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El cementerio de las marcas

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Lo siento por sus fans, pero Tarzán me ha parecido siempre un peñazo. Soporífero, reiterativo, con un héroe simplón, etc. Fui incapaz, cuando era un crío, de verle el más mínimo atisbo de interés, tanto en las versiones en Blanco y Negro, como más tarde con las nuevas en color o en animación. Que esperar de un héroe al que Chita se lo merendaba vivo cada vez que compartían plano. No, definitivamente el rollo del buen salvaje no me va.

Pero he de reconocer que había una secuencia que si que me atrajo. Lamentablemente no he logrado encontrarla en la red, con mis recuerdos. Estoy hablando del Cementerio de los Elefantes, ese lugar donde, con una impresionante dignidad, iban a dejarse morir los paquidermos. Aquellos planos lograban pellizcarme algo muy dentro. Que le vamos a hacer, uno se emociona con cosas muy raras.

Pues bien, al igual que ocurría con estos prodigios de la naturaleza, hoy en día hay quien ha encontrado su negocio en la explotación de los cementerios de las grandes marcas. Empresas como River West están especializadas en adquirir marcas históricas, de profundo prestigio, cargadas de fuertes connotaciones positivas. No buscan comprar empresas en crisis, no. Una vez las empresas han desaparecido, una vez solo queda la marca como un esqueleto mondo y lirondo, River West se hace con ella, y a través suyo, con sus valores e ideales. Y a continuación, la empresa, como un moderno Viktor Frankenstein (recomendaros la lectura del original de Shelley, es fabuloso) le insufla de nuevo vida, la vuelvo a sacar el mercado.

Es una clara demostración de la importancia de las ideas, de los símbolos, sobre lo material, sobre lo físico. Es mucho más sencillo lanzar un nuevo producto así, bajo el paraguas de una vieja marca, abandonada pero no olvidada, que crear el atractivo de una nueva marca en la mente del consumidor. Si bien era algo que había visto individualmente en algunos empresas, que adquirían determinadas marcas para lanzar una nueva linea, lo que no había visto hasta el momento era que una empresa hiciese de esta práctica su objeto social.

No se que os parecerá. En mi luchan dos sentimientos, por un lado, al igual que ocurría con los elefantes me gustaría que las dejasen descansar en paz, a ellas y los recuerdos de sus consumidores, que se esforzasen en crear ideas nuevas en vez de alimentarse de las fenecidas. Pero, por otro, entiendo que estamos ante el negocio de la nostalgia, y que si se hace con dignidad y respeto, hacia la vieja marca y los consumidores, otros podrán disfrutar de la magia que evocan esas viejas marcas. Y negarse a ello no puede calificarse más que de egoísta.

Vía | Unusual Businesses Ideas That Work

En El Blog Salmón | ¿Es más barato reestablecer una marca vieja o establecer una nueva?

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