Michael Burry 'The big short' apuesta al máximo contra Tesla, la bajada de Bitcoin es la mejor noticia para él y contra Elon Musk

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En el mundo financiero hay inversores a los que les birlan continuamente la cartera, inversores avispados que las ven venir, inversores como Warren Buffett que optan por la sabia estrategia del largo plazo y las acciones “value”, y por último están esos inversores que parecen tener una bola de cristal, y que no es la primera vez que optan por salir o ir contra una acción en el momento más oportuno antes de su descalabro.

Michael Burry es uno de estos últimos, y ya demostró su visionaria capacidad de saber cuándo no hay que dejarse llevar por el sentir general, hay que apostar contra el mercado, y entonces ser capaz de sacar onerosos réditos de ir contracorriente y ser un “contrarian” en estado puro. Ahora el famoso inversor, que se hizo de oro anticipándose a la funesta crisis subprime, tiene muy clara una nueva estrategia “contrarian”, y es apostar contra Tesla. Y es que los movimientos del propio Elon Musk podrían estar revelando que puede que Burry lleve toda la razón al apostar contra su (por ahora) flamante compañía de vehículos eléctricos.

Michael Burry, ese visionario inversor que se hizo de oro sabiendo anticipar la crisis subprime en el momento álgido

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Como decíamos, Michael Burry ya se hizo muy famoso en el mundo financiero en el pasado, y fue uno de los pocos inversores y analistas que fue capaz de ver venir de lejos la burbuja inmobiliaria. Pero ya no es sólo eso, porque realmente en ver venir la burbuja inmobiliaria coincidió con algún que otro analista, de hecho un servidor mismo predicó su advenimiento en todos sus círculos personales y profesionales, con la única y sana intención de tratar que cuantos menos fuese posible de sus conocidos y amigos cayesen víctimas de lo que yo veía como un inevitable pinchazo inmobiliario de graves consecuencias socioeconómicas. Y dicho y (lamentablemente) hecho, y no pude salvar de los apuros económicos a todos mis conocidos, pero sí que al menos lo conseguí con algunos, lo cual me hace sentirme inmensamente gratificado a nivel personal: ninguna persona ni país merece una ruina socioeconómica, especialmente la que en muchos casos es evitable.

Pero Burry no sólo predijo el pinchazo de la burbuja inmobiliaria como un servidor u otros analistas, es que el visionario inversor acertó además de en el qué, también en el cómo y el cuándo. Efectivamente, el que suscribe por ejemplo es cierto que estuvo anticipando el pinchazo desde hacía varios trimestres hasta que la burbuja acabó por estallar: no es que no acertase, sino que desde estas líneas siempre predicamos que esas burbujas especulativas son altamente impredecibles en tiempo y forma, y la mejor forma de evitar que nos estallen en la cara es abstenerse de participar de ellas desde el principio. Pero Burry acertó también en el cómo iba a estallar la burbuja en la cara de los inversores y banqueros, y además también en el cuándo. Y no decimos esto sólo porque lo pudiese haber llegado a predicar ampliamente en entrevistas y declaraciones de la época: Burry estaba tan convencido de su vaticinio que además se jugó buena parte de su dinero, y puso sobre el tapete de juego su potencial ruina personal si la cosa le salía mal.

Así que el anticipativo Burry apostó fuertemente contra las hipotecas suprime en los mercados, y además acertó también en esa triple hora bruja por la que al qué y al cómo se añadió el cuándo. En el momento oportuno, Burry abrió sus posiciones cortas (bajistas) sobre esos siniestros y especulativos vehículos financieros que eran las explosivas hipotecas subprime. Con ello, Burry se posicionó fuertemente en el vehículo inmobiliario que se iba a estrellar. Lógicamente, y con el fatal desenlace que todos conocemos, este inversor se hizo de oro con el reventón de la temible burbuja cuyos estragos todavía estamos sintiendo a día de hoy, y siendo lo más lamentable de todo el asunto que por aquellos desmanes realmente no ha pagado (casi) ningún codicioso responsable de tamaño desastre. Su historia de éxito inversor fue inmortalizado por el famoso film “The Big Short”, que relató con todo lujo de detalles cómo el inversor apostó contra las subprime, y cómo tras ello ganó millones y millones con su apuesta.

