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Síntomas de la desaceleración... La producción y exportación de coches retrocede en España

Síntomas de la desaceleración... La producción y exportación de coches retrocede en España
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La desaceleración de la economía española se empieza a notar en uno de los sectores más importantes que componen el PIB, el sector del automóvil. Y es que la producción de vehículos en España cerró en 2018 en 2.819.565 vehículos, lo que se traduce en una disminución del 1,01% frente al año anterior, firmando el segundo año en el que los datos de producción y exportación se deterioran.

Produccion

Hay que tener siempre muy presente el sector del automóvil español porque emplea directa e indirectamente alrededor de 2 millones de familias, representa el 18% de las exportaciones totales del país, y su contribución al PIB se acerca al 10%. Además, España ocupa el segundo lugar como fabricante de vehículos en Europa (el primero es Alemania) y el octavo a escala mundial.

Los vientos que soplan de Europa arrastran al sector del automóvil español

Los vehículos que producimos se dirigen al mercado europeo principalmente y, debido a la fuerte desaceleración que está viviendo Europa, el sector del automóvil se ha visto perjudicado y en los últimos 4 meses las fábricas españolas han debido adaptarse a los nuevos volúmenes de producción puntos, por ello que en el mes de diciembre se ha registrado una caída del 16,1% en la producción hasta alcanzar los 146.395 vehículos.

Si nuestros socios comerciales lo pasan mal, debido a que el sector de la automoción español está esencialmente vinculado al dinamismo de nuestros socios, se produce un efecto dominó generalizado que termina impactando a las fábricas españolas.

Las exportaciones de los vehículos españoles se han reducido un 0,6% en el año anterior hasta alcanzar la cifra de 2.304.418 vehículos. Si nos fijamos específicamente en el mes de diciembre, la exportación de vehículos producidos en España vio un retroceso del 13,6% hasta alcanzar la cifra de 121.175 vehículos, en correlación a lo sucedido en los mercados europeos que vieron una caída del 8,4%.

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Examinando nuestros cuatro socios comerciales principales destinos de exportación, únicamente Francia ha cerrado el año con un crecimiento de las ventas del 3%. Las matriculaciones en Alemania han caído un 0,2% en el último año, la demanda en Italia ha caído un 3,1% y el peor caso de todos lo encontramos en el Reino Unido, con un hundimiento del 7%.

Si contemplamos el mercado europeo en su conjunto, el crecimiento las matriculaciones fue de un 0,1% y, del mismo modo que hemos visto en España, en los últimos 4 meses se ha producido un deterioro en las matriculaciones.

También hay que mencionar el mercado turco qué es otro de los grandes destinos de la producción de vehículos españoles. Turquía ha sufrido duramente con la caída de la lira turca y su propia crisis qué ha llegado una caída del 35% de las matriculaciones con lo que hundió las importaciones del vehículo español en un 40%.

La normativa del diésel influye negativamente

También hay que hacer una especial mención a lo que se refiere a la nueva normativa de emisiones de gases contaminantes y las dificultades que han tenido las fábricas para adaptarse con los correspondientes motores homologados según estas nuevas condiciones.

Durante el año pasado vimos distorsiones del mercado causadas por la introducción en la UE del régimen de pruebas WLTP. Los fabricantes de automóviles inundaron el mercado con autos para liquidar las existencias antes de la introducción del WLTP el 1 de septiembre, lo que provocó que las ventas de agosto aumentaran en un 49%, pero provocaron caídas en los meses siguientes.

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Actualmente el consumidor se encuentra sumergido en una gran confusión sobre la cuestión que coche comprar y por lo tanto está retrasando su decisión de compra final. A ello se le une el cambio de preferencias de los consumidores, que hoy son más favorables a la gasolina frente al diésel.

Si nos ponemos en antecedentes, el reciente declive del diésel se puede remontar al escándalo del Grupo Volkswagen a finales de 2015, cuando se supo que la empresa había estado engañando a los reguladores y engañando a los compradores mediante el uso de software para suprimir las emisiones de los automóviles que quemaron el combustible durante las pruebas.

La participación de diésel en los registros en España se ha desplomado hasta el 32%, la más baja en al menos ocho años, según la Asociación Española del Automóvil. Mientras que, la participación de la gasolina en los registros en el país se duplicó en los últimos cinco años hasta alcanzar el 59,4%.

En Alemania, las ventas diésel cayeron a su nivel más bajo desde al menos 2009 el año pasado, representando aproximadamente un tercio de las inscripciones el año pasado, en comparación con casi la mitad en 2015, según datos de la Oficina Federal de Vehículos Motorizados.

Al igual que las variaciones normativas, el vuelco en las preferencias de compra de motores de gasolina respecto de diésel tiene incidencia para las fábricas, que necesitan un tiempo para hacer este cambio.

El sector del automóvil en medio de la guerra comercial

España se beneficia del mercado único de la Unión Europea ya que el mercado europeo adquiere el 90% de los coches exportados. No obstante, es relevante el contexto internacional de guerra comercial que está inquietando al sector automovilístico por su impacto en la cadena de suministro.

De hecho, en enero, la Comisión Europea ha impuesto aranceles definitivos del 25% a las importaciones de 26 categorías de productos de acero de terceros cuando superen un nivel determinado.

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El objetivo es apoyar a los productores europeos y frenar el potencial desvío de exportaciones de productos acerísticos al mercado europeo a consecuencia de la implantación del arancel del 25% al acero impuesto por la Administración de Donald Trump. En otras palabras, si el acero viene a Europa hunde los precios de los fabricantes europeos.

Para el sector del automóvil europeo, esta medida afecta claramente a su competitividad ya sea desde el punto de vista del acceso al acero y el eventual efecto inflacionista que tendrá en los precios del mercado europeo debido a que el grupo de productores de la UE se está reduciendo y la escasa capacidad del acero para automóviles se está volviendo cada vez más limitada.

Desde julio del año pasado tanto el ejecutivo comunitario como la administración estadounidense pactaron el punto del final de la disputa comercial abierta entre ambas partes para dar inicio a conversaciones sectoriales. Dentro de estas conversaciones la Comisión Europea ha advertido que la imposición de aranceles adicionales al sector europeo del automóvil supondría la suspensión de toda la negociación al resto de sectores.

No es casualidad que el sector del automóvil europeo sea una línea roja en las negociaciones, los datos hablan por sí mismos: El sector emplea a 13,3 millones de personas, o el 6,1% de la población ocupada de la UE, trabajan directa e indirectamente en el sector. El sector también es un impulsor clave del conocimiento y la innovación, que representa el mayor contribuyente privado de Europa al I+D, con 54.000 millones de euros invertidos anualmente. Y la industria del automóvil genera un superávit comercial de 90.300 millones para la UE.

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