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Motivos de optimismo y preocupación ante la caída histórica del PIB de España

Motivos de optimismo y preocupación ante la caída histórica del PIB de España
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El el segundo trimestre de 2020 España ha vivido una caída histórica del PIB de un 18,5%. Este dato se puede dar de muchas formas (un 22,1% interanual o un 55% anualizado), pero lo cierto es que es la mayor caída del PIB desde que existe la serie histórica que comenzó en 1970 y tiene poca comparación con otros eventos de la historia.

¿Se puede ver un dato tan terrible con optimismo? Hay algunos factores que invitan a ello, aunque hay que ser realista y estar preocupados. Vamos a ver qué podemos esperar en el futuro ante tan demoledor dato.

Motivos para el optimismo

La crisis del covid-19 es algo único, nunca antes visto en la historia. El Gran Confinamiento dejo parada la economía del país, la gente tuvo que quedarse en sus casas durante meses y solo podía salir a trabajar. Todo lo que fue ocio quedó parado. Bares, restaurantes, hoteles, aeropuertos, tiendas... un montón de negocios tuvo que cerrar de forma forzada. Y España ha sido unos de los países del mundo que más estricto ha hecho este confinamiento debido a la especial incidencia del virus en nuestra sociedad.

Por tanto es normal que la caída de la producción de España ha sido especialmente acusada, aunque hemos visto caídas históricas en todos los países de nuestro entorno, desde Alemania (con un confinamiento más suave) hasta EEUU. La caída del PIB de la Eurozona ha sido de un 12,1%, por ejemplo.

El confinamiento duró prácticamente todo el trimestre, ya que solo entramos en la nueva normalidad 9 días antes de que acabara el trimestre. Y al salir del mismo, y al contrario que en catástrofes económicas anteriores, las infraestructuras seguían ahí.

Es decir, hemos tenido una caída del PIB como en una Guerra, pero no ha habido una destrucción permanente de las infraestructuras que impidan una recuperación rápida de la producción.

La actividad económica se está recuperando claramente este trimestre y por tanto en el tercer trimestre de 2020 veremos una subida del PIB de nuevo histórica. No se recuperará el nivel anterior a la crisis, está claro, pero en muchos sectores sí que se recuperará cierto nivel.

El empleo se está activando. Los trabajadores en ERTE (que llegaron a rozar los 3,5 millones) ya son solo 1,2 millones. Y de los que quedan, un 20% están solo en suspensión parcial de la jornada (no un escaso 7% que teníamos en lo peor de abril).

Aunque los brotes han tenido un efecto indeseado en el turismo extranjero, que se estaba recuperando pero que ha vuelto a caer, lo cierto es que el turismo interior está fuerte, con especial incidencia en el turimo rural. Sí, va a ser un año negro del turismo, pero no va evaporarse el 13% del PIB como se temía en marzo.

Por otro lado la digitalización a marchas forzadas de la economía es muy buena noticia. Las empresas van a ser más productivas en el futuro y la deslocalización de puestos de trabajo a nivel mundial (que podrán ejercerse desde cualquier punto del mundo) pueden favorecer a un país como España, con estabilidad, relativamente barato y con buen clima.

Además hay que tener en cuenta que toda esta crisis puede desaparecer si surge una o varias vacunas efectivas o tratamientos efectivos contra el coronavirus. Y, aunque las investigaciones son lentas, hay motivos para el optimismo.

Motivos para la preocupación

El principal motivo para la preocupación es que el covid-19 sigue ahí fuera, y mientras sigamos sin tratamiento ni vacuna la "nueva normalidad" es peor que la "antigua normalidad". Esta situación impide tener una actividad económica como antes y esto impica que no se pueda llegar a una situación pre-crisis de forma fácil: no solo es el turismo, hay sectores como la restauración que tienen difícil recuperación con mayor teletrabajo o con un ocio en mínimos.

Y cuanto más dure la crisis más probabilidades tenemos que haya una destrucción permanente de ciertos aspectos de la economía: sí, no hemos vivido una guerra con destrucción de infraestructuras, pero una tienda que quizá no era muy rentable pero que daba ciertos puestos de trabajo y cierra de forma definitiva quizá no es sustituida por una nueva, porque una cosa es mantener un negocio no muy rentable y otra muy distinta empezarlo.

Además, las cuentas públicas se han deteriorado de una forma muy grave, entre otras cosas por un gasto público disparado (los ERTE tienen un coste muy grande) y un desplome en la recaudación fiscal brutal (algunas cifras dicen que el 30%). Esto tendrá que ser compensado con recortes y/o subidas de impuestos, independientemente de si nos llega dinero del Fondo Europeo de recuperación, y ambas medidas tendrán impacto negativo en la actividad.

Septiembre será un mes duro, pues muchas empresas decidirán transformar sus ERTEs en EREs, ya que la actividad no volverá. La subida del PIB en el tercer trimestre, aunque será histórica, no compensará, ni de lejos, la caída del 18,5%. De hecho para recuperarse de una caída del 18,5% hay que subir un 22,7%, que a veces los porcentajes son engañosos.

Por tanto, hay motivos para el optimismo y el pesimismo. Mirar el dato del 18,5% únicamente no dice nada. La caída una vez se suavice la curva, cuando tengamos todos los datos de 2020, será mucho menor. Pero aún así será grave, con mucha destrucción permanente de empleo y actividad. Centrémonos en los problemas que tenemos, no nos pongamos catastróficos con el dato de un trimestre claramente anormal ni lancemos las campanas al vuelo en octubre cuando conozcamos el dato del tercer trimestre. Hay que estar preocupados pero viendo la foto completa.

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