De los “regulatory credits” a los beneficios no fabriles de Tesla, la bola de cristal podría estar diciendo que gallina de los huevos de oro puede dejar de poner…

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Pero ahora las estrategias “cortas” (bajistas) de Burry han posado su atenta y visionaria mirada sobre la afamada y admirada Tesla, la joya de la corona del imperio empresarial del muchas veces hasta idolatrado Elon Musk. Y la apuesta no es “pecata minuta” para nada: Burry, haciendo una vez más alarde de su determinación, ha optado por colocar en posiciones cortas sobre Tesla nada más y nada menos que la friolera de más de 530 millones de dólares. Como la cosa le salga mal, efectivamente va a perder un auténtico dineral o… tal vez a ganarlo (de nuevo).

Pero la pregunta oportuna, conociendo al polifacético pero visionario Burry, no puede ser otra que el porqué de su estrategia. Esto además es un sano ejercicio que coincide con las premisas más agnósticas de estas líneas, por las que no tomamos como axioma ni siquiera los movimientos de alguien como Burry, y que nos gusta juzgar con nuestro propio espíritu crítico las razones de otros: todo el mundo puede equivocarse, también alguien como Burry. Y además recuerden esa máxima de los mercados que es que “éxitos pasados no garantizan éxitos futuros”, y que efectivamente conlleva que el haber acertado en el pasado no implica que Burry vaya a acertar siempre. En todo caso, aquí no nos gusta equivocarnos en nuestras inversiones y análisis tan sólo trasponiendo los errores de otros, y si tenemos que equivocarnos (a todo el mundo le puede pasar), al menos nos gusta equivocarnos por nosotros mismos. Así que veamos qué y por qué Burry piensa lo que piensa.

Pues el tema es aquí donde se pone realmente interesante, y es que Burry publicó en un tuit citado en el enlace anterior la que podría ser su razón más sólida para haber optado por realizar una apuesta tan fuerte, tan contrarian, y tan decidida contra la emblemática Tesla. El tuit informaba la CNBC que ya está borrado desde hace días, lo que para un servidor no hace sino darle doble valor, al menos como posible fuente de información fiable sobre qué estaba pasando exactamente por la mente de Burry al abrir sus cortos sobre el fabricante líder de vehículos eléctricos. En su tuit Burry daba la que realmente puede ser su principal motivación, y es que decía que Tesla se apoyaba en los denominados “créditos regulatorios” como fuente de ingresos y beneficios empresariales.

La pregunta obvia que cruzará la mente de no pocos lectores será: ¿Y qué son esto de los “créditos regulatorios”? Pues bien, ya saben que aquí pocas veces les dejamos sin respuestas. Este concepto financiero-regulatorio es un vehículo por el cual, aquellos fabricantes que no alcanzan sus metas de reducción de emisiones con sus vehículos, para compensar su impacto sobre el calentamiento global, deben ir a adquirir en el mercado estos “créditos regulatorios”. Y obviamente, esos créditos buscan que la automovilística más contaminante compense con una menos contaminante sus excesos de dióxido de carbono. ¿Quién puede ser la compañía fabricante de automóviles más beneficiada por este tipo de mecanismo regulatorio contra el calentamiento global? Pues obviamente aquella que pueda aportar a este singular mercado de cero emisiones con sus vehículos. Sí, están pensado bien: Tesla. Y por tanto debía ser Tesla la automovilística más beneficiada en sus balances empresariales por estos “créditos regulatorios”.

Hasta aquí la cosa no pasaría de un mero análisis de Burry, y de refrendar dicho análisis jugándose parte de su patrimonio. Pero el tema ya pasa a mayores cuando nos ponemos realmente a analizar, ya no al propio Burry y sus motivaciones, sino a la propia Tesla y sus balances. El problema que vemos realmente ya no son los ingresos que Tesla está obteniendo a día de hoy por esta vía, sino su capacidad para seguir generando ingresos en un futuro cuando esta fuente de ingresos se agote. Y no es que estemos poniendo en duda para nada lo innovadora, disruptora y el futuro de Tesla como fabricante de automóviles, sino que lo que estamos poniendo en tela de juicio es tan sólo su viabilidad financiera hasta que ese futuro 100% eléctrico acabe por llegar, y si Tesla será capaz de sobrevivir financieramente en el mientras tanto en el caso de que los “créditos regulatorios” vayan dejando de nutrir de ingresos sus arcas empresariales.

