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Cuidado con lo que compras porque no sabrás si puedes vender: Telefónica, O2 y otros casos similares
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Cuidado con lo que compras porque no sabrás si puedes vender: Telefónica, O2 y otros casos similares

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¿Se imagina que un día decide vender alguna de sus pertenencias y se lo impiden? Eso es precisamente lo que le ha pasado hace unos días a Telefónica, a la que la Comisión Europea ha prohibido vender su filial británica O2 para no perjudicar la competencia del mercado de las telecomunicaciones de Reino Unido, tal y como ya explicamos aquí.

De este modo, Bruselas obliga al operador español a tragarse con patatas una compañía que ya no es estratégica para su negocio y, a la vez, le hace perder 10.250 millones de libras (más de 13.000 millones de euros). Todo con el objetivo de no afectar al mercado británico, que de ese modo se hubiera quedado reducido a tres competidores, algo que, según la Comisión, era “malo para los consumidores británicos”.

La decisión de la comisaria de competencia, Magrethe Vertager, se venía imaginando en el seno de la multinacional española, aunque siempre se había achacado a la incertidumbre acerca del posible Brexit. Si bien Bruselas ha descartado esa teoría alegando razones estrictamente de competencia.

Lo que más choca del final de este culebrón es que Bruselas ha iniciado una nueva línea de actuación respecto a este tipo de operaciones de concentración del sector de las telecomunicaciones, un proceso imparable que lleva años gestándose y que la pasada semana dio un paso más en España con la adquisición de Yoigo por el fondo de inversión dueño de Telecable.

Con Joaquín Almunia al frente de la Competencia europea, la política al respecto era bastante diferente y, de hecho, podemos decir que más proclive a esa concentración del sector. Sin embargo, la danesa Vertager ha dado un volantazo en sentido contrario y ha marcado las diferencias respecto a su antecesor.

En otros tiempos…

Antes de la negativa a la venta de O2 por parte de la multinacional española, desde Bruselas sí se apoyaba el proceso de concentración del sector de las telecos. O al menos no se ponían tantas trabas. Pruebas de ello hemos tenido en nuestro propio país, y no hace mucho.

Hace dos años la Comisión Europea daba luz verde a la compra de la española ONO por parte de la filial de Vodafone en nuestro territorio tras concluir que respetaba la legislación y no atentaba contra la competencia en el sector. Aunque sí reconocía que podría producirse “cierto solapamiento” de actividades, consideraba al sector lo bastante fuerte como para no salir resentido.

Para Bruselas, con la presencia de Jazztel, Telefónica, Vodafone y Orange en el mercado español bastaba para garantizar que la competencia no se vería afectada, a pesar de que los negocios de Vodafone y ONO eran muy similares en cuanto a su actividad. De este modo, la Comisión bendecía esta compra que se saldó en un total de 7.200 millones de euros.

¿Pero qué pasó después? Que el mercado se concentró aún más ante los ojos de la UE cuando Orange se hizo con Jazztel. La francesa lanzó una OPA contra el operador español, la cual refrendaron sus accionistas, y la transacción se cerró hace cerca de un año por más de 3.000 millones de euros.

Lo que dijo Bruselas al respecto cambia en comparación con la operación de Vodafone y ONO, pero igualmente el desenlace fue el mismo. En esta ocasión, Competencia autorizó la OPA, pero sujeta a una serie de condiciones, como que la oferta no supusiera un incremento de precios para los clientes, entre otras.

Cabe resaltar que en esta operación ya estaba Vesteger al mando de la Comisión de Competencia, lo que dio paso a esa introducción de medidas llamémosles “proteccionistas”. Si bien la comisaria aseguró que esta operación no impedía que entrara un nuevo actor en el mercado para competir con las mismas armas que el resto.

Es decir, la salida de Almunia supuso el inicio del fin de la ‘barra libre’ de fusiones que se habían dado en la UE en los últimos años en un sector que camina irremediablemente a la concentración debido a la multitud de operadores que surgieron al calor del boom tecnológico de los primeros años del siglo XXI.

