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La restricción de libertades se debe emprender solo si existen motivos razonables

La restricción de libertades se debe emprender solo si existen motivos razonables
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Hace unos días escribí acerca de la polémica medida del gobierno referida al ahorro de combustible mediante limitación de velocidad y argumenté que dicha medida significaba una coacción a la libertad del individuo. Después de leer muchos comentarios al respecto se me ocurrió que podía ser interesante plantear la relación inversa entre libertad e igualdad existente en el plano económico, aunque en este caso particular el gobierno haya restringido libertad sin beneficiar la igualdad.

Algunos podrían pensar que este análisis no corresponde a la doctrina económica, sino que más bien correspondería a la filosófica. Pero quiero aclarar que en mi opinión esto es un error. En realidad economía y filosofía están bastante relacionadas. No se puede entender ni establecer un sistema económico sin tener presente el modo de pensar de los individuos.

Dicho esto, existen dos conceptos asociados a libertad e igualdad en economía, que son eficiencia y equidad:

  • Eficiencia se asocia a libertad a raíz del pensamiento de los economistas clásicos, que eran partidarios de los mercados libres no regulados y de la máxima libertad individual, pues pensaban que de esta manera se alcanzaría la máxima eficiencia. Hoy sabemos que no es tan sencillo alcanzar la máxima eficiencia o el también llamado óptimo paretiano.
  • Y equidad se asemeja a igualdad sin llegar a ser lo mismo. La equidad introduce un principio de justicia en lo referido a la distribución de la renta, reduciendo diferencias. Supone una manifestación de solidaridad entre individuos, lo cual crea una importante mejora en el bienestar general de la sociedad debido al marginalismo (la utilidad marginal de la renta de un individuo es mayor cuanto menor renta posee).

El problema es que existe un conflicto entre ambos objetivos: no se puede alcanzar la máxima eficiencia a la vez que la máxima equidad, porque ésta última implica obstáculos para la primera. Es decir, un avance en la equidad supone una reducción en la eficiencia. Esto es así precisamente por el marginalismo: el individuo percibe un desincentivo cuando ve que trabajando más o mejor su ingreso marginal va en disminución, porque cada vez más parte de su renta se redistribuye hacia otro.

En definitiva, lo que ocurre es que no está definido científicamente cual es el grado óptimo de combinación eficiencia-equidad. El nivel de equilibrio entre estos dos conceptos económicos tiene un fuerte carácter subjetivo.

No obstante, algo sí que tenemos claro, y es que los extremos no son una buena posición. El capitalismo sin regulación crea abusos de ciertos agentes sociales sobre el resto. Un ejemplo lo tenemos en la crisis financiera internacional que padecemos actualmente y que nos ha dilucidado la necesidad de intervención y regulación en los mercados.

Y por supuesto el comunismo (todos iguales) tampoco nos lleva a una situación deseable. No tenemos nada más que analizar la historia del siglo XX en Europa hasta la caída del Muro de Berlín, cuando mejor se comprobaron las deficiencias de este sistema económico. O mirar también cual es el estado actual de los países que mantienen el comunismo, como es el caso de China o de Corea del Norte, países con enormes desigualdades.

Por todo esto, con mi opinión quería expresar mi consentimiento en la realización de políticas restrictivas de libertad siempre que persigamos una mayor equidad a expensas de cierta eficiencia. Lo que no debemos permitir es que se aprueben medidas contra la libertad y la eficiencia porque a un gobierno se le ocurran políticas milagrosas que ni alcanzan esos milagros ni alcanzan una mayor equidad.

En El Blog Salmón | ¿Adónde vamos con esta política económica?
Imagen | Stefano Bussolon

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