Raúl, agricultor de 22 años: "Empecé de cero y ya tengo 50 hectáreas, pero lo que más me gusta es trabajar 15 horas en el tractor"

Raúl García Vidal ha conseguido levantar prácticamente de la nada 'PenyaFresh', una empresa hortofrutícola

Raúl, un agricultor de 22 años: "Empecé de cero y ya tenemos 50 hectáreas, pero lo que más me gusta es trabajar 15 horas en el tractor"
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
redaccion

Redacción El Blog Salmón

Editor
redaccion

Redacción El Blog Salmón

Editor

Con 22 años, el alicantino Raúl García Vidal ha levantado en el municipio de La Romana la firma hortofrutícola PenyaFresh, una compañía que ya gestiona más de 50 hectáreas de cultivo entre su localidad natal y Aspe. Sin antecedentes familiares en la producción profesional, se independizó a los 17 años arrendando una finca mínima para sembrar pimientos y berenjenas en solitario. "Empecé con una hectárea. Cosechaba por la madrugada para poder vender en Mercalicante a las nueve de la mañana. Lo hacía prácticamente todo solo", recuerda el productor.

El contexto. En apenas tres campañas, la explotación inicial se ha expandido hasta comercializar fruta y verdura en mercados nacionales e internacionales, al tiempo que introducía una segunda vía de negocio: la prestación de servicios agrícolas a terceros. Esta división permite mantener la actividad en los meses de invierno, amortizar la maquinaria y ofrecer empleo estable todo el año a una plantilla que esquiva la estacionalidad habitual del campo. Reconocido con el Premio Joven Agricultor 2025 de ASAJA Alicante, Raúl admite que su ambición empresarial no ha mermado el apego al terreno. "Me puse por mi cuenta porque a mí lo que me gustaba de verdad era montarme en el tractor y estar 15 o 16 horas encima", asegura.

El dilema demográfico y el papel de la fuerza laboral extranjera

Más allá de la expansión operativa, la vivencia de este joven alicantino expone la grieta más profunda del entorno agrario: la paulatina deserción de la mano de obra autóctona en los trabajos de recogida y labranza. Ante la dificultad recurrente para contratar peones en el ámbito local, la viabilidad de las cosechas depende hoy de forma directa del colectivo migrante. Raúl sintetiza el escenario sin rodeos conceptuales: "Los españoles no quieren trabajar en el campo, y si no fuera por los inmigrantes, esto no funcionaría".

El diagnóstico encaja con la radiografía macroeconómica española. Aunque el mercado nacional supera los 22 millones de ocupados de forma histórica según la EPA, el dinamismo se concentra en actividades de menor valor añadido mientras persisten decenas de miles de vacantes sin cubrir en empleos con alta exigencia física. De hecho, el 80% del empleo neto creadoen los últimos ejercicios ha sido cubierto por trabajadores extranjeros, una realidad que sostiene la actividad hortofrutícola frente al riesgo de despoblación y abandono de tierras.

Profesionalización y escala para frenar la precariedad

Para fidelizar a esta plantilla y elevar el rendimiento de las explotaciones, el sector se enfrenta al reto de estructurar planes de formación técnica que transformen al peón eventual en un operario cualificado. Sin esa capacitación, ni los incentivos al relevo generacional de la PAC logran asentar proyectos duraderos. El fundador de PenyaFresh apunta directamente a este déficit estructural: "Otro de los problemas que vemos es que falta mucha profesionalización en el sector".

El trasfondo. La profesionalización requiere además ganar volumen financiero para asumir los costes laborales fijos y la carga normativa que asfixia a la mediana explotación agrícola. La escala no solo abarata la compra de insumos, sino que permite absorber salarios especializados y mantener empleos dignos sin destruir márgenes. Como advierte Raúl al comparar la capacidad de las grandes corporaciones frente al productor pequeño: "Cuando tienes un mayor tamaño accedes a mejores mercados y compras más barato porque adquieres por camiones en vez de por palés y, lógicamente, el precio baja. Además, al tener una empresa con departamentos y personas especializadas en cada área, esos sueldos se asumen mejor".

Y ahora qué. La experiencia de PenyaFresh evidencia que la reestructuración del trabajo rural no se resolverá únicamente con subsidios de primera instalación, sino con modelos empresariales estables capaces de retener talento y dignificar la labor agrícola. La gran pregunta es si el sector primario logrará acelerar su mecanización e integrar de forma ordenada a la fuerza laboral migrante antes de que la falta de relevo fuerce la concentración acelerada de tierras. El tiempo nos lo dirá.

Imagen | PenyaFresh

Inicio