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¿Qué quieren los europeos tras su gran decepción con la gestión europea del Coronavirus? Quieren más Europa

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En estas líneas no somos precisamente poco europeístas, pues somos entusiastas de lo que consideramos un buen modelo socioeconómico, que aunque atacan despiadadamente desde ambos extremos porque no les interesa que tengamos éxito, lo cierto es que se sitúa en un salomónico punto medio entre el capitalismo del lejano oeste, y los países con economías hiper-vigiladas e hiper-intervenidas socioeconómicamente.

Y sin caer en dejar de lado el hecho de que tanto nuestro sistema como nuestras instituciones son claramente mejorables, como igualmente lo son las de cualquier superpotencia y con casos con un margen de mejora estratosféricamente más amplio que el nuestro, no debemos dejar nunca de esforzarnos por hacer de esta Europa nuestra un lugar que pertenezca todavía en mayor medida a los europeos. ¿Y qué podemos hacer para conseguirlo? Pues, tras la innegablemente deficiente respuesta ante el Coronavirus, la solución que quieren los ciudadanos europeos no es otra mas que más (y mejor) Europa.

En Europa hay muchas cosas por mejorar que hasta un niño de primaria podría decir

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Y lo primero que he de decir es que, si bien hacer un análisis crítico en profundidad de la socioeconomía europea no es el objeto central del tema de hoy, y que un tema así de extenso tal vez sea más propio del formato de un libro que del de un simple análisis con una extensión muy limitada, sí que vamos a introducir algunos de los puntos de mejora europeos que nos parecen más acuciantes a primera vista. Al analizar ciertos temas europeos, lo primero que me encontré fue un auténtico enjambre de legislaciones nacionales, legislaciones autonómicas en casos de descentralización extrema como España, legislaciones europeas, directivas de la ONU de aplicación en Europa, buenas prácticas para ciertas tecnologías, leyes de protección de datos… etc, etc, etc. Sin restar ni un ápice de idoneidad para muchas de estas legislaciones, lo cierto es que el caos legislativo es considerable, y para una empresa que pretenda hacer negocios en suelo europeo, resulta harto difícil y muy costoso en tiempo y recursos saber cómo puede dar trabajo y/o vender sus productos sin trasgredir alguna de las numerosas normas y leyes aplicables.

Otro punto de gran mejora que deben abordar urgente e ineludiblemente las autoridades europeas es además el punto más estratégico de cara al futuro y a la supervivencia, tanto de nuestros valores e ideales más nativamente europeos, como de nuestro sistema de libertades. Hablando de futuro, este punto no podía ser de otra naturaleza mas que tecnológica o… casi incluso técnica, porque ya les he dicho muchas veces que nuestra actual sociedad tecnológica está ya mutando a una sociedad técnica, con un reputado MIT que ya expuso claramente quiénes iban a ser los analfabetos del futuro. Pero el caso es que desde hace años que venimos advirtiendo desde estas líneas que Europa estaba cometiendo un error de bulto en la vital arena socioeconómica de la tecnología, y era que se estaba echando en brazos de la tecnología de otras superpotencias, en vez de esforzarse por promocionar (pero de forma efectiva y competitiva, por favor) tecnología “made in Europe”, que nos permita no depender de terceros ni de sus intereses, además de evitar que esos terceros tengan acceso directo a nuestros datos e información más estratégica, incluso con bochornosos casos de espionaje desde todas las demás superpotencias. Y aunque censurablemente tarde, en los últimos tiempos, los dirigentes europeos ya se han dado cuenta de su tremendo error (y el mercado también así lo vaticina), tras lo que están tratando a marchas forzadas de corregir el panorama tecnológico europeo con regulaciones prometedoras como la de la Inteligencia Artificial. La cuestión ya no es otra que si llegan a tiempo y, sobre todo… si serán esta vez capaces de alumbrar gigantes tecnológicos europeos de verdad.

