nuevo sistema en la futura vida de los ciudadanos chinos, se ha filtrado que posibles motivos de descrédito social son por ejemplo realizar una mala conducción, fumar fuera de las zonas autorizadas, comprar demasiados videojuegos, o publicar noticias falsas en internet. Como pueden observar, resulta dramático que comprar "demasiados" videojuegos pueda impedirle por ejemplo la libertad de movimientos, pero ya aterra pensar en qué será calificado por el gobierno chino como "fake news": puede que simplemente noticias que no le interese que se sepan.

Los precedentes no son buenos, y los "castigos sociales" menos

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No hace falta que les recuerde las políticas fuertemente represivas del régimen chino, y para que se hagan una idea de hasta qué extremo llega la persecución de la disidencia incluso hoy por hoy, pueden leer en esta noticia del Telegraph acerca del ya difunto premio nobel y disidente chino Liu Xiaobo, cuyo premio otorgado por la Academia Sueca lo recibió tristemente una silla vacía, mientras el galardonado ocupaba una hostil celda carcelaria china.

El activista a favor de los derechos humanos y pro-democracia fue condenado a 11 años de prisión en Diciembre de 2009, acusado de "subversión" por el terrible crimen de tan sólo haber osado reclamar reformas democráticas en el gigante comunista. Con estos antecedentes, qué no podrán acabar haciendo ahora las autoridades chinas con semejante herramienta social, que multiplica por mucho su capacidad de represión. Que inicialmente los comportamientos que restan crédito social sean (algo) menos antidemocráticos, no significa que cuando en el futuro la maquinaria esté rodada no se aplique con contundencia el rodillo político-social. Al tiempo.

La lista inicial de posibles "castigos sociales" a imponer a los ciudadanos que pierdan ranking social va desde impedir a los proscritos volar o coger un tren, hasta reducir su velocidad de acceso a internet, pasando por impedir la matrícula de sus hijos en los colegios con mejor reputación (¡Qué culpa tendrán los niños!) o bloquear su contratación en trabajos con buenas condiciones. También les van a impedir poder alojarse en los mejores hoteles, o serán públicamente incluidos en una lista de "malos ciudadanos".

De nuevo les hago notar que, al igual que para los motivos de (des)crédito social, estos castigos son sólo el principio, y no duden que nuevas y creativas formas de condena social serán puestas en práctica a discreción. A los hechos (y a los precedentes) me remito. Sólo el mero hecho de puntuar a los ciudadanos por comportamientos que entran de lleno en su vida privada es ya una incalificable intrusión en sus libertades. Porque una cosa es la existencia de una lista de morosos y de una calificación crediticia en nuestras socioeconomías (con todos los problemas que a veces ha dado), y otra muy distinta es una herramienta masiva de penetración social que no oculta sus prospectivas pretensiones desde su mismo comienzo.

Desde luego este nuevo sistema de catalogación y castigo social hará la delicia de censores y represores de toda índole, pues pondrá a su alcance a cualquier ciudadano desde un lúgubre y siniestro despacho burócratico. A partir de ahora, podrán aplicar serios correctivos a cualquier individuo que consideren que trasgrede cuantas reglas quieran establecer de forma arbitraria, e incluso hacerle la vida literalmente imposible (y a su familia también) a golpe de simples clicks.

Un mal contagioso con diferentes grados de afectación, y con un gran potencial (de descarga cibereléctrica)

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Nos dirigimos de cabeza e irremediablemente hacia el futuro aberrante que describía Black Mirror, bien sea de forma grave en un sistema chino con connotaciones político-sociales, bien sea de forma más liviana en socioeconomías desarrolladas donde los influencers obtienen fama y grandes ventajas de todo tipo (y lo que nos quedará por ver también aquí).

Que conste que en ese futuro (ya presente) no sólo el usuario es la víctima: a veces es el mismo verdugo que se aprovecha de su poder social. Así ocurre por ejemplo con algunas cuentas sociales con millones de seguidores, cuyos dueños pretenden ir cenando y alojándose por doquier por su cara (o más bien, por su cuenta de internet) bonita, con prácticas que deberían ser calificadas de puro chantaje.

Como conclusión, simplemente remarcar que, con herramientas como el (des)crédito social chino, combinadas con la fuerte penetración de la tecnología en todas las facetas de nuestras vidas, mucho me temo que el panorama se augura bastante negro. De sistemas así va a ser casi imposible escaparse, y no debemos sentir sino terror ante un programa para el que no somos sólo números, sino que nos asigna números que definen nuestra vida, nuestra felicidad, e incluso nuestra posiblilidad de exclusión social y la de nuestros hijos (que qué culpa tendrán ellos).

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Y no crean que esto sólo va a afectar a los ciudadanos chinos, con herramientas así un régimen de libertades puede echarse a perder en tan sólo unos pocos meses, y los boletos se sortean cada cuatro años. Les puedo decir como siempre que voten con responsabilidad, pero a veces es difícil darse cuenta de que es un lobo con piel de cordero el que se intenta llevar nuestros votos, y en poco tiempo el asunto ya no tenga vuelta atrás. Por desgracia, en estos tiempos turbulentos, tienen múltiples lobos donde elegir en el panorama internacional. Y les garantizo que el sistema chino será la envidia de unos cuántos cuando despegue en 2020... 3, 2, 1... ¡Ignición!

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