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Los keynesianos en el FMI continúan en su camino

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Siguen las preocupaciones sobre el desarrollo de las economías y todos los gobiernos están en pleno proceso de intento de asegurarse que las situaciones de sus países, primero, que no empeoren y luego, buscan cómo salir de la situación en que nos encontramos.

Desde que estalló la crisis, la reaccion de muchos gobiernos fue que los Estados podian actuar, no sólo para respaldar algunas empresas o sectores pero para reactivar la demanda generalizada a través de inyecciones de liquidez. Esta reacción fue respaldado por muchos medios, incluso por algunos en estas páginas.

Como he hablado en estas páginas, algunas de las acciones fueron entendibles como choque para frenar la estampada que se vio. No obstante, desde el principio, algunos hemos criticado las medidas anunciadas y la forma de ejectutarlas.

No es muy creíble que los gobiernos den grandes cantidades de capital a empresas y a sectores enteros, sólo se tenía que poner en la cola y pedir la vez, y todo sin apenas condiciones; sin acordar qué se haría con ese capital y sin claridad sobre cómo se iban a recuperar esas inyecciones, incluso, si se iban a recuperar o no.

He criticado muchas veces en estas páginas el gran despilfarro indiscriminado alrededor del mundo que vimos desde que se empezó a hablar de crisis y, muy especialmente, critiqué el despilfarro que no fue acompañado con claras condiciones por parte de los gobiernos.

Ahora, cuando muchas empresas y bancos alrededor del mundo están anunciando resultados positivos y, en algunos casos, muy positivos, ahora los gobiernos están criticando las decisiones de los bancos y de las empresas.

Esto lo estamos viendo, por ejemplo, con la información del banco británico que recibió muchas ayudas, el RBS, de que más de 100 de sus ejecutivos recibieron un mínimo de un millón de libras de bonos el año pasado.

Aunque hemos pasado lo peor, por lo menos algunos pensamos eso, el gran despilfarro nos ha dejado con cuentas públicas en estado de completo desorden, con déficits públicos altos y crecientes y con deudas estatales que serán insostenibles si continuamos en el mismo camino.

No obstante, como buenos keynesianos que son, nuestros amigos en el Fondo Monetario Internacional (FMI) siguen en su camino. Dicen que hay que hacer algo para reducir los déficits públicos y la creciente deuda estatal pero, bueno, no hay que hacer algo todavía.

Como ya he hablado en estas páginas, el FMI siguen en su camino de no tener prisa para empezar con el ajuste de las cuentas públicas, como decía San Agustín: “Señor, hazme casto, pero todavía no”. Como San Agustín, esta castidad retrasada la sigue aplicando el FMI.

Como buenos keynesianos piensan que no hay problema que los estados pueden acaparar gran parte de los recursos de la sociedad para gastarlo en nombre nuestro y que esto es el camino de nuestra salvación económica. Los soviéticos pensaban de esa forma también, aunque ellos lo llevaron al extremo, y pensar que algunos se molestan cuando digo que los keynesianos son un poquito soviéticos.

Hace mucho dije lo siguiente:

...estamos en el camino de transferir los recursos de la economía a los menos eficientes, los funcionarios y empresarios fracasados. Los primeros son los que están eligiendo quién ayudar, qué sectores a respaldar y qué inversiones a efectuar. Los segundos están asegurando sus futuros a través de sus contactos con los gobiernos y sus gritos públicos.

Segundo, se está haciendo todo a base de deuda que, tarde o temprano se tendrá que pagar y será un lastre importante durante mucho tiempo.

Sigue válido hoy.

Vía | Guardian (en inglés)
En El Blog Salmón | El FMI nos indica pasos para mejorar los sistemas financieros y Confirmado, los gobiernos reemplazan al sector privado

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