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Previsiones económicas: mejor no fiarse mucho de ellas

Previsiones económicas: mejor no fiarse mucho de ellas
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Las previsiones económicas siempre son polémicas. Los políticos las usan para cuadrar sus presupuestos, los opositores siempre encuentran algún organismo pesimista y muchas veces es complicado determinar quién va a tener razón.

Pero con la crisis del coronavirus en todo el mundo las previsiones son más imprecisas que de costumbre. ¿Podemos fiarnos de ellas? Si por regla general no son muy exactas ahora aún menos, con una incertidumbre mayor en el horizonte.

Extremistán y Mediocristán

Las previsiones (o forecast, en inglés) son una herramienta clave para la toma de decisiones. Sin embargo hay grandes críticos a la hora de hacer caso a las mismas. Quizá el mayor crítico (o al menos el más famoso) es Nassim Nicholas Taleb, autor del destacado libro sobre este tema El cisne negro.

En el libro se cuenta un ejemplo ilustrativo. Hay dos tipos de eventos, que él denomina Mediocristán y Extremistán.

En el mundo Mediocristán no hay grandes variaciones, cuanto más eventos se tienen de una serie la media se aproxima más al valor esperado. Por ejemplo se pueden tomar al azar a mil personas, se les mide y se hace la media. Si se añade una nueva persona y se vuelve a hacer la media, esta no se va a mover un ápice. Son eventos que tienden a ir a la media y sin grandes estridencias. Una predicción en este mundo suele ser bastante acertada ya que no se esperan eventos inesperados.

Podemos creer mirando al pasado que somos capaces de predecir el futuro pero no es así

Sin embargo luego está Extremistán. Aquí puede haber eventos inesperados que posibiliten que las predicciones sean erróneas. Por ejemplo, se puede seleccionar a mil personas, tomar sus ingresos anuales y hacer una media. Pero al tomar una persona más no es muy probable que estemos cerca de la media. Por ejemplo en España la renta media es de 25.000 euros al año, pero un 20% gana más de 30.000 euros. Y un 30% menos de 12.000 euros.

Extremistán está lleno de eventos que se alejan de la media, eventos impredecibles. Y el mundo económico en el que vivimos es puramente Extremistán. Los expertos intentan modelar estas series como si viviéramos en Mediocristán, con gaussianas, pero los modelos fallan extrepitosamente. Llegan los eventos impredecibles, los cisnes negros, y trastocan todo.

Taleb también cuenta una historia ilustrativa: un pavo es alimentado durante años, todos los días, de forma abundante. Llega el día de Navidad. ¿Su predicción? Que le darán bien de comer. Sin embargo le sacrifican. Podemos creer mirando al pasado que somos capaces de predecir el futuro pero no es así.

Las previsiones fallidas de la recuperación española

En la década pasada España vivió una crisis monumental. Dejando de lado que muchos expertos no fueron capaces de prever una crisis tan grande, lo cierto es que cuando empezó la recuperación en 2013 todas las previsiones eran pesimistas, porque miraban al pasado e intentaban predecir sin grandes cambios.

Veamos un par de ejemplos: en agosto 2015 publicamos predicciones de Moody's para la economía española. En abril habían dicho que en 2015 y 2016 España tendría un crecimiento del PIB del 2,7% y 2,2% respectivamente. En agosto ya estaban rectificando con un 3% y un 2,7%. ¿La realidad? Fue un 3,8% y un 3%. Muy desencaminado.

¿De verdad merece la pena hacer caso a lo que dicen las previsiones económicas?

Si nos remontamos un poco más atrás la cosa es aún peor. En abril de 2014 el FMI dijo que España crecería en 2014 y 2015 un 0,9% y un 1% respectivamente. En 2014 crecimos un 1,4% y en 2015, como ya hemos comentado, un 3,8%.

Estas prediciones pueden parecer una simple muestra, pero los organismos que suelen hacer predicciones no suelen variar mucho entre sí. ¿De verdad merece la pena hacer caso a lo que dicen? ¿Qué pasó con la gente que hizo planes e inversiones en 2014 en España pensando que, tal y como decía el FMI, en 2015 creceríamos un 1% cuando fue en realidad un 3,8%?

Las previsiones actuales: ya hay algunos fallos

La crisis del coronavirus ha sido intensa y rápida, con pocos precedentes previos. Fue muy inesperada (ninguna previsión conocida la tuvo en cuenta) pero ya estamos en ella. Es decir, podríamos pensar que ha sido un cisne negro muy inesperado y que las previsiones vuelven a la normalidad y son más certeras. Pero no. Y no entramos a valorar de si una pandemia es un cisne negro muy inesperado cuando lleva habiendo avisos durante los últimos 20 años y se empezó a conocer sobre el covid-19 desde noviembre.

Los datos del paro de EEUU son un buen indicador de las previsiones. En marzo de 2020 se destruyeron 1,4 millones de puestos de trabajo. En abril 20,7 millones de trabajos. Las previsiones decía que en mayo se destruirián 8 millones de empleos. ¡Y sin embargo se crearon 2,5 millones de trabajos!.

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La incertidumbre es total. Yo mismo predije por aquí al principio de la crisis que lo íbamos a tener muy complicado en España debido a que el turismo se iba a despeñar. Y ahora parece que las reservas están bastante fuertes (ojo, no va a ser un buen año pero desde luego mucho mejor de lo que podía pensarse en marzo).

Ahora el Banco de España señala que el PIB podría caer en 2020 entre un 11% y un 15%, y luego habría crecimientos en 2021 (entre un 7% y un 9%) y en 2022 todavía no se habría recuperado el PIB anterior a la crisis.

¿De verdad podemos fiarnos de estos datos? ¿Y si hay tratamiento y vacuna antes de lo que esperamos? ¿Y si no logramos avances significativos? ¿Y si los países deciden que el daño a la economía es demasiado grande como para seguir restringiendo actividades y abrazamos el controvertido plan de Suecia? Hay tanta incertidumbre que hacer caso a las previsiones es temerario.

Mejor no fiarse: por un mundo sin rumbo definido

No tener donde agarrarse es complicado. Un mundo sin previsiones puede dejar a mucha gente sin argumentos para tomar ciertas decisiones. Por tanto hay quien piensa que es mejor tener una mala predicción que no tener ninguna, debido a que por lo menos se puede tener una base para planificar acciones. Sin embargo esto es incorrecto.

El ejemplo más claro de esto es que es mejor moverse en el metro de París sin ningún mapa que con el mapa de metro de Tokyo. En el primer caso tendremos dudas, cierto, pero al menos no estaremos tomando decisiones equivocadas mirando un mapa que no corresponde para nada con la realidad.

Así que es mucho mejor estar pendiente de los indicadores a corto plazo (por ejemplo, sí que me fío de lo que dice el Banco de España cuando dice que el PIB del segundo trimestre se contraerá un 22%, ya que llevamos más de la mitad del mismo), tener una visión a largo plazo en un horizonte estable y planes de contingencia por si surgen inconvenientes. Porque, como han demostrado muchas veces, las previsiones fallan mucho más de lo que pensamos.

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