Un proceso sin retorno

Aunque ahora la Comisión Europea haya salido con esto, la concentración del sector de las telecomunicaciones en Europa es un hecho que no se puede parar. Llevamos años asistiendo a esta atomización sin que Bruselas haya hecho nada por pararlo, pues aunque a muchos les chirríe, es un proceso que entra dentro de la lógica de mercado.

Cada vez es más costoso conseguir rentabilidad, ya que lo que otrora eran grandes ganancias procedente de las llamadas de voz, ahora ha pasado a depender casi por entero de los paquetes de datos. Actualmente, casi nadie hace llamadas y, quien las hace, puede hacerlo de forma gratuita gracias a Whatsapp u otras muchas aplicaciones. Esto ha disminuido los ingresos en un momento en el que surgían nuevas operadoras -sobre todo las denominadas low cost- por doquier.

Además, hay que tener en cuenta que el mercado europeo es un mercado muy maduro. Muy pocas personas están fuera del sector de las telecomunicaciones, es raro encontrar a alguien que no disponga de un terminal en los países desarrollados de la UE, por ello, el proceso de concentración en muchos casos se ha convertido en pura supervivencia.

Esto también ha hecho que los grandes players del sector hayan girado su mirada hacia Latinoamérica, un mercado en crecimiento con un gran potencial, donde quedan millones de personas sin línea de teléfono e Internet.

Pero está claro que ahora Bruselas tiene dudas de que este proceso siga llevándose a cabo. No solo por la decisión tomada con Telefónica. De este comportamiento también es buen ejemplo la fusión frustrada entre TeliaSonera y Telenor de sus negocios en Dinamarca. Las dos compañías abandonaron sus planes ante las duras exigencias de la Comisión, lo que sirvió para poner en alerta a todo al sector europeo, pues significaba que las pautas de la UE estaban cambiando.

Qué pasa al otro lado del Atlántico

En Estados Unidos el sector de las telecomunicaciones ha sufrido muchos cambios en las últimas décadas. Dejó de ser un monopolio de la compañía AT&T ha ser un mercado hiperfragmentado con firmas que surgían por doquier. Este maremagnum provocó que en los 90 se deshiciese el camino andado y se volviese a la concentración.

Actualmente, AT&T -de nuevo- y Verizon son los dos operadores principales, con más de 100 millones de clientes móvil cada una, mientras que Sprint y T-Mobile se reparten -más o menos- el resto del pastel. De este modo, en Estados Unidos se supo recomponer un puzzle con demasiadas piezas para llevar a una consolidación que, si bien no ha creado un modelo perfecto, ha intentado hacer un sistema de comunicaciones digital homogéneo con el que las compañías pudieran abarcar todos los servicios que ahora requieren los ciudadanos.

En este aspecto, en Europa todavía va un paso por detrás de Estados Unidos, si bien en los últimos años toda esa oleada de fusiones había insuflado ritmo al proceso, un proceso que ahora corre peligro por las dudas de Bruselas.

Un palo en las ruedas del sector

La jugada de la Comisaría de Competencia europea no se entiende en el sector de las telecomunicaciones, que sigue estando muy fragmentado y que necesita esta concentración para sobrevivir y poder atender las necesidades tecnológicas y de hiperconexión de los ciudadanos 2.0. Para muchos se trata de un paso atrás después de todo lo que se ha logrado en los últimos años que, además, podría poner en riesgo futuras inversiones y el desarrollo de las redes de conexión.

¿Qué supone esto? Que el desarrollo de las telecomunicaciones terminaría haciéndose a dos velocidades, con Estados Unidos ganando la partida a la vieja Europa, a la que le cuesta quitarse las ataduras de ese proteccionismo político exacerbado.

Si bien a quien más ha perjudicado esta decisión es a Telefónica, que es la que se queda con la patata caliente y tendrá que decidir qué hacer con O2 en un contexto complicado, con Reino Unido decidiendo si seguir en el club de la UE o dