Por qué los monos son mejores en bolsa que los expertos y qué nos enseña eso

Por qué los monos son mejores en bolsa que los expertos y qué nos enseña eso
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HOY SE HABLA DE

Hace unas semanas, hablé de consejos de inversión poco habituales y uno de ellos llamó bastante la atención: el hecho de que un puñado de monos, eligiendo valores al azar, superaba en rentabilidad a expertos en bolsa y batía al mercado de manera consistente, mejorando a su índice de referencia.

Así que, quizá, la moraleja era comportarnos como monos que lanzan dardos con los ojos vendados a la hora de invertir.

Creo que sobra decir que esto no constituye un asesoramiento de ninguna clase, ni consejos de bolsa a seguir, más bien al contrario. Pero como esto es Internet, al final hay que decirlo.

Lo cierto es que es un experimento que, a pesar de que otros estudios consideren que, «probablemente», es mejor confiar en un asesor a la hora de invertir, se ha replicado varias veces con éxito, aunque parezca increíble.

Por eso, hoy vamos a ver con más detalle por qué ocurre el fenómeno de los monos.

No voy a meterme en teorías de Mercado Eficiente, ni en números complejos, mi intención una explicación sencilla, porque me parece interesante e ilustrativo.

Los monos son mejores en bolsa que los expertos por una cuestión matemática

Por qué los monos son mejores invirtiendo en bolsa que los expertos

El origen de este curioso hecho se remonta a 1973 y la publicación del libro A random walk down Wall Street, del profesor Burton Malkiel, de la Universidad de Princeton. En esas páginas encontramos la afirmación de los monos y también la explicación, que poco tiene que ver con la sabiduría y mucho con las matemáticas y el funcionamiento de la bolsa de valores.

La tesis principal de Malkiel en su libro es que nadie es capaz de predecir, de manera consistente en el tiempo, si una acción subirá o bajará en el futuro.

Esa es la realidad y no importan los análisis técnicos o cualquier otro método que empleemos para tratar de adivinar el futuro. Los hay desde muy sesudos a otros que parecen el horóscopo, pero lo único que sabemos del mercado de valores en general, según Malkiel, es que tiende a subir a largo plazo.

No importa si hay un crash eventual o si pasa por tiempos de crisis, cuando miras a 10, 15 o 20 años, la única (casi) certeza es una tendencia media ascendente del mercado.

De esa manera, lo que habría que hacer para invertir de manera rentable de acuerdo a las tesis de Malkiel es:

  1. Escoger un fondo de bajas comisiones.
  2. Que no discrimine entre «ganadores» y «perdedores». Es decir, los monos eligiendo al azar sin dar más o menos peso a ciertos valores concretos dentro del fondo.
  3. Mantenerlo pasivamente en el tiempo, para aprovechar lo único que sabemos del mercado a ciencia cierta: que a medio y largo plazo marca una tendencia general ascendente.

Y aquí viene la clave que hace que la rentabilidad porcentual de los monos sea superior a la de muchos expertos, o a la del índice bursátil de referencia (IBEX, S&P500, etc.). El hecho de que, si no discrimino y elijo inversiones al azar, la mayoría de valores serán de pequeña capitalización.

Es decir, valores de empresas que suelen estar por debajo de las que más capitalización total tienen en el mercado.

Gráfico de valor en bolsa de una acción

Como no discrimino en ningún sentido con la azarosa «Estrategia de los monos», esos valores de pequeña capitalización tienen el mismo peso en mi portfolio que los de gran capitalización, y esa es la otra pieza clave.

Normalmente, esto no es así. Uno se suele ver tentado a meter más dinero en un valor blue chip de gran empresa y que este tenga más peso en la cartera, pero nuestros monos no, no discriminan y distribuyen su dinero igualmente entre los valores.

Y aquí cerramos el círculo, esos valores pequeños suelen tender a una mayor rentabilidad que los grandes.

Esto se debe a que, por norma general, es más fácil crecer en términos relativos cuando eres pequeño.

Para quien vale 100, crecer un 10% es conseguir 10 más, para quien vale 10000, implica conseguir 1000 más, cosa que puede ser complicada, especialmente si ya vienes de crecimientos elevados anteriores. Esta es la cruz que cargan a cuestas muchas grandes tecnológicas, por ejemplo, que se ven obligadas a superar beneficios astronómicos anteriores y previsiones desorbitadas de «expertos» y analistas, si no quieren ver caer sus acciones.

De ahí, el meterse en una espiral de crecimiento de beneficios a toda costa, incluso la de matar a la gallina de los huevos de oro.

Por eso, en carteras de igual peso entre valores, donde estos son de pequeña capitalización en su mayoría (fenómeno esperable eligiendo al azar, ya que la mayoría de empresas no son Apple), la rentabilidad suele ser mayor, porque el índice bursátil de referencia representa a las empresas en proporción a su tamaño. Por tanto, está dominado por compañías grandes en el cálculo.

A pesar de eso, no es oro todo lo que reluce

La estrategia de los monos no siempre es buena

Resumamos la magia de los monos al invertir en sus tres componentes clave:

  • Al elegir al azar, mi cartera está formada en su mayoría por valores de empresas «pequeñas».
  • Cuando eres pequeño, es más fácil crecer porcentualmente si te va bien.
  • Por tanto, ese portfolio diversificado de los monos suele batir al índice de referencia del mercado y a expertos que no suelen apostar por este tipo de estrategias.

¿La otra cara de la moneda de los monos? El riesgo en valores pequeños también es mayor.

Es más difícil que se rompa una Iberdrola que una empresa de menor tamaño, así que una cartera o un fondo de pequeños valores poco diversificada, y especialmente si son escasos en número, puede dar disgustos gordos.

Como referencia, experimentos que tratan de replicar el resultado de los primates cogen al menos unos 30 valores para su cartera imaginaria y van viendo su rentabilidad año a año durante un periodo largo. Con un pequeño puñado de empresas pequeñas, nos estrellaremos.

Que riesgo y beneficio van de la mano parece otra de las pocas verdades inamovibles que hay en economía.

Es indudable que esto le quita bastante mística al fenómeno y que, psicológicamente, puede ser aterrador asignar en nuestra cartera el mismo peso a Amazon que a Frutas Pepito, que resulta que cotiza en el mercado y ni lo sabíamos, pero el dardo que lanzamos para elegir valores cayó ahí.

Muchos gestores de fondos e inversores conocen la cuestión de los monos y sus motivos. De hecho, algunos estudios, para sorpresa propia, se han encontrado con un buen porcentaje de gestores de fondo que asignan el mismo peso a los valores dentro de su estrategia de diversificación.

Del mismo modo, hay quien propone que se realice un índice de referencia así, con pesos iguales de todos los valores del mercado. O, al menos, tenerlo como indicador clave complementario al índice de referencia tradicional, a fin de tener una idea más completa de su desempeño real en el tiempo.

O a fin de que, como titula el informe de S&P Global enlazado en el párrafo anterior, se le suba a los monos el listón a batir con su estrategia aleatoria. Supongo que muchos expertos en bolsa deben estar cansados de que la frase sea cierta.

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