Nunca hay que poner todos los huevos en la misma cesta… Ni encufarles a las compañías un trifásico que puede estar trucado

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El caso es hasta qué punto Tesla se puede estar haciendo dependiente de esta fuente de ingresos, y peor aún, qué estrategia empresarial supone fundamentarse en ellos de cara a los plazos más largos. Sobre lo primero simplemente decirles que a día de hoy Tesla es ya bastante dependiente de estos “créditos regulatorios”, hasta el punto de que sólo en el primer trimestre de 2021 Tesla declaró unos chocantes ingresos derivados de estos créditos por importe de nada más y nada menos que 518 millones de dólares. Casi nada. Va a ser que lo de la venta de coches eléctricos casi es lo de menos en las cifras de la compañía.

Pero antes les exponíamos no sólo la dependencia de Tesla de este “curioso” vehículo regulatorio, sino lo que es todavía más inquietante: ¿Cuál es realmente la estrategia de Tesla en el largo plazo? Porque lo de los “créditos regulatorios” estarán de acuerdo es que tan sólo es una fuente de ingresos mayormente coyuntural, y que simplemente permitirá monetizar durante algún tiempo el liderazgo de Tesla en tecnologías automovilísticas limpias. Indudablemente, conforme su competencia vaya haciendo sus propios progresos en estas tecnologías, el mercado de los “créditos regulatorios” se irá viniendo abajo, puesto que ya nadie o casi nadie necesitará recurrir a esta forma de compensar su exceso de emisiones.

¿Y qué hará entonces Tesla? La encrucijada es doble para la compañía de Musk, puesto que esa merma sustancial de ingresos vendrá acompañada en el mercado automovilístico por una competencia que ya le habrá alcanzado en el desarrollo de sus tecnologías limpias, y por lo tanto el liderazgo eléctrico de Tesla podría estar ya más en entredicho que nunca antes, puesto que muchos otros fabricantes de automóviles ya tendrán vehículos equiparables a los de Tesla. ¿Serán los balances de Tesla capaces de resistir financieramente esa merma de ingresos y esa menor proyección de su cuota de mercado a manos de otros?

Pero, por si lo anterior no fuera poco, aún hay otro motivo de inquietud en los balances más recientes de Tesla, y que puede evidenciar a golpe de tuit como el propio Elon Musk podría sentirse algo desesperado con su flamante empresa. Todos hemos leído las recientes noticias más superficiales y mediáticas acerca de cómo Elon Musk optó por “hacer honor” a sus convicciones más medioambientales, y decidió que Tesla se desvinculase de un Bitcoin del que, por cierto, hace ya años que desde aquí fuimos uno de los primeros medios en analizarles que era un auténtico desastre energético y medioambiental. ¿Y va y ahora lo descubre casi cuatro años más tarde alguien tan bien informado como Elon Musk?

Algo huele mal en Tesla, y no es sólo por los “créditos regulatorios”, sino también por Bitcoin y su posible instrumentalización

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Algo huele muy raro aquí, especialmente ahora con un tema que ya era de dominio público desde hace tiempo. Y es que, además, este tema suponía una lacra filosófico-empresarial para una compañía como Tesla con clientes tan conscientes medioambientalmente, aparte de ser una soberana incongruencia tanto para la compañía como para el propio Musk. ¿Por qué entonces Musk ha venido manteniendo los lazos entre Tesla y Bitcoin durante tantos años? Y lo que es más revelador, ¿Por qué ha decidido romper esos lazos precisamente ahora? Y los lazos eran fuertes, muy fuertes, y no sólo porque Tesla haya sido la primera gran empresa en permitir que sus vehículos se le paguen en Bitcoins y ahora haya dejado de hacerlo, sino porque además esta compañía atesoraba en sus balances muchos millones en Bitcoins.

