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Haciendo cuentas: ¿Está en peligro nuestro modelo de pensiones y seguridad social?

Haciendo cuentas: ¿Está en peligro nuestro modelo de pensiones y seguridad social?
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Hace unos meses, defendimos una idea que mucha gente despreciaría como una extravagancia sin sentido: que existe una gran mentira tras la cacareada crisis del “sistema de pensiones”, y es que no existe ningún sistema de pensiones.

Según nuestro análisis las contribuciones son, a la postre, un impuesto (como cualquier otro) y las pensiones un gasto (como cualquier otro) del presupuesto del Estado. Vincular ese ingreso con ese gasto es una simple ilusión contable sin impacto alguno sobre la solvencia del agente que maneja esas cuentas: el sector público estatal.

Es decir, el “sistema” de pensiones no puede entrar en crisis, ni quebrar, ni ser insostenible. Es el Estado el que tiene que asegurarse seguir siendo solvente y ajustar sus gastos, entre ellos las pensiones, a lo que pueda permitirse.

A pesar de que la forma estándar de evaluar las pensiones continúa siendo la de ver a la Seguridad Social como una entidad independiente que, por alguna razón nunca explicada, debe sostenerse por sí misma existen cada vez más ejemplos de economistas cercanos a los grandes partidos que empiezan a analizarlo de otra manera.

El enfoque está cambiando

Recientemente esta idea tan peregrina ha recibido el sorprendente (y seguramente involuntario) apoyo del economista Jesús Fernández-Villaverde, de la Universidad de Pensilvania. Su artículo de la semana pasada en el blog Nada es Gratis hace un análisis de sostenibilidad del presupuesto público en el que afirma que:

“El gasto se lo comen cinco partidas: pensiones, sueldos de funcionarios, sanidad, educación (estas dos últimas netas del gasto de funcionarios) y prestaciones de desempleo.”

Vamos avanzando: incluso para un economista fuertemente ortodoxo, las pensiones ya no son el pasivo de un sistema imaginario que debe auto-financiarse, sino que forman parte de los gastos comunes del Estado.

Na vamos a hacer aquí hoy un análisis en profundidad del artículo del profesor Fernández-Villaverde, sino que queremos mostrar cómo Japón está desmintiendo las apocalípticas predicciones de los agoreros del envejecimiento demográfico. Predicciones que van siempre ligadas a una conclusión inevitable: se avecina una catástrofe económica, las pensiones son insostenibles, y habrá que reformar el sistema.

Aterrizaje suave del envejecimiento en Japón

Japan Evolución del PIB y el PIB per cápita en términos constantes en Japón: 1994-2014

En primer lugar, como ya explicaba Frances Coppola en 2014, a pesar de tener la mayor deuda sobre PIB del mundo, Japón no sufre una quiebra de sus cuentas públicas por dos importantes razones:

Por un lado, la mayor parte de la deuda japonesa estaba en manos de ahorradores nacionales y eso unido a las grandes reservas y activos del sector público japonés hacen que su posición financiera neta sea en realidad mucho mejor de lo que las cifras (brutas) de deuda dan a entender.

En segundo lugar, su banco central está dispuesto a comprar toda la deuda que haga falta. En un país con un problema de deflación y una población envejeciendo, la mayor preocupación de poner la impresora en modo automático, que podría ser una inflación descontrolada, no existe.

El Banco Central de Japón de hecho ha ido más allá y está comprando otros activos en los que se encuentran los ahorros de los ancianos japoneses. Tal y como decía Coppola, el sector público japonés va monetizando los activos a medida que los ancianos que los acumularon "desahorran" y necesitan convertirlos en moneda para gastar.

Dinámicas favorables entre envejecimiento y economía

Cuando se pone el grito en el cielo sobre cómo el envejecimiento de la población puede afectar al PIB de un país y ralentizar su economía, no se tiene en cuenta que las dinámicas poblacionales también pueden favorecer su nivel de vida. En Japón, una población envejecida ha paralizado el incremento poblacional y todo crecimiento del PIB se transmite como aumento del PIB per cápita.

Los movimientos de ambas variables son casi miméticos. Si indexamos ambas medidas a 100 en el año 2000, tenemos que en 2014 el PIB japonés había subido un 11% hasta 111 mientras que su PIB per cápita había ascendido de forma casi idéntica hasta 110.69.

Así pues, mientras la tasa de dependencia demográfica (1) de Japón se ha más que duplicado de 20% a 42% entre 1994 y 2014, su PIB ha logrado crecer un 18% y el PIB per cápita casi un 16% (15,89%). A pesar de tener la segunda mayor edad mediana del mundo con 46,5 años (igual que Alemania) sólo superada por Mónaco, y con un crecimiento poblacional negativo, no se puede decir que la transición demográfica esté causando estragos al país.

Qué implica todo esto para España y su modelo

Por supuesto el caso nipón es muy distinto del español. Japón es un país con soberanía monetaria que apenas acepta inmigrantes y tiene un sistema público de pensiones mucho menos generoso, donde la gente continúa trabajando hasta bien entrada en la vejez.

Por otro lado España no ha alcanzado la madurez económica de Japón al entrar en su transición demográfica. Aún así, de su experiencia podemos podemos extraer varias conclusiones que contradicen la sabiduría convencional sobre la sostenibilidad de las pensiones.

Primero, el caso de Japón muestra que la transición demográfica hacia una situación de baja natalidad y baja mortalidad no causa necesariamente grandes estragos económicos.

Segundo, si el país genera la misma cantidad de riqueza per cápita, continuar pagando las pensiones a las personas que alcanzan edades de jubilación no es una cuestión de sostenibilidad, sino de distribución. Simplificando, la producción está ahí, la cuestión es en manos de quién.

Finalmente, si una fuerza de trabajo menguante es capaz de crear la misma riqueza por persona, no tiene sentido vincular el pago de las pensiones al cobro de un impuesto sobre el trabajo como son las cotizaciones.

Máxime cuando los salarios no crecen, lo cual quiere decir que la mayor riqueza que se genera con menor trabajo está en otras rentas. Habrá que identificar y fiscalizar esos otros flujos de riqueza que están sustituyendo a la gran masa salarial que venía siendo la principal fuente de ingresos de los presupuestos públicos.

Salarios Coste laboral medio desestacionalizado en España 2000-2015.

(1) Habitantes mayores de 65 años divididos por los habitantes entre 15 y 65 años de edad.

Fotografía: La película "Balada de Narayama" (1953) refleja la práctica del Ubasute en el Japón pre-moderno: abandonar a los ancianos en la montaña cuando se convertían en una carga.

Imágenes | Shochiku, Federal Reserve Bank of St. Louis, INE

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