Pero hay un último punto socioeconómico de posible mejora, y que ya no es tecnológico, sino socioeconómico en estado puro, según ese concepto de Socioeconomía que re-acuñamos hace ya bastantes años desde aquí cuando aún no lo citaba ya nadie, y que ahora ya sale en muchos telediarios. Los europeos quieren más Europa, pero no quieren una Europa cualquiera, muchos de ellos quieren además tener más voz en Europa. Así, la noticia del diario The Guardian central del análisis de hoy, aporta algunos datos muy interesantes que revelan que el proyecto europeo, aunque puede necesitar una reforma, sí que está muy vivo y sigue levantando pasiones. Esto no sólo se nota en las respuestas claras de miles de encuestados, sino también por cómo los países del Este siguen “dándose de tortas” por entrar en el selecto club europeo. Este último punto es algo que saca especialmente de sus casillas a Rusia, una superpotencia que siempre ha tenido aspiraciones territoriales sobre Europa (y más concretamente sobre Europa del Este), y que siempre vio en la expansión europea hacia sus vecinos más orientales una amenaza que acercaba otros valores desequilibrantes hasta la mismísima verja de sus fronteras físicas: un tipo de amenaza, la proximidad, ante la cual Rusia tradicionalmente siempre ha contra-atacado muy agresivamente. Ésta es una visión que ciertamente explicaría por qué, tras la intención europea de expandir su órbita de influencia hasta la excesivamente oriental Ucrania, Rusia podría haber pasado a contra-atacar agresivamente con el Brexit y en otros tantos frentes, que tienen por nexo común una buena sobredosis de esa propaganda que no es sino un arma clásica de la órbita soviética, y que ahora han reinventado adaptándola a la guerra ciber-social como arma de conquista socioeconómica global.

Finalmente, y por poner una nota de (relativo) optimismo en los pasos de gigante que hemos dado en el Viejo Continente en las últimas décadas, hay que destacar la que es una de nuestras grandes debilidades, pero que es a la vez nuestra gran fortaleza: se trata de nuestra diversidad y heterogeneidad. Éste es uno de los puntos en los que la propaganda se ceba especialmente, exacerbando en nuestras mentes todas las brechas posibles: norte-sur, este-oeste, frugales-gastadores, británicos-continentales… hasta el más leve arañazo en la coraza de la Valkiria Europa es objeto de despiadados ataques tele-dirigidos e intencionados, con el fin de que el arañazo se torne raja, la raja en grieta, la grieta en sima, y finalmente consigan polarizar y enfrentarnos. Pero lo cierto es que el mero hecho de que dos pueblos tan distantes como por ejemplo finlandeses y españoles puedan llegar a acuerdos en temas cruciales para la vida en ambos países es todo un exuberante alarde de una Unión cohesionada, de su capacidad de negociación, de su comprensión mutua, y… de su capacidad de trabajo colaborativo y colectivo. Algo que en otras superpotencias se resuelve a base de simple “orden y mando” y a la voz de “ar”, y a las que les interesa que nosotros fracasemos estrepitosamente para dejar de evidenciar la debilidad de su propio modelo.

Los datos de la encuesta a miles de europeos no podían ser más reveladores…

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Y The Guardian publicó estos datos como resultado de una amplia encuesta, realizada en 9 países europeos representativos de dos tercios de la población total de la UE, y en base a la que el Think-Tank “Consejo Europeo de Relaciones Exteriores” realizó un revelador análisis. El primer dato de (mucho) calado es uno que supone la antesala de este post, y que evidentemente no es nada bueno para Europa: Italia ha sido un terreno muy abonado para la manipuladora guerra ciber-social, que allí se libra encarnizadamente como puntal para penetrar la coraza de la Valkiria Europa, y donde la propaganda ya ha cosechado sus resultados. Así, un 63% de los italianos piensan que la UE falló a sus ciudadanos en la gestión de la pandemia, y en este punto tienen su razón, aunque ese descontento debería ser dirigido más concretamente tan sólo contra la respuesta inicial de Europa, que fue rápida y afortunadamente corregida. Pero lo revelador es que los italianos, al ser preguntados por quién había sido su aliado más útil durante lo peor de la pandemia, afirman sólo en un 4% de los casos que lo fue Europa, mientras que un 25% citan a China.

