HOY SE HABLA DE

Si te despiden, lo ideal es que la conciliación y la demanda las haga un abogado: cuanto mejor estén redactadas, más posibilidades tendrás

  • El ecosistema de las redes sociales ha convertido el asesoramiento legal en píldoras informativas de consumo masivo, modificando de paso la relación de los trabajadores con los departamentos de Recursos Humanos. 

  • El abogado laboralista Juanma Lorente ha radiografiado en los micrófonos de la COPE la secuencia de errores críticos que cometen de forma recurrente los empleados cuando se enfrentan a la carta de despido. 

Juanma Lorente Laboralista
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
redaccion

Redacción El Blog Salmón

Editor
redaccion

Redacción El Blog Salmón

Editor

Su diagnóstico pone el acento en la inacción burocrática y en el riesgo de tramitar de forma amateur el papeleo inicial, como contaban en Cope, advirtiendo de que una papeleta de conciliación mal diseñada o fuera de plazo puede arruinar por completo las posibilidades de éxito en un posterior litigio judicial. El margen de maniobra tras perder el empleo no se mide en meses, sino en días hábiles contados con lupa.

La prisa es el primer enemigo.

Los tres errores de bulto en el proceso de salida

El reloj de los veinte días. Explicaba el experto laboralista que el error más grave y, por desgracia, el más habitual entre los trabajadores es dejar pasar el tiempo por puro bloqueo o desconocimiento de la norma. El ordenamiento jurídico español establece un plazo estricto de caducidad de veinte días hábiles para impugnar cualquier despido de forma legal. Qué duda cabe, las semanas vuelan mientras el afectado asimila el golpe o intenta negociar de manera informal con sus antiguos superiores, ignorando que el contador no se detiene por las conversaciones amistosas y que cada jornada perdida reduce drásticamente el tiempo de reacción para armar una defensa con garantías.

La trampa del papeleo amateur. Otro de los frentes donde el trabajador suele dispararse en el propio pie es el intento de redactar la documentación por su cuenta basándose en plantillas genéricas bajadas de internet. Dicho de otra forma, la papeleta de conciliación administrativa que se presenta ante las oficinas de mediación (el SMAC) no es un mero trámite burocrático previo, sino los cimientos inamovibles de la futura demanda judicial. Si en ese texto inicial se omiten datos clave, conceptos salariales o la descripción correcta de los hechos, el margen para rectificar más adelante queda prácticamente cerrado debido a la rigidez de los tribunales de lo social.

La especialización como escudo. Ocurre que el ámbito del derecho es excesivamente amplio y recurrir al abogado de confianza que gestionó un divorcio, una herencia o la compra de una vivienda suele ser una mala idea cuando hay una extinción contractual sobre la mesa. Lorente insiste en la necesidad de buscar asesoramiento específico en derecho del trabajo, ya que las sutilezas de los convenios colectivos, el cálculo exacto del finiquito y las estrategias procesales exigen una práctica diaria. Cuanto antes tome las riendas un profesional, mayor será el caudal de información que se podrá ordenar para neutralizar las argucias de la empresa.

La trampa oculta de la correspondencia procesal

La camisa de fuerza del SMAC. Para comprender la insistencia de los laboralistas en tutelar el proceso desde el primer minuto hay que descender a la Ley Reguladora de la Jurisdicción Social. Existe un principio técnico implacable llamado congruencia o correspondencia procesal: el juicio posterior solo puede juzgar los hechos que se expusieron en la conciliación previa. Si redactas la papeleta tú solo en casa y olvidas mencionar que sospechas que te echan por discriminación, por pedir una reducción de jornada o por estar de baja, no podrás añadirlo meses después ante el juez. El sistema considera que introducir elementos nuevos generaría indefensión a la empresa, invalidando tus mejores cartas antes de jugar.

Un coste de salida al alza. Esta pericia técnica se ha vuelto crucial en un entorno donde rescindir un contrato es cada vez más caro para el tejido productivo. Al revisar los datos macro, se observa que cuánto cuesta un despido en España y su coste medio se dispara de forma sostenida en los últimos ejercicios. Las compañías, conscientes de este encarecimiento, hilan muy fino en la redacción de sus cartas de despido disciplinario u objetivo para ahorrarse costes, forzando al empleado a ir a un pleito puramente técnico si quiere percibir lo que le corresponde legalmente.

El laberinto de la improcedencia. Plus: la presión regulatoria sobre las mesas de los directores de Recursos Humanos no ha dejado de crecer en todo el país. Sabemos de primera mano que el Gobierno se encuentra bajo una presión asfixiante para reformar el despido improcedente, especialmente tras el dictamen definitivo del Consejo de Europa que exige a España adaptar de inmediato sus indemnizaciones a la Carta Social Europea para introducir compensaciones verdaderamente disuasorias, reparadoras y adaptadas a las circunstancias de cada trabajador. Este río revuelto normativo exige que la demanda judicial esté milimétricamente redactada por un especialista, argumentando daños morales o perjuicios económicos concretos que una plantilla genérica de internet es completamente incapaz de contemplar.

La importancia vital del blindaje documental

El mito del finiquito liberatorio. Si se quiere también, la fase crítica del despido exige del trabajador una frialdad absoluta a la hora de estampar la firma en las hojas de liquidación que la empresa desliza sobre la mesa el último día de trabajo. El consejo clásico de no firmar nada, o de hacerlo introduciendo la coletilla de "no conforme" junto a la fecha real, sigue siendo la mejor salvaguarda legal. Una firma limpia en un documento de saldo y finiquito mal revisado tiene valor liberatorio ante los tribunales, lo que significa que el juez asumirá que estabas plenamente de acuerdo con el dinero recibido y que renuncias a reclamar un céntimo más en el futuro.

La custodia de las pruebas. Disponer de un expediente limpio donde consten los correos electrónicos, los registros de la jornada laboral y las comunicaciones internas por mensajería es la mejor materia prima que se le puede entregar al letrado en la primera consulta. La digitalización obliga a los despachos laboralistas a realizar auditorías previas de la prueba tecnológica antes de pisar el juzgado, un paso informático que requiere tiempo y que resulta imposible de ejecutar con éxito si el cliente aparece en el despacho cuando quedan apenas 48 horas para que expire el plazo legal de los veinte días.

Sentencia. Sea como fuere, el aviso de Juanma Lorente devuelve el foco a la prudencia y al rigor técnico frente a la urgencia emocional que provoca la pérdida del empleo. Delegar la conciliación en un abogado especialista maximiza las opciones de éxito, evita los errores de bulto que invalidan los procesos en el juzgado y garantiza que la salida de la empresa se liquide con las cuentas claras, impidiendo que el trabajador pague la factura de su propio desconocimiento ante un entramado corporativo que siempre juega con las cartas marcadas desde el primer minuto.

Imágenes | Youtube

Inicio