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El pleno empleo en EEUU y UK se enarbola para afirmar que la Gran Recesión quedó atrás: las apariencias engañan (y mucho)

El pleno empleo en EEUU y UK se enarbola para afirmar que la Gran Recesión quedó atrás: las apariencias engañan (y mucho)
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La Gran Recesión marcó para siempre nuestros sistemas socioeconómicos, con profundas cicatrices económicas, sociales y hasta políticas, estando todas ellas todavía presentes a día de hoy, y siendo especialmente grave la vertiente más política. Efectivamente, la situación política de demasiados países es casi (y en unos cuántos casos sin casi) convulsa, y el punto de inflexión de la estabilidad democrática al sentimiento anti-sistema que trata de dinamitar nuestros cimientos socioeconómicos tiene una clara línea de vida iniciada durante aquella fatídica crisis.

Pero sin embargo, no son pocos los economistas que se muestran deslumbrados por el desempeño económico de dos de las grandes potencias socioeconómicas occidentales: Estados Unidos y Reino Unido. En estos países, están en situación de pleno empleo desde hace trimestres, pero sin embargo su macroeconomía presenta algunos desalentadores y preocupantes síntomas: no hay manera de que generen inflación (como en el resto del mundo desarrollado). Y es que las cifras, cuando éstas son examinadas más de cerca, revelan una realidad bien distinta: estas dos potencias no están ni de lejos en pleno empleo "real".

La inflación ya apuntaba a cómo el pleno empleo podía no ser tal

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Pero ese significativo indicador híbrido, que es la combinación de inflación y empleo (por cierto, igual de mejorables que el PIB), lejos de demostrar el advenimiento de "El Dorado" de una economía fuerte que por fin no genera incremento de precios, siempre ha levantado fundadas sospechas en un servidor. Efectivamente, resultaba difícil de asumir como nuevo axioma que, si la gente tiene más dinero al calor de un boom y de empleos mejor remunerados, eso ya no se tradujese en un incremento del consumo relevante, y en la llegada de la consiguiente y temida inflación.

Desde estas líneas siempre encontramos esta situación cómo ciertamente anómala, y ya les analizamos diversos factores que podían estar contribuyendo a que esto estuviese teniendo lugar de esta manera. Para los lectores menos habituales, simplemente empezar por explicar cómo desde estas líneas siempre hemos visto que los onerosos recortes de impuestos (mayormente a los ricos) del presidente Trump eran simplemente una arriesgada apuesta, que ahora otros quieren revertir por motivos más bien políticos; y que conste que tampoco ahora estamos entrando en el eterno debate de si impuestos altos o bajos: a eso simplemente contestamos que "depende". Realmente, nadie del equipo económico de Trump se puso en su momento a evaluar sobre el papel y con rigor hasta dónde recortar impuestos en aquella coyuntura beneficiaba al crecimiento, y dónde empezaba simplemente a restar ingresos netos al estado. Todo se hizo a golpe de visceralidad (para variar).

Y esa apuesta de Trump que decíamos arriesgada (y que ha acabado malograda), consistió ni más ni menos en que todo lo que iba a insuflar a la economía con sus rebajas fiscales se iba a traducir en crecimiento económico a raudales, lo cual iba a la postre a procurar al estado todavía más ingresos que antes de los recortes. Este punto de equilibrio no se ha alcanzado (ni de lejos), y la situación actual de las cuentas públicas estadounidenses es realmente desastrosa. El déficit está fuera de control y en niveles desorbitados, y con una correlación muy muy clara con la entrada en vigor de las dichosas rebajas fiscales. La deuda no para de crecer, y el famoso techo de deuda no deja de ser suicidamente elevado una y otra vez por los (ir)responsables políticos del país.

Pero algunos sectores hacían caso omiso de esta situación, y se jugaban toda su baza a un único y último argumento que espetaban como incuestionable: Estados Unidos (y Reino Unido) están en situación de pleno empleo. Sin embargo, desde estas líneas siempre resaltamos que eso no concordaba con cómo la clase media y su situación socioeconómica estaban estancadas (a pesar del reciente repunte que llega demasiado tarde).

