Dos agricultoras rechazan 22 millones de euros a cambio de vender sus tierras para construir un centro de datos: "no significan nada"

  • El avance de la inteligencia artificial y las grandes tecnológicas requiere una infraestructura masiva, pero a veces choca de frente con el sector agrícola tradicional. 

  • En Estados Unidos, la resistencia de una familia frente a los gigantes tecnológicos abre el debate sobre el uso de los terrenos de cultivo.

Mujer agricultora
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Redacción El Blog Salmón

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Dos mujeres dedicadas al campo han rechazado una millonaria oferta de compra para instalar servidores informáticos en sus propiedades. Su decisión resalta las tensiones actuales entre la soberanía alimentaria y la expansión de los centros de datos.

La fiebre por el desarrollo de la inteligencia artificial parece no tener límites financieros, pero se ha topado con un muro insospechado en el ámbito rural. Tal y como explican en Noticias Trabajo, Ida Huddleston y su hija Delsia Bare han rechazado formalmente una suculenta propuesta de 26 millones de dólares (más de 22 millones de euros) por una parte de sus propiedades agrícolas. El dinero provenía de una empresa tecnológica no identificada que planeaba levantar una infraestructura digital en la zona.

El valor de la tierra frente al dividendo digital

Los números de la operación evidencian la enorme brecha de valoración económica que existe entre el sector tecnológico y el agrícola. Ambas mujeres son propietarias de unas 1.200 acres de tierras de cultivo a las afueras de Maysville (aproximadamente 486 hectáreas). En abril del año pasado, un comprador anónimo que representaba a una importante compañía de inteligencia artificial se puso en contacto con ellas para adquirir, aproximadamente, la mitad de la propiedad.

La oferta económica resultaba desorbitada sobre el papel. Según detalló Bare, sus terrenos tienen un valor de mercado estimado en unos 6.000 dólares por acre, lo que significa que la propuesta que recibieron multiplicaba aproximadamente por diez esa cantidad. A pesar de la enorme prima financiera, la respuesta de la hija fue contundente: "26 millones de dólares no significan nada". El objetivo de estas productoras es quedarse en su propiedad y "alimentar a una nación".

Identidad familiar e impacto medioambiental

La clave está en el arraigo histórico y los profundos vínculos familiares que unen a estas mujeres con su entorno rural, donde han trabajado varias generaciones. "Mi abuelo, mi bisabuelo y un montón de familiares han vivido aquí durante años, han pagado impuestos por ella y han alimentado a toda una nación gracias a ella", defendió Bare. La trayectoria de la explotación agrícola familiar viene de lejos; incluso cultivaron trigo durante la Gran Depresión para poder abastecer a la población de pan, en una época "cuando la gente no tenía nada más".

El problema es que las dudas de las agricultoras no se basan únicamente en el plano sentimental o identitario, sino también en un análisis crítico de las consecuencias operativas de la infraestructura proyectada. Bare critica abiertamente el impacto de estos complejos tecnológicos y advierte del alto consumo de agua que requieren para la refrigeración de los servidores, un factor crítico que puede dificultar seriamente el riesgo de muchos cultivos en la región.

Resistencia ante las promesas corporativas

La presión sobre los propietarios locales de Maysville han sido intensa, ya que la firma tecnológica ha tocado la puerta de otros agricultores del entorno. "Nos llaman viejos granjeros estúpidos, ya sabes, pero no lo somos", señaló Bare al citado medio, argumentando que no se puede acabar con un suministro de comida esencial como el que ellos ofrecen.

Su madre, Ida Huddleston, de 82 años, tampoco tiene ningún interés en vender y se muestra radicalmente escéptica ante los argumentos de que el proyecto generará empleo y crecimiento económico local. "Yo digo que son unos mentirosos y que no hay nada de verdad en ellos. Eso es lo que digo. Es una estafa", espetó con firmeza.

La convicción de la hija evoca incluso la épica de la literatura clásica norteamericana, afirmando que les mueve el mismo espíritu que a Scarlett O’Hara en la película 'Lo que el viento se llevó': "Mientras esté en esta tierra, mientras me alimente, mientras me cuide, no hay nada que pueda destruirme".

Sin embargo, el destino final de la comarca agraria sigue en el aire. A diferencia de Huddleston y Bare, algunos propietarios de tierras colindantes sí están dispuestos a vender sus parcelas a la multinacional. Debido a esto, el centro de datos de inteligencia artificial aún podría terminar construyéndose a escasa distancia de sus cultivos tradicionales.

Imágenes | Magnific (freepik)

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