Publicidad

China recupera espectacularmente su crecimiento tras el Coronavirus... Pero esas cifras esconden abismos

China recupera espectacularmente su crecimiento tras el Coronavirus... Pero esas cifras esconden abismos
55 comentarios

Publicidad

Publicidad

En esta lamentable crisis del Coronavirus, China fue el origen de todo, al ser tanto donde se coció el funesto COVID-19 en un caldo de cultivo político-represivo que sólo propició su proliferación masiva, como por ser donde los primeros confinamientos masivos a nivel mundial llevaron a su economía a sufrir las dentelladas de la bestia socioeconómica más agresiva que hemos visto en el mundo desde hace décadas.

Pero igualmente, tras toda crisis, en algún momento llega una recuperación, sin quitar que sólo sea momentánea entre tanto que no llegue una vacuna que nos permita afirmar con rotundidad que este Coronavirus ha dejado de ser un problema para siempre jamás. Y ya teníamos cifras sobre esa recuperación en los econométricos países occidentales, pero nos faltaban cifras macroeconómicas significativas sobre cómo lo estaba haciendo China, a pesar de que las suyas son siempre cifras fiables sólo relativamente. Ahora ya han llegado los números macro, y aunque la recuperación allí es muy clara, lo cierto es que no es oro todo lo que reluce, y que hay más negras sombras que esperanzadoras luces tras un análisis mínimamente detallado.

El mundo se recupera como puede tras la desolación social y económica dejada por la estela de la destructiva pandemia

China Recupera Su Crecimiento Tras El Coronavirus Pero No Es Precisamente Oro Todo Lo Que Reluce 1

Desde estas líneas fuimos uno de los primeros medios salmón en advertirles ante la debacle sanitaria, social y… económica que se nos venía encima con el funesto Coronavirus, y de hecho en nuestro análisis del 3 de Febrero sobre el tema ya les poníamos sobre la mesa el impacto económico que iba a acabar teniendo todo aquello que se estaba cociendo en China, envuelto entre no poco secretismo y silencio oficial impuesto a base de pura y simple represión informativa y policial. Aunque obviamente entonces nos vimos constreñidos a hacerlo exponiendo la imprevisibilidad de un impacto ciertamente incuantificable por entonces que, en todo caso, desde estas líneas teníamos ya muy claro que iba a ser mayúsculo tanto para China como para el resto del mundo, en lo que ya creíamos que iba a acabar siendo toda una pandemia, como de hecho ha acabado siendo.

Pero tras la crisis, en la cual todavía estamos todos inmersos hasta el cuello (y lo que nos queda), igualmente es nuestro deber más salmón analizar las ulteriores recuperaciones. Ya hicimos lo propio con las cifras que arrojaron los países Occidentales, tanto los de la órbita anglosajona y que se han quedado evidentemente rezagados, como los de la órbita más europea que lideran claramente y con fuerza la recuperación. Pero nos faltaban los datos de la superpotencia que fue el origen de todo, tanto por ser donde se originó el terrible virus, como por haber hecho una nefasta gestión del mismo que, en vez de apoyar a los profesionales médicos que encendieron la luz de alarma cuando se estaba a tiempo de evitar el desastre, optó por represaliarlos, con el resultado de que allí la epidemia se les fue literalmente de las manos, y se acabó convirtiendo en toda una pandemia, en la que hay todavía muchas más cuestiones aún por resolver y aclarar, que respuestas claras y creíbles tenemos en todo este lamentable asunto.

Y China también se recupera con fuerza, publicando unas cifras muy efectistas y aparentes, pero que…

China Recupera Su Crecimiento Tras El Coronavirus Pero No Es Precisamente Oro Todo Lo Que Reluce 3

Como ya presuponíamos, aunque no contásemos con las cifras macroeconómicas adecuadas como para poder analizarlo rigurosamente, la recuperación obviamente también estaba llegando a la desencadenadora China. Y ello era de suponer incluso a pesar de ese nuevo brote que ha tenido lugar en su capital, Pekín, y que alarmantemente no era ni la segunda ola ni una simple mutación del virus originario de Wuhan, sino que era un nuevo Coronavirus que presentaba modificaciones genéticas mayores que lo hacían ser considerado por los expertos como un nuevo Coronavirus, y lo que es peor, también susceptible de desencadenar otra pandemia similar en síntomas y causas de mortalidad a la anterior. Pero ahora ya han publicado en el gigante rojo sus esperadas cifras salmón que, más que tranquilizarnos por mostrar una vuelta a la (nueva) normalidad, lo cierto es que resultan bastante inquietantes por evidenciar que la recuperación china tiene los pies de barro, y que además ese barro está muy muy licuado con salsa agridulce aguada.