Las diferencias entre lo técnicamente cierto en la teoría, y lo verdaderamente cierto en la práctica

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Pues bien, siendo esto del pleno empleo técnicamente cierto, tal y como alguna vez ya les poníamos sobre la mesa, el problema más bien es qué entendemos actualmente por pleno empleo. Igual es que no estamos midiendo lo que tenemos que medir, y que estamos aplicando fórmulas del pasado para medir nuevas situaciones del presente. En algunos países la "economentira" más geoestratégica es un arma de conquista económica global, y en otros se utiliza simplemente para tapar las miserias de una sociedad que ya no es capaz de seguir repartiendo entre todos el "American Dream", lo cual sigue manteniendo el sentimiento más anti-sistema en niveles inusitadamente altos, a pesar del cacareado y oficialmente declarado "fin de la Gran Recesión". Al calor de toda esta convulsa realidad política, vemos cómo increíble y suicidamente hay cada vez más gente que no cree en las libertades democráticas que tantas décadas (y siglos) nos consiguió conquistar en el mundo desarrollado. Efectivamente, tenemos un cóctel explosivo que evidencia que aquí sigue pasando algo.

Ya sabíamos que ser trabajador y ser pobre eran dos situaciones perfectamente compatibles en nuestro entorno laboral actual, y desde la FED de San Francisco uno de sus vicepresidentes culpa de lo emergente de esta lamentable combinación a la nueva economía colaborativa (o "gig economy"), cuyo empleo tampoco es precisamente un estandarte de progreso socioeconómico, y sobre el cual por fin las autoridades judiciales están empezando a dictar oportuna y justa sentencia. Así que, cuando hablamos de pleno empleo, pleno pleno me temo que no es realmente la palabra. En este sentido, recientemente han publicado en Business Insider un análisis más detallado de este tema; un tema que ya les habíamos expuesto aquí en alguna ocasión: los niveles alarmantemente altos del empleo involuntario a tiempo parcial.

Lo cierto es que un trabajador a tiempo parcial deja de ser técnicamente un desempleado, y por lo tanto su situación pasa a engrosar las estadísticas a favor de la intensidad del boom económico. Pero, ¿Qué ocurre si ese trabajador lo es a tiempo parcial sin otra opción, cuando él o ella está buscando un empleo a tiempo completo? Pues que esa situación de precariedad económica, con una economía que no genera el empleo que el sistema socioeconómico necesita, no se refleja en el indicador macroeconómico del empleo, que sigue marcando una situación de pleno empleo que en realidad sólo existe sobre el papel. Ese empleo involuntario a tiempo parcial no aporta a esos trabajadores los ingresos (ni muchas veces la estabilidad laboral) que éstos necesitan, y que muchas veces ni siquiera es acorde a su nivel de formación y a su experiencia. No duden de que hay ahí fuera demasiados casos al estilo de la película "American Beauty": un trabajador cualificado que acaba viéndose forzado a malograrse y a poner hamburguesas en una cadena de comida rápida. Y claro, cuando esta situación presenta una incidencia relevante, se deja sentir en las cifras macro como las que traía Business Insider.

Así, en el enlace anterior hay varios datos muy muy reveladores, que demuestran cómo la lustrosa realidad del pleno empleo resulta ser radicalmente distinta, tanto en EEUU como en Reino Unido. El trabajo a tiempo parcial involuntario se encuentra actualmente en un nivel un 42% superior a donde estaba hace 10 años (en el fragor de la Gran Recesión las cifras eran todavía más apabullantes). Así, según los datos de la Oficina de Estadísticas Nacionales de Reino Unido, actualmente el desempleo está en el 4%, y el empleo se encuentra en el 75,8%, el nivel más alto desde que se empezaron a realizar esas estadísticas allá por 1971. En términos globales, un 25% de los trabajadores de Gran Bretaña lo son a tiempo parcial. Igualmente en términos globales, un 14,6% de todos los empleados de Reino Unido están en una situación de empleo parcial de manera involuntaria. Casi nada. Y para que tomen conciencia de lo dramático de la dimensión personal de estas cifras macroeconómicas (cuando son involuntarias, claro está), un empleado a tiempo parcial en Reino Unido trabaja una media de tan sólo 16 horas semanales, frente a las 40 de un empleado a tiempo completo. Si esos empleados involuntarios a tiempo parcial fuesen contabilizados como desempleados de alguna manera, la tasa de desempleo de Reino Unido daría un salto muy relevante hasta el entorno del 7%.

