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Tiempo de mudanzas

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Hay a quien le gusta leer esquelas en los periódicos. A mi, por razones que no vienen al caso me suele gustar mirar los anuncios de empleo y los relativos a fichajes y promociones. Merenganito de tal, nombrado sheriff de Nottingham. Amplia experiencia en persecución de maleantes, etc...Y si ya tiene foto, del estilo de las de la orla de la licenciatura o del postgrado aún mejor. Reconozco que tiene un punto de morbillo. Y muy singularmente cuando, con el paso de los años, uno es capaz de leer entre lineas, de saber lo que mienten, lo que callan, lo que ocultan. Es algo así como el ¡Hola! para un servidor.

Lo cierto es que si nos fijamos bien veremos que los profesionales rotan durante todo el año. Pero especialmente hay una época propicia, que viene a estar al finalizar el primer trimestre. Ello tiene una explicación, que conocen perfectamente nuestros chicos de Recursos Humanos. Y esa explicación, de un modo muy muy lejano, me recuerda al famoso lavado del cupón o del dividendo.

Estas técnicas de lavado, a grosso modo, funcionaban gracias a un arbitraje fiscal. Titulares de bonos o de acciones vendían sus títulos escasos días antes del cobro de sus rendimientos. En el precio se hallaba recogido la expectativa de cobro de ese dividendo, de ese cupón. Pero esa venta era especial. Se le vendía a un no residente, de tal modo que este no tuviese retención sobre el rendimiento, y se pactaba la recompra inmediatamente después del cobro. Con esto se buscaba por un lado evitar la retención sobre estos rendimientos y evitar que se acumulasen en la base general. tengo la sensación de que con la última reforma fiscal, que unifica los tipos fiscales para incrementos de patrimonio y rendimientos de capital mobiliario, el interés de estas operaciones ha menguado, aunque sigue teniendo el chance de la ausencia de retención.

¿Y que tiene qué ver esto con el comienzo del post? Pues que, en cierto modo, en el mundo de los recursos humanos, de las grandes empresas, los profesionales también juegan con los tiempos, cara a maximizar su beneficio. En esta ocasión uno se encuentra con muertos vivientes durante los tres primeros meses del año, que no hacen nada, que realmente tienen su mente en otra parte. ¿En qué?

En el cobro del bonus, variable, llámalo-x. En buena parte de las grandes empresas su cobro se produce una vez al año, y normalmente al comienzo del año siguiente al cierre del ejercicio primado. Dicha cantidad puede ser muy relevante, y normalmente, aunque están claras las reglas de juego y se sabe al cierre del año la cuantía aproximada a percibir no hay ningún tipo de documento contractual que lo garantice o reconozca. Si alguien se va antes de que se pague se queda sin él.

Se produce entonces una especie de lavado del bonus. Los profesionales dilatan su marcha hasta el momento de tener el cheque, la transferencia, en su poder. Tienen cerrado el cambio con la nueva empresa, pero guardan en la mayor de las discreciones el asunto, siendo conscientes de que se exponen a perder al tajada. Si son hábiles, en el fondo estarán ya trabajando mentalmente para su nueva firma. Y cuando se produce el feliz acontecimiento, en estas fechas aproximadamente, veremos como se incrementa, especialmente en determinados sectores, la rotación.

Lógicamente los capataces de personal de las firmas conocen el paño, pues son opantes y opados. Algunos han optado por retrasar, en la medida de lo posible, el cobro del variable. Si consiguen llegar a junio, al margen del beneficio financiero para su empresa, dificultan el cambio para aquellos que estén obteniendo excelentes resultados, y vean como van a perder la prima de medio año que les iba de fábula. Claro que la competencia, que también se las sabe, se muestra dispuesta en ocasiones a compensar a estos perjudicados con un bonus de entrada, una prima de fichaje o de compensación.

En todo caso esta practica de retraso en el cobro de los bonus tiene sus limitaciones. En algunas empresas choca directamente con los hábitos del sector, y puede generar una profunda contestación. Pero es que aunque se admita, rompe con el papel pedagógico de la retribución variable. Lo primero que aprende un maestro, un padre, es que los niños deben ser reprendidos o premiados por sus acciones, si, pero siempre comprendiendo los motivos de dichas reacciones y por tanto ello exige que se haga lo más cercano en el tiempo a las causas. Esta dilación de los cobros va directamente contra esta realidad.

¿Habéis cobrado ya?

Vía | Cinco Días En El Blog Salmón | La retribución variable y el colegio, Los sueldos multimillonarios

Foto | furilo

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