Así, las cifras más aparentes publicadas por el gobierno chino muestran una realidad económica en clara recuperación, que va mucho más allá de esas cifras occidentales que simplemente se debaten entre poder recuperar los niveles de actividad previos a la pandemia. Pero en China ya están haciendo alarde de un crecimiento del PIB contundente sobre las cifras que tenían en Abril, y esa recuperación de tasas positivas alcanza una envidiable expansión económica del 3,2% entre Abril y Junio en términos interanuales con respecto al mismo periodo de 2019. La cifra es doblemente significativa, porque no sólo muestra un crecimiento con respecto al año anterior, sino porque además lo hace recuperando el gran terreno perdido y en negativo del trimestre precedente, en el que la asfixiante contracción alcanzó un -6,8% en lo que muy significativamente fue la primera contracción en China desde hace casi medio siglo.

Así, parece que China podría estar dejando atrás lo peor de la crisis económica traída (al menos) por la primera ola de la pandemia… “Parece”… porque si nos paramos a analizar las cifras con detenimiento, la realidad que muestran es radicalmente distinta. Y es que ese crecimiento no es nada sano, y supone tan sólo el resultado de un claro “dopaje” de la economía, por el que le han inyectado crecimiento forzado en vena a base de un gasto disparado en obra pública, principalmente en carreteras y líneas ferroviarias. La primera lectura que se debe hacer de ello debería ser que ese gasto ha tenido que salir de algún sitio, y si bien es cierto que la pandemia es una situación excepcional que requería una acción contundente por parte de los gobiernos de los países del mundo para sostener la actividad y pasar un bache que es temporal entretanto la pandemia remitiese, lo cierto es que la situación de sobre-endeudamiento del gigante chino no hace sino que todo este descomunal gasto extra deba encender todas las alarmas. Porque el tema es que el punto de partida allí ya no era precisamente bueno, sin quitar que tampoco lo fuese en otros países del mundo, pero lo cierto es que las cifras chinas de sobre-endeudamiento están en otra (y estratosférica) órbita.

El crecimiento chino actual es insostenible, y además revela otras grandes debilidades que están aterrorizando a los mercados

China Recupera Su Crecimiento Tras El Coronavirus Pero No Es Precisamente Oro Todo Lo Que Reluce 5 6

Y es que ese crecimiento chino no es sostenible en absoluto, no sólo por el deterioro de la deuda china que les citaba, sino también por su insostenibilidad en el tiempo a futuro, ya que este nivel de “dopaje” económico ni tan siquiera en la hiper-intervenida China puede ser mantenido mucho más en el tiempo, al menos no sin poner en (todavía) más serio riesgo la contabilidad nacional. Pero es que ya no es sólo el tema del peso extra de la ya pesada losa del endeudamiento chino, es que además las cifras chinas de la recuperación muestran grandes debilidades, especialmente en lo que se refiere a cómo las autoridades económicas del país han fracasado estrepitosamente a la hora de incentivar el consumo interno, su vía de salida de esta crisis que más prometedora podía resultar. Porque lo cierto es que el gasto de los consumidores chinos se ha vuelto muy defensivo (y no es de extrañar), mostrándose relativamente fuerte en productos de primera necesidad, pero extremadamente débil en gastos no esenciales, revelando que también los consumidores chinos son muy reacios a realizar desembolsos que sean aplazables para más adelante, y que están preparándose para tiempos peores. Y si los consumidores dejan de comprar masivamente, no hace falta que les digamos qué ocurre con la economía y con la actividad productiva…

Algunos se preguntarán muy oportunamente que por qué estamos hablando del consumo interno chino, cuando China es un gran exportador en el que su motor más importante viene precisamente del consumo de terceros países. Pues bien, aquí está otra de las abisales debilidades de las cifras económicas chinas publicadas, y es que el parón de la pandemia y la crisis que ha desencadenado en los grandes clientes de China S.A. ha hecho que el consumo externo de productos chinos se haya desplomado, y que a la vista de la evolución de la crisis en muchos países del mundo, no haya mucha previsión de que éste se recupere a corto plazo, poniendo en una situación muy delicada a un gran exportador tan dependiente de terceros como es China. Y eso por no hablar de esa guerra comercial con EEUU que empieza a ser eterna y escaladora, que hoy por hoy está que arde, y que cada día alcanza nuevas y agresivas cotas. Y es que el panorama económico chino tiene en común con el estadounidense el haber llegado a una desoladora situación en la que los desempleados chinos se cuentan también por decenas de millones.