Como también explicaba Business Insider, en Estados Unidos la "realidad paralela oficial" es todavía más divergente que la de Reino Unido. Según Rob Valetta, vicepresidente del departamento de investigación económica de la FED de San Francisco, el empleo involuntario a tiempo parcial está allí también en el entorno del 40%. Tomando como base los datos de 2018 de la Oficina de Estadísticas Laborales del gobierno federal, vemos cómo el mercado laboral estadounidense arroja un total de 162,075 millones de trabajadores mayores de 16 años, de los cuales 128,572 millones son a tiempo completo, 27,189 millones lo son a tiempo parcial, y hay 6,314 millones que están en situación de desempleo. De éstos últimos, 5,052 millones están buscando un empleo a tiempo completo, y 1,262 lo hacen a tiempo parcial. Como podrán observar, en estos datos "oficiales" falta el dato obvio en torno al cual se centra nuestro análisis de hoy: aquí por ningún lado se tiene en cuenta el gap de trabajadores a tiempo parcial que en realidad necesitan un empleo a tiempo completo y que no lo consiguen.

Y con los datos en la mano, el castillo de arena del pleno empleo se les deshace entre las manos...

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Así, aplicando la cifra del 40% del vicepresidente de la FED de San Francisco sobre un total de 27,189 millones de empleados a tiempo parcial, tenemos que hay de 10,875 millones de trabajadores forzados a esta precaria situación y que en realidad buscan un empleo a tiempo completo. Llegados a este punto, ya se puede intuir que esa tasa oficial de desempleo en EEUU que está en el 3,89% arroja un pleno empleo más artificial que una bolsa de ganchitos. A pesar de que tampoco son estrictamente desempleados, para tratar de hacer computar de alguna manera esta demanda de empleo, si a esta "mágica" cifra de desempleo oficial le añadimos esos "involuntarios" a tiempo parcial, tenemos que la nueva tasa acuñada como de "desempleo total o parcial" asciende a un muy relevante 10,6%. ¿Pleno empleo decían?

¿Ven cómo pequeños cambios de concepto (con mucho fundamento y que sólo tratan de actualizar conceptos ya obsoletos) pueden conducir a unas estadísticas radicalmente distintas? Éste es sin duda el dato que nos faltaba para acabar de entender el porqué de que la inflación siga mayormente tan anémica, incluso después de tantos trimestres de supuesto boom económico. Pero claro, hay veces que la irrealidad de esos datos macroeconómicos no interesa que se demuestre, y los titulares mediáticos lo soportan todo si están debidamente aderezados con un dato ultraprocesado, que está sesgadamente cocinado con recetas más viejas que el pan con chorizo.

No obstante, y teniendo en cuenta que ya hemos analizado en el pasado estas asimetrías salariales y laborales, el tema de hoy no resta ni un ápice de vigencia a esos análisis anteriores de otros factores, que obviamente a buen seguro también han tenido (y siguen teniendo) un peso decisivo en la anómala situación macroeconómica. De hecho, no duden de que, en un entorno socioeconómico siempre complejo al extremo, las situaciones a las que nos enfrentamos no pueden ser explicadas casi nunca por un único suceso o una única variable: por el contrario, las explicaciones casi siempre deben buscarse en una conjunción de diferentes factores. Esto suele demostrarse cierto cuando la variable observada experimenta súbitamente un cambio de tendencia, pero el problema principal se sigue manifestando y persiste, resultado de la influencia de todas las demás variables.

