El Tranvía Crucis, y la (in)sostenibilidad fiscal
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Como hemos visto, y como mi compañero Remo habló en estas páginas, el ahorro en España ha subido de forma inesperada, bueno, inesperada para muchos.
Recuerdo hace no mucho cuando se criticaba que la gente vivía por encima de sus posibilidades y se endeudaba para poder llegar al fin de mes. En esa misma época, las cuentas públicas estaban en superávit y creo que era uno de los pocos que no quería que se gaste ese superávit, pidiendo que se devuelva a sus propietarios, los contribuyentes.
Ahora estamos en situación contraria, el gobierno en déficit, y chupando deuda y ahorros, y el sector privado en superávit y suministrando ahorros para financiar esa deuda. Parece que estas relaciones sorprenden a muchos, ya que muchos no están felices con el ahorro de los ciudadanos y están pidiendo que se gaste más y se ahorre menos, incluyendo mi compañero Remo.
La constante acumulación de deuda durante la larga época del boom iba a tener repercusiones, y nada que ver con el supuesto fracaso de la mano invisible, como piensa mi compañero Marco Antonio y, aunque estoy de acuerdo que Adam Smith mostraría su indignación, sería frente a los gobiernos y los reguladores que fracasaron en sus responsabilidades.
Hay muchas razones por ahorrar, aunque el miedo y la incertidumbre que estamos viviendo sería suficiente razón, pero también hay otras. La necesidad de reducir la deuda familiar, que ha estado creciendo casi constantemente durante muchos años, la necesidad de acumular un colchón de ahorros para amortiguar futuros problemas potenciales, la necesidad de ahorrar para el retiro, que hace mucho que se comenta en estas páginas.
Que “nuestra relación deudas-ingresos es la peor de los países antes mencionados, así como nuestra tasa de ahorro”, no es nuevo, como nos dijo hace poco en estas páginas mi compañero Alejandro. Algo que viene desde hace mucho, donde subir los ahorros de 2,8% al 7,9% era noticia. Ahora parece que 15% debe ser el tope, aunque no está claro de donde viene ese número mágico.
Por otra parte, hace un tiempo hable en estas páginas de la importancia del ahorro para impulsar el crecimiento de la economía. Repito la importancia del ahorro no la importancia del consumo. Como dije entonces:
No obstante, la inversión no es dinero que se pierde o que está apartado en algún lugar, en una especie de limbo, sin impactar a la economía.
La inversión son muchas cosas; una nueva fábrica, un nuevo equipo o maquinaria, un nuevo edificio, incluso reparaciones a un activo y desarrollo de capital humano.
Todas estas cantidades que se invierten, llegan a otras empresas que pagan sus gastos, sus empleados, sus materias primas, etc. Incluso puede que tengan que expandir y, como consecuencia, aumentar su nivel de empleo.
La inversión impulsa el empleo productivo y sostenible, la productividad, el crecimiento y el consumo.
No sería nada malo que el gobierno tome nota de la disciplina de los ciudadanos y deje de despilfarrar con nuestro dinero. Si dejara más de nuestro dinero en nuestros bolsillos y dejara de dominar los mercados de deuda, con su necesidad de financiar sus déficits públicos y su creciente deuda estatal, las cuentas del país se verían mucho mejor.
Ese camino acompañado del ahorro de los ciudadanos nos sacará del lío de desempleo y de falta de crecimiento en el que estamos. Hay tiempo para consumir por consumir. Ahora es el momento de reducir gastos y ahorrar. El sabio pueblo sabe más que los políticos y los funcionarios, una vez más.
Mi compañero Remo concluye diciendo lo siguiente:
Demasiado ahorro no es bueno tampoco y llevamos un mal camino para comenzar a crear empleo.
Pues justo lo contrario, el ahorro creará inversión y, que creeis, esto creará empleo.
En El Blog Salmón | La tasa de ahorro de los hogares es muy alta y El ahorro es mejor que el gasto, incluso en estos tiempos