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La burbuja oficinista

La burbuja oficinista
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Lo que escribo a continuación es fruto de mi experiencia directa y cotidiana, de la observación de mi entorno, y no de un sesudo estudio al respecto. Vaya por delante y, junto con esta advertencia a navegantes, mi reconocimiento ya expresado alguna vez en estas páginas de no ser en absoluto un experto en la materia, sino simplemente un aprendiz y un comentarista más, con una opinión propia tan válida o respetable como la de cualquier otro.

Hecho el aviso, lanzo la pregunta: ¿hay una burbuja inmobiliaria en el mercado de oficinas? No acabo de entender lo que ocurre en ciudades como por ejemplo Sevilla, en la que los últimos años han visto como proliferaban los complejos de negocios por doquier, algunos tan importantes como el que existe en Torneo, donde se están construyendo, literalmente, docenas de los más modernos edificios junto con todo tipo de servicios complementarios. Mi primer pensamiento cuando vi cómo comenzaban a aparecer estos macro-parques empresariales fue "¿hay empresas para tanta oficina?" Y aparentemente las había, pues poco a poco los edificios se van poblando. Al menos estos que comento. Pero la mayoría de edificios construidos en otras ubicaciones menos privilegiadas y publicitadas llevan dos años con el cartel "se vende / se alquila" puesto y no parece que se vayan poblando. En su momento, las primeras oficinas sobre plano eran relativamente baratas y se vendieron como "una inversión segura", pero las últimas se han ido vendiendo a razón de veintitantos millones de las antiguas pesetas por modulitos de cuarenta metros cuadrados, lo cual a mi humilde juicio es, como poco, excesivo.

Y claro, el que arrastra una hipoteca de 800 euros por su oficina aspira a cobrar al menos lo mismo por el alquiler, con lo cuál nos encontramos con un exceso de oferta (hay un gran número de oficinas vacías) y sin ambargo los precios no acaban de bajar. Por otra parte, y en lo que respecta a los centros que sí han tenido éxito, hay un cierto porcentaje de empresas establecidas que son de reciente creación, pero un gran número de los inquilinos lo conforman empresas que tenían sus oficinas en el centro, en edificios antiguos, y se han mudado a entornos nuevos y mejor equipados dejando sus viejas oficinas vacías. Los dueños de estas viejas oficinas no parecen arrastrar hipotecas, y sin embargo el precio de las oficinas vacías en el centro tampoco baja para que las empresas más pequeñas o que están empezando puedan acceder a un alojamiento barato. De nuevo, parece que la lógica de mercado, la inercia que hace que un exceso de oferta provoque una bajada de precios, está encontrando una fuerte inercia que sólo soy capaz de atribuir a la burbuja inmobiliaria y al excesivo valor apreciado en el suelo y el ladrillo. ¿Burbuja oficinista? En mi opinión, sí. La consecuencia lógica debería ser que en algún momento los dueños que no consiguen colocar su producto acaben reduciendo precios, pero cuando pulsas el mercado no parece que eso esté ocurriendo ni vaya a ocurrir próximamente. ¿Que opináis vosotros?

En El Blog Samón | Así explotará la burbuja inmobiliaria, Llanera, la primera inmobiliaria en quebrar

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