La econometría es uno de los pilares fundamentales de la macroeconomía, y por ende de nuestra socioeconomía y su progreso real. Si la econometría falla, la macroeconomía es básicamente como un ciego dando palos sin saber por dónde le vienen los golpes de la crisis que le está dando dentelladas, o en un boom sin saber tampoco a dónde apuntar con la manguera de agua para apagar las llamaradas del sobrecalentamiento. Igual de dañino socioeconómicamente es lo uno como lo otro. Así pues, hay millones de trabajadores que se ven abocados a esta nueva situación de infra-empleo, y como no existen en las estadísticas (al menos no en las que se enarbolan en los titulares), pues nadie está ni contando con ellos en los números macro, ni desplegando políticas efectivas que ayuden a paliar su precaria situación. No interesa que existan, y por lo tanto se trata de borrar por todos los medios la huella socioeconómica de su lamentable situación en las estadísticas.

Esto es lo malo de la macroeconomía, estimados lectores: todos nos vemos reducidos a ser un simple número en la inmensidad. Pero es que además demasiadas veces ese número ni siquiera está donde debería estar, con el agravante de que, tras cada uno de esos "numeritos" en realidad se puede esconder una realidad familiar o personal que sea mayormente desastrosa, y que inflige un gran sufrimiento socioeconómico a millones de ciudadanos. Y así el barco no puede enfilarse hacia el rumbo correcto, más que nada porque ni sabemos dónde estamos, ni cómo estamos, y ni siquiera si estamos. La cara más vil de la econometría aflora cuando se opta por "censurar" las cifras macroeconómicas, y borrar "de un plumazo" en las cifras todo rastro de los padecimientos de millones de ciudadanos por la simple y mera razón de que no interesa que existan econométricamente.

Porque esas situaciones socioeconómicas "hábilmente" barridas bajo la alfombra en vez de ser atacadas, nos acaban explotando a todos literalmente en la cara, y además casi siempre lo hacen de forma violenta, bien directa o indirectamente. Y es que es a raíz de estas realidades ocultas (y ocultadas) como habitualmente los populismos y/o autoritarismos llegan a conquistar el poder; tras ello, una vez que la economía acaba destrozada del todo por políticas insostenibles, es cuando este tipo de regímenes acaba ejerciendo la represión más despiadada ante las penurias socioeconómicas y el descontento popular. Es lo que tiene la peligrosa combinación de socioeconomía y ceguera: bien sea esa ceguera inconsciente o premeditada, es algo que se acaba pagando muy muy caro.

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Por ello, lejos de intereses partidistas de uno u otro signo político, debemos apostar por seguir mejorando la calidad y la veracidad de nuestras mediciones econométricas y de nuestras cifras macroeconómicas, en especial las de dimensión más humana como el desempleo. Éste y no otro es el único camino de progreso real para todos, o al menos de saber dónde está ese camino correcto, que otro tema es que nuestros dirigentes nos quieran llevar por él. Apostar por lo contrario intencionadamente, además de implicar una vil alevosía socioeconómica, es el equivalente a mentir suicidamente, y supone condenarnos a todos a poner rumbo a la ruina económica, además de mostrarnos la verdadera dimensión de la ruindad política de algunos. Pero aquí siempre hay gente para todo, así que cuídense en extremo de a quién entregan su voto por mucho que les digan que confíen en ellos, porque con ese voto pueden estar también entregando ustedes (y en esta sucesión temporal) su cartera, su bienestar, su trabajo, sus derechos, su dignidad y finalmente su felicidad. Y a la vista de la calidad personal y la (poca) altura ética de unos cuántos de nuestros políticos, ésta es una responsabilidad socioeconómica que deben ejercer ustedes mismos ineludiblemente: es su deber como ciudadanos, y nuestra única alternativa como sistema.

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