La propina manda en el bar, pero el fisco manda en la propina. En la sección Economía de bolsillo del programa La Tarde de la COPE, el periodista económico José María Camarero ha puesto sobre la mesa un dato que la hostelería española prefiere no mirar de frente: apenas uno de cada cuatro españoles asegura dejar siempre propina tras una comida o cena, entre un 15% y un 20% admite no hacerlo jamás, y cerca del 60% queda en la indecisión constante. La propina, en España, es una costumbre intermitente; lo que ha dejado de serlo es la trazabilidad del dinero cuando entra en el circuito del pago con tarjeta.
Las dos Españas del bote
La propina habitual en España se sitúa generalmente por debajo del 10% de la cuenta: según los datos más recientes de TheFork Lab, el 63% de quienes dejan propina aporta menos del 5%, mientras que un 35% deja entre el 5% y el 10% y solo un 2% supera ese porcentaje. En Estados Unidos, en cambio, la propina habitual ronda el 20% y tiene un peso mucho mayor en los ingresos de determinados trabajadores. La comparativa no es detalle folclórico: al otro lado del mostrador, la gratificación tiene un peso social y económico mucho mayor que en España. "Cuando pagamos con dinero en efectivo, somos más proclives a dejar propina que cuando pagamos con tarjeta", sostiene Camarero, a pesar de las sugerencias preconfiguradas del 5%, 10% o 15% que ya ofrecen algunos datáfonos.
Lo que el TPV registra, Hacienda lo ve
La pieza de la COPE es clara en el caso, pero esquiva en la norma. Camarero lo formula así: "La legalidad dice que las propinas, al repartirse, son una parte del salario y tienen que tributar en el IRPF porque es un rendimiento del trabajo". O lo que es lo mismo: a efectos de la Ley 35/2006 del IRPF, las propinas percibidas por los trabajadores tienen la consideración de rendimientos del trabajo, tanto si se reciben en efectivo como mediante otros medios de pago. El bote físico puede seguir cayendo en monedas en la esquina del bar; el bote digital, en cambio, deja un registro de la operación que facilita su trazabilidad.
Lo paradójico no es que el fisco cobre; es que la digitalización del pago facilite también la fiscalización de determinados ingresos. Y es que, según los datos sobre economía irregular recogidos en actuaciones inspectoras recientes, durante 2024 afloraron casi 93.000 empleos ocultos en España. La hostelería aparece entre los sectores con mayor presencia de actuaciones relacionadas con empleo irregular, aunque esas cifras no permiten atribuir todos esos empleos a la hostelería. La pregunta no es solo si los camareros ganarán más con la propina digital; también es cómo se gestionará fiscalmente ese dinero y qué efecto tendrá sobre un sector que ya soporta el aumento de los costes y de los precios.
El cliente aguanta la inflación y la presión del datáfono que sugiere 5, 10 o 15%. El camarero recibe una propina que, cuando le corresponde, debe tributar en el IRPF como rendimiento del trabajo. El leviatán recauda. Lo que no queda al margen de Hacienda es la propina; lo que sigue al margen del salario digno, el trabajo.
Imagen | Cemrecan Yurtman (vía Pexels)
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