Sin ser justificación de los inexcusables días que los europeos tardaron en reaccionar, lo cierto es que tradicionalmente la toma de decisiones es un proceso complejo en Europa, algo comprensible al conllevar tener que poner de acuerdo a más de 20 países. Es un punto débil ampliamente conocido y previsible con el que otras superpotencias podían estar contando, y casualmente llegaron raudos y veloces para enviar suministros sanitarios a Italia y España reforzados además por toda una amplia campaña de propaganda. Y es de agradecer todas las vidas que ese material pudo salvar, pero ello no implica sistemáticamente que por el otro lado no pudiese llegar a haber una cierta intencionalidad tras toda la operación. No lo afirmo, simplemente lo expongo como posibilidad no descartable. Y lo que ya no contaban en ningún caso esos hilos de propaganda es que, si la respuesta de Europa podía haber sido más ágil y solidaria desde un principio, en cuestión de respuestas tardías y gestiones nefastas, por ejemplo los chinos tampoco pueden hablar muy alto, pues todo este asunto del Coronavirus es a ellos a los que en realidad se les ha ido de las manos, y crearon toda una pandemia mundial por gestionar tan fatalmente los inicios del virus. Llegaron incluso a represaliar informativa y policialmente a la comunidad médica que dio puntualmente la voz de alarma, en vez de escucharles y amplificar sus revelaciones cuando aún se estaba a tiempo de evitar el desastre.

Esos hilos de propaganda tampoco cuentan que los italianos tuvieron que asistir estupefactos a presenciar cómo ahora dependían de los “caritativos” suministros enviados desde terceros países, consistentes en un material sanitario que los propios italianos habrían podido producir por sí mismos por miles de unidades hace tan sólo unos pocos lustros, antes de la dañina deslocalización de producción de Occidente, y con especial tendencia suicida en la destrucción del tejido manufacturero de “hardware”. Y es que el gran interés que siente China por Italia viene de lejos, y ya en el pasado los italianos incluso barajaron seriamente aceptar la oferta china por la entrega de algunos de sus activos más estratégicos, como diversos puertos, e incluso pasar a integrarse en geoestratégicas redes de intereses globales del gigante asiático. Otro dato relevante aportado por los encuestados, y que abunda en la obviedad de que Europa debió reaccionar mucho mejor ante la pandemia que se le vino encima, es que amplias bolsas de población a lo largo y ancho del continente también sienten que Europa no reaccionó bien, y que se les abandonó a su suerte ante el Coronavirus en medio de todo este caos pandémico en el que todavía sigue habiendo muchas más preguntas que respuestas.

Pero sigamos con los datos, que en esta hogaza queda miga “para rato”. Otro dato que arroja la representativa encuesta es que, realmente, desde algunos medios se han truncado algunos hechos muy reseñables de la percepción de los europeos, porque, aunque es cierto que las autoridades europeas se llevan la peor parte en esa percepción de los ciudadanos, realmente la percepción negativa es altamente generalizada, y afecta tanto a instituciones europeas como también a gobiernos y políticos nacionales: un punto totalmente lógico cuando la gestión de la pandemia ha sido muy mejorable en (casi) todos los sitios (incluyendo el “gran” remedio de beber lejía, por cierto). Y ello sin que sea óbice para que ciertos líderes europeos destaquen a nivel mundial por su sensiblemente mejor gestión de la pandemia: también en comunicación y calidad de la información suministrada. A la vista están por ejemplo los significativamente mejores resultados cosechados en el país teutón, demostrando que a nivel mundial hacen falta más líderes de la talla de algunos europeos.

Efectivamente, el tema parece que va de gestión, y los europeos lo saben. Éste es el motivo por el que también castigan a sus propios gobiernos nacionales, y la cifra de desaprobación de la gestión de la pandemia a manos de sus respectivos presidentes supera en muchos casos el 50% (incluyendo entre ellos a España), pero destacando que de nuevo los porcentajes se invierten en el caso de una Alemania donde Merkel cosecha una apabullante victoria apenas sin referente a nivel mundial, con un 58% de alemanes afirmando que la gestión de Merkel fue buena. Desde España debemos querer también esa Europa de gestores competentes y responsables, y no resignarnos ante el deprimente panorama político nacional general. Nunca debemos dejar de aspirar a tener líderes que estén a la altura de los ciudadanos españoles (y de los europeos). Pero también hay otras cifras de calado con un cariz mucho menos negativos para Europa, y es que incluso esos italianos, tan “quemados” con Bruselas, sin embargo les anhelan fuertemente, y quieren ver en Europa lo que verdaderamente debería haber sido: un aplastante 76% de los transalpinos afirma que le gustaría ver a Europa liderando la gestión de la pandemia, en lo que supone toda una segunda oportunidad para Bruselas.