Y aunque es cierto que China tiene cuatro veces la población de EEUU, no es menos cierto que incluso las propias autoridades chinas son plenamente conscientes del gran catalizador que puede suponer el clima fuertemente represivo existente en todo el país. Si bien es cierto que esa durísima represión puede tener cierto efecto retardante inicial, lo cierto también es que convierte aquello en realidad en una auténtica olla a presión donde, si alguien prende la mecha, corren el riesgo cierto de enfrentarse a graves desórdenes sociales con tintes anti-gubernamentales y de consecuencias últimas totalmente impredecibles. Por cierto, algo que es así tal y como ya pasara hasta cierto punto con la ola de indignación popular acaecida tras la muerte por Coronavirus de aquel médico chino, que dio al principio de la pandemia la voz de alarma de forma preventiva, y por lo que las autoridades lo represaliaron y silenciaron, cuando lo que deberían haber hecho es amplificar su voz. Sólo así muy probablemente habrían evitado la pandemia y los miles y miles de muertos que ya nunca volverán a nuestro lado. Además, no sólo en EEUU, sino también en China la pandemia ha exacerbado las diferencias entre pobres y ricos, y son las clases sociales más humildes las que han frenado en seco su consumo, mientras que las más favorecidas siguen manteniendo mayormente intacta su capacidad y voluntad de gasto. Éste es un punto que siempre añade tensión social a cualquier sistema, incluido el chino.

Por último, el creciente superávit comercial chino de los últimos meses, propio de países que crecen económicamente, en este caso resulta obligar a una lectura infinitamente menos esperanzadora, puesto que en este caso se debe casi exclusivamente a que se han desplomado los precios de las materias primas, de las que China es una voraz consumidora. Este efecto “maquillador” además tampoco va a poder mantenerse mucho más en el tiempo, con unos precios de materias primas en clara recuperación tras el shock inicial traído por el parón económico del confinamiento. Así pues, los augurios para la economía china en los próximos meses no son precisamente buenos (como tampoco lo son para no pocos países), y habrá que ver cómo encaja todo esto una población que ya dio claras muestras de gran descontento popular con la gestión que su gobierno hizo de la pandemia, y que ahora puede hacer más de lo mismo con unas cifras de desempleo sostenidas y con un parón económico que muy probablemente va a tener su continuidad. Y el descontento popular en un país de unos 1.400 millones de habitantes puede llegar a traer potenciales e importantes repercusiones para todo el mundo, y es mucha (pero que mucha) tela que cortar empezando por el propio partido comunista chino, incluso a pesar de la represión inclemente que ejercen las autoridades de aquel país, que tampoco sirvió para evitar la convulsa ola de protestas contra ese gobierno que desencadenó el primer Coronavirus de Wuhan y que les citaba ya antes. La mejor demostración de lo correcto de la lectura que les estamos haciendo hoy de las cifras del crecimiento publicadas por las autoridades chinas es la sentencia de los mercados, que en este tipo de situaciones suele resultar reveladora y concluyente: el dinero es cobarde aquí y también en China, y siempre es el primero en poner “los pies en polvorosa”. Así, las bolsas de Shanghai y Shenzen acogieron estas cifras macroeconómicas con un contundente desplome del 4,8%, que les sumergió en un mar de números rojos en cuanto descontaron los nuevos datos, mostrándose muy atemorizadas por cómo la economía china se ha vuelto extremada y suicidamente dependiente de los estímulos gubernamentales. Porque en China confluyen actualmente dos ríos de aguas muy bravas, y que son el rio de los exportadores que se quedan sin demanda externa, y el rio del tejido productivo al cual también le está fallando el caudal del consumo interno.

China Recupera Su Crecimiento Tras El Coronavirus Pero No Es Precisamente Oro Todo Lo Que Reluce 7

Si a esto le añadimos todo lo que supone el dopaje de insuflar caudal económico a base de estímulos gubernamentales abriendo la presa de las Tres Gargantas, y que ese caudal de subsistencia tiene el claro límite de la capacidad de gasto extra respaldada estrictamente por lo que les quede represado aguas arriba (que cada vez es menos), pues tenemos que ni la tormenta más diluviana podría ser suficiente para paliar la situación. Así, lo que podría acabar sobreviniendo es la tormenta socioeconómica perfecta que podría hacer tambalearse incluso a un régimen totalitario como el del actual sistema chino. Como siempre en el serial socioeconómico, el futuro se nos desvelará en el próximo capítulo, pero vaya por delante que ni el régimen con un control más férreo sobre su población está a salvo de sucumbir bajo los efectos de una grave crisis económica, y es que si el pueblo siente que no tiene nada que perder ni tiene pan que llevarse a la boca, es cuando a menudo opta por derribar todo lo que se le pone por delante. Y eso es algo de lo que ni siquiera China está a salvo.

Imágenes | Pixabay geralt | Pixabay _freakwave_ | Pixabay geralt | Pixabay PublicDomainPictures y Tumisu | Pixabay Fotoauge

Temas

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Inicio

Explora en nuestros medios