Tesla ya declaró en febrero que tener Bitcoins por valor de la friolera de 1.500 millones de dólares. La verdad es que esta auténtica fiebre cripto-tenedora por parte de la disruptiva empresa no resulta muy coherente con el hecho de que, tan sólo unas semanas más tarde, fuese a dejar de aceptar pagos en Bitcoins, con el fuerte revés que esta noticia supuso para la cotización tanto de la cripto-moneda reina como de las altcoins. Obviamente, unos movimientos tan extraños, y que incluso podrían pasar por sospechosos para algunos, alimentaron todo tipo de especulaciones en los mercados, especialmente cuando Musk en los últimos tiempos se viene dedicando a golpe de tuit personal a espolear cripto-monedas como Dogecoin o el propio Bitcoin.

Finalmente, las especulaciones de todo tipo eran de tal calibre, que fue el propio Musk el tuvo que salir a la palestra a declarar formalmente que Tesla no había deshecho posiciones en todos sus millones y millones de Bitcoins. No obstante, lo uno no quita lo otro, y el hecho irrefutable es que en el primer trimestre Tesla ya estuvo deshaciendo posiciones en Bitcoin, y de los 438 millones de dólares de ingresos de Tesla, 101 millones vinieron de la venta de parte de sus Bitcoins, lo cual supone un chocante 23%. Es más, si no hubiese sido por esas ventas de Bitcoins, Tesla no habría cumplido sus expectativas de resultados trimestrales. La cosa parece realmente seria.

La pregunta es ineludible: ¿Está jugando Musk el color negro de los números de los balances de Tesla a la ruleta rusa de la evolución de la cotización de las cripto-monedas? Porque si bien buena parte de los huevos de la cesta de Tesla es cierto que están puestos en los “créditos regulatorios”, ahora parece que tenemos aquí un papel engrasante para el “mientras tanto” desempeñado por Bitcoin como mecanismo de regulación de los balances en los plazos más cortos. Ni lo uno ni lo otro se puede decir que sean algo propio de una gestión empresarial a la altura de Tesla y de su posición actual de liderazgo en el mercado… a no ser que esa posición no sea exactamente la que el mercado cree ver.

El caso es que, primeramente, habrá que ver en futuros balances si ese extremo es 100% cierto, y en segundo lugar, esto sólo evidencia otra incongruencia en el trio Tesla, Musk y Bitcoin. Porque… ¿Qué sentido tiene aducir que por motivos de concienciación medioambiental Tesla ya no acepta pagos en Bitcoin, pero a la vez que la compañía mantenga una posición de miles de millones en la cripto-moneda? La coherencia aquí realmente es inexistente, y como decía mi sabia abuela: “Cuando las cosas no se entienden, es que hay algo que no se sabe”. Esperaremos pues atentamente a las noticias de este trio que estén por venir, al menos para confirmar efectivamente lo que puede estar pasando aquí.

Quién sabe, pero lo cierto es que la conjunción de la dependencia de los créditos regulatorios y el haberse deshecho masivamente de parte de sus Bitcoins es un nubarrón muy oscuro en el horizonte de la compañía. La mejor demostración de que Tesla no las tiene todas consigo en su futuro más inmediato es que su cotización lleva un muy mal comienzo de año, y que los inversores le están penalizando con un descalabro de más del 30% desde su cotización de mediados de enero hasta los niveles actuales. Y es que en este mundo cambiante al extremo no hay compañía (ni ciudadano) que tenga su futuro 100% asegurado, y ser muy dependiente financieramente de algo muy concreto es una peligrosa violación de aquella máxima de los negocios de nuestros abuelos: “Nunca hay que poner todos los huevos en la misma cesta”.

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Y esto aplica tanto para que Tesla deba conseguir depender menos de los “créditos regulatorios”, como para que nuestros lectores-inversores reduzcan su exposición al fabricante de Musk. El que ponga todos sus huevos en una misma cesta, que luego no llore porque se le han roto todos cuando esa cesta se la han pisado. Y será por pisotones en los siempre impredecibles mercados, y con la muchas veces inesperada gestión que algunos empresarios hacen en sus empresas. Aquí, fiarse al 100% e idolatrar sin fisura, como que uno no lo haría ni por su propio hermano, así que como para hacerlo con personas a las que realmente ni siquiera conocemos personalmente. No hay que ser desconfiado sistemáticamente, pero tampoco hay que entregarse uno y su dinero sin condiciones a personalidades deslumbrantes. Confianza, la justa, y quedarse deslumbrado sin poder ver, pues jamás de los jamases, y menos yendo al volante (de un Tesla) por la ciudad financiera.

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