Por otro lado, el Viejo Continente ha hecho todo un alarde de estar compuesto por un crisol de socioeconomías que tienen en común una gran madurez democrática, a pesar del fuerte electro-shock al que nos han sometido con el Coronavirus. Y es que, al contrario de lo que se podía pensar desde unidades foráneas de inteligencia ciber-social como la famosa GRU u otras, este descomunal cisne negro del Coronavirus no ha polarizado a la mayoría de los votantes europeos hacia los extremos. Así, sólo un exiguo 16% de los italianos tiene una mejor percepción del anti-europeísta Salvini tras la pandemia, Marie Le Pen sólo se mantuvo hieráticamente estable, y de la alemana AfD sólo un 6% de los encuestados dijo tener una percepción mejorada tras la pandemia. Finalmente, las mismas fuentes apuntan a que un 54% de los españoles piensan que VOX había bajado en sus percepciones personales tras el caos del Coronavirus (los datos que echo en falta en este caso para emitir una opinión más detallada es la distribución exacta del 46% restante).

El síndrome de burn-out no sólo afecta a Bruselas y a los países europeos, aquí hay enojo para todas las superpotencias

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Pero, como otra demostración de que el síndrome de “quemazón” europeo es general y contra todo responsable de esta lamentable pandemia, a pesar de que los medios sesgados sólo saquen titulares de la parte que le toca a Europa, los datos apuntan a que un 60% de los europeos afirman que también su percepción de EEUU ha empeorado, y ocurre exactamente lo mismo con un también muy relevante 48% en el caso de la percepción de China (de nuevo echo de menos la distribución del resto de encuestados en este punto para poder dar una opinión más detallada). Finalmente, hay muchos más datos relevantes aportados en el citado estudio, pero lamentablemente no podemos analizarlos aquí en su totalidad, por lo que acabaremos por simplemente hacernos eco de las conclusiones finales de dicho estudio, siempre sustentadas sobre las cifras objetivas y reales de las encuestas que ellos mismos aportan. Sus conclusiones no podrían ser más proclives a un resurgir de una nueva Europa, en la que el europeísmo se refundaría (al igual que venimos reclamando desde aquí respecto al capitalismo en general, y en especial el de los EEUU). Así se daría a luz la mejor versión de una Europa más reforzada y mejorada, y que pertenezca todavía más a los europeos. Es lo que tiene permitir la disidencia, fomentar el espíritu crítico, abogar por la democracia, y permitir tener medios independientes: cuentas con un valioso feedback que debe ser aprovechado como una excelente oportunidad de mejora, un extremo que los países “Dictapitalistas” ni siquiera tienen mínimamente a su alcance.

Y esas conclusiones finales del estudio son que sus autores afirman sin ambages que la opinión mayoritaria en Europa es la de aquellos que creen que las naciones de la UE deben actuar con mayor cohesión en la era de la post-pandemia, abogando especialmente por un férreo auto-proteccionismo de Europa y sus valores. Literalmente mencionan que, para esa mayoría de encuestados, Europa ya no es principalmente un proyecto motivado por unos meros valores e ideas en común y más característicos del Viejo Continente, sino que el concepto ya ha evolucionado mucho más allá, y ahora Europa es una comunidad de países que han entrelazado sus destinos, por lo que deben aferrarse unos a otros para poder tomar conjuntamente control de su futuro, que ya es inevitablemente un futuro colectivo común a todos los europeos. Entre los pensamientos más generalizados, la encuesta desprende que los europeos inciden en la necesidad de un mayor nivel de celo en la vigilancia de las fronteras externas de la UE. Éste es un punto en el que un servidor ya saben que siempre les digo que, en la era de la propaganda y la guerra ciber-social, lo que hay que vigilar con mucho (muchísimo) celo son las fronteras virtuales, y si terceras superpotencias insisten en intentar destruirnos con internet como arma, incluso habría que plantearse ciber-blindar los valores europeos y ciber-proteger a los ciudadanos virtualmente de forma mucho más efectiva que hasta ahora.

