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Arnau, 24 años, vive solo en el campo desde los 18 años: "Gastas menos y tengo carne ilimitada, me siento el hombre más feliz de la tierra viviendo así"

Casi nueve de cada diez jóvenes fracasan al intentar emanciparse por culpa del asfixiante mercado inmobiliario. Este chico decidió dejar la ciudad

Arnau, 24 años, vive solo en el campo desde los 18 años: "Gastas menos y tengo carne ilimitada, me siento el hombre más feliz de la tierra viviendo así"
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Redacción El Blog Salmón

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Arnau Serrado (Barcelona, 2002) es un chico que, tal y como destapa un reportaje reciente de Noticias Trabajo para The Huffington Post, decidió con apenas 18 añitos que la ciudad no era lo suyo y se marchó al campo a vivir solo. Y no le ha ido nada mal. Mientras la media para irse de casa en España ronda la escalofriante cifra de 30,2 años —muy por encima de los 26,2 del promedio europeo—, él autogestiona su energía, su agua de manantial libre de cloro y hasta su despensa. "Me siento el hombre más rico de la tierra pudiendo vivir así. Te gastas menos y comes por 10 o por 100 de calidad de lo que compras", confiesa el chaval en su propio canal de YouTube, @Arnau Serrado y Corraleros, donde documenta su cotidianidad.

"En la ciudad me levantaba por la mañana con poca energía, estaba estudiando y tenía anemia; estaba superdesganado"

Porque, seamos sinceros, nos tienen acostumbrados a la precariedad como si fuera una condena bíblica inevitable. Tan solo hace falta bucear en el análisis de expertos económicos como Marc Vidal sobre la emancipación juvenil para entender por qué una generación entera destina hoy casi el 80% de su sueldo a pagar el alquiler. Ante ese panorama estructural, con un desempleo juvenil cercano al 25%, el malestar físico que Arnau sufría en la ciudad cobraba todo el sentido del mundo. "Me levantaba por la mañana con poca energía, estaba estudiando y tenía anemia; estaba superdesganado", relata el joven sobre su vida en la ciudad y cómo aquí empezó a respirar.

Y, ¿qué hace? En su invernadero, construido a mano con ventanas recicladas, cosecha verduras desde la semilla, usa placas solares y practica la actividad cinegética legal dentro de su pueblo; algo que defiende con vehemencia por ecología frente a la macroindustria cárnica. "Si yo decidiera comer solo lo que produzco, podría vivir y prosperar perfectamente aquí en la montaña. La carne viene de la caza, o sea que tengo carne ilimitada lo que sea capaz de cazar para autoconsumo de forma legal", detalla. Aprovecha todo del corzo y del ciervo, elabora sus propios fuets e incluso curte las pieles empleando métodos tradicionales con el animal para confeccionar bolsos.

Pero necesita de las redes sociales

Ahora bien, ¿es este el paraíso del ermitaño aislado? Para nada; aquí asoma la gran paradoja de su historia. Su emancipación no se sostiene únicamente recogiendo huevos de patos, sino rentabilizando una granja de cría de conejos como mascota que requiere, por fuerza, el escaparate del siglo XXI. "Este negocio no funcionaría porque nadie conocería el proyecto si no fuera constante en redes sociales. Combinarlo con redes hará que llegue mucho más público y que obtengas dos, tres, cuatro o cinco veces más en ventas", recalca.

Es decir, que puedes huir del ruido, del metro abarrotado y de los caseros, pero necesitas el gran bar de internet para que el modelo cuadre económicamente. Arnau, que solo reconoce echar de menos a ciertas amistades que viven lejos, ha encontrado la fórmula para esquivar el follón que mantiene a más del 65% de los chavales atrapados en el hogar paterno. 

Imagen | Cana de YouTube de Arnau Serrado 

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