Pero volviendo al tema de hoy, una vez recibido el feedback anterior de los ciudadanos europeos, ¿Qué se puede empezar a hacer para entregar Europa todavía más a esos europeos?. Pues simple y llanamente escucharles, atajar los problemas de raíz, y evitar que éstos nos crezcan entre las manos. Y vaya por delante que uno de los más acuciantes es el referente a esas jóvenes generaciones de futuros europeos, que reclaman tan incongruente y agriamente más democracia, cuando en realidad no creen en esta forma de gobierno. Y hay también que tener en cuenta que en estas encuestas europeas no ha habido injerencias de potencias extranjeras posibles ante las que nos hayan alertado los servicios de inteligencia de todo el mundo desarrollado, así que lo que procede es hacer caso del sentimiento democrático mayoritario del pueblo europeo, que precisamente dicta que hay que construir más y mejor Europa.

Lo que está aflorando en Reino Unido es totalmente inconcebible, y demuestra que quieren acabar con nuestros sistemas por todos los medios

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Y todos debemos aprender a ver cómo ese sistema democrático y socioeconómico europeo es precisamente lo que está en el punto de mira de la propaganda y la guerra ciber-social, con elocuentes demostraciones que siempre les hemos anticipado aquí ya en su momento. Pero ahora llegan ya los datos y los hechos contrastables que confirman nuestros análisis primeros, y así se ha sabido hace unos días que, en ese primer embate contra Europa que fue el Brexit, ahora ha quedado demostrado fehacientemente que efectivamente sí que hubo fuertes injerencias rusas durante el referéndum, y lo que es más, todos los dirigentes británicos desde entonces han sido plenamente conscientes de la verdad de la mano del Comité de Seguridad e Inteligencia del mismísimo Parlamento Británico, además de por parte también de las propias agencias de inteligencia tanto de UK como de otros países desarrollados. Lo más grave es que esos dirigentes británicos del máximo nivel muy censurablemente no han querido ninguno tomar ninguna acción, ni para denunciar el hecho públicamente, ni para proteger convenientemente al pueblo británico de la amenaza real de la propaganda, que sigue atacándoles inclementemente en nuestros días (y a nosotros también).

Pero por si esta inconcebible noticia de las tácticas anti-europeas no fuese poco, y habiendo dejado ya suficientemente en evidencia a esos sectores que han tratado de negar sistemáticamente la verdad de estas injerencias desde el minuto cero, con el objetivo de mantener a las sociedades europeas narcotizadas con propaganda mientras por detrás nos socavaban todavía más las bases, resulta que, al día siguiente de la noticia anterior, esos sectores negacionistas de la propaganda y las injerencias en Europa sufrieron un nuevo escarnio público. En esta ocasión, la segunda noticia bomba-nuclear fue la evidencia contrastada de que unos cuántos ministros británicos están literalmente en nómina de las redes rusas, bien directamente, bien a través de la circunscripción electoral de sus partidos. Y recuerden además que en Reino Unido es taxativamente ilegal que los partidos sean financiados por empresas o individuos extranjeros, a fin de salvaguardar su seguridad nacional y democrática. Ahora todo eso ha saltado por los aires, y nadie allí parece querer defender a su propio país, pero ¿Cuántos dirigentes pueden quedar en UK a los que les pueda importar todavía la ley y la democracia real en la época de lo que ya se sabía que fue el Brexit? Estos “elementos” políticos han estado recibiendo decenas de miles de libras de organizaciones e individuos vinculados a la órbita rusa; un dinero que además en demasiados casos es de muy dudosa reputación, por cierto. Pobres británicos, por si no fuera poco con el suicidio seguro que les supone el Brexit, ahora tienen encima que ser gobernados por unos dirigentes que muchos de los cuales reciben grandes cantidades de dinero ruso sin saberse ni remotamente en concepto de qué exactamente. Y la mera incógnita sin resolver no hace mas que permitir albergar sospechas muy fundadas, a lo que se une en sospechoso especialmente el hecho de que han mantenido todo el entramado celosamente en el secreto más absoluto, hasta que la (casi) siempre heroica prensa británica ha destapado todo un culebrón venezolano en suelo británico.

Tal vez habría que plantearse en Europa celebrar un referéndum (pero ahora sin injerencias ni nóminas rusas)

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No será porque la verdad no acabe aflorando gracias a medios rigurosos y comprometidos (¡ejem!), mal que les pese a algunos, pero aquí no venimos desde estas líneas a proferir un estéril “ya lo dije yo”, ni siquiera aunque fuésemos uno de los primeros medios nacionales en hablarles de Cambridge Analytica en 2016 poco después del referéndum del Brexit. Por el contrario, nuestro principal objetivo es simplemente que sean todos ustedes conscientes de que ésta sigue siendo una amenaza muy real hoy por hoy, y que no se va a disipar fácilmente ni se va a conformar con el Brexit. Y más nos vale fijarnos “en cómo pelan las barbas del vecino”, porque en las islas británicas ya hablan abiertamente de que el "Break-shit” (“mierda de ruptura”, perdonen la expresión) ha armado el mayor escandalazo nacional en Reino Unido desde hace muchas décadas (si no algunos siglos), y que ha dejado su sistema socioeconómico a la altura del betún “dictapitalista” con el que se han dejado untar. A base de insuflarles con embudo hondanadas de propaganda, para su propio horror, muchos ingleses con valores democráticos asisten atónitos al sodomizante espectáculo de ver su gran país reducido a una simple “República Sausagera” (“salchichera” para los hispanohablantes). Y todo empezó con un referéndum, que en origen es algo siempre saludable democráticamente, pero que fue instrumentalizado como arma de guerra por otras superpotencias como ahora ha quedado plenamente demostrado.

Por eso, volviendo ya de nuevo a la Europa continental, respecto al tema de hoy de cómo afrontar la época post-Coronavirus, el pueblo europeo ha hablado, y los dirigentes tanto de Bruselas como nacionales en buena teoría democrática deberían plantearse llevar a un referéndum europeo la posibilidad de esa mayor integración europea, que ya ponen sobre la mesa las encuestas. Y es que esa mayor integración supone un tema de política mayor que afecta a todos los europeos, y que como buen demócrata creo que no debería hacerse sin el respaldo explícito de las urnas. Pero mucho cuidado, porque para nada estoy pensando en repetir el histórico error de Cameron en UK (que en realidad fue la gran oportunidad de los rusos), y cuando hablo de referéndum hablo de uno con garantías democráticas plenas, por lo que éste debería celebrase “si y sólo si” esta vez se puede garantizar que se van a evitar las injerencias externas, eliminar las nóminas rusas, y que sea el verdadero espíritu democrático el que se imponga con las urnas. Y oigan, una vez se pueda demostrar que las elecciones han sido limpias y transparentes, pues habrá que aceptar elegantemente el resultado, sea una mayor integración o sea quedarnos como estamos.

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Y respecto a esas terceras superpotencias que, en vez de dejar que los Europeos se salgan con la suya con su “más Europa”, sólo tratan de que no queden ni los huesos de ella, hay que decir que en sus abismales e incontestables carencias está nuestra gran fortaleza. Nunca antes los demócratas europeos tuvimos en mayor medida la gran responsabilidad de hacernos más activistas para defender nuestras socioeconomías y valores democráticos, y debemos empezar a hacerlo informándonos correctamente y con espíritu crítico, y no difundiendo sonrrojantes bulos. Y no bajen la guardia, porque todo apunta a que, una vez haya caído definitivamente Reino Unido (si acaba por caer más bajo), el próximo objetivo a derribar en Europa es muy probable que sea esa España tan férreamente europeísta: todo un llamativo señuelo que a buen seguro atrae poderosamente la atención de los ciber-estrategas sociales. El modelo europeo no les interesa que exista, pues nuestras décadas ininterrumpidas de progreso y libertades, aunque siempre mejorables, ponen en bochornosa evidencia las abismales fallas de sus propios sistemas: al vernos vivir en libertad y con gran calidad de vida y bienestar, sus ciudadanos podrían no estar dejando de preguntarse, ¿Y nosotros por qué no? Por eso, el objetivo a derribar es ahora más que nunca nuestra Europa. Mejorémosla democráticamente entre todos para hacerla más fuerte: en conjunto, somos la primera potencia mundial, y no necesitamos ser paganos vasallos de ningún régimen, especialmente si además es totalmente ajeno a nuestros valores más nativos. Podemos perfectamente seguir nuestro camino en solitario a partir de este punto, y tenemos un largo camino que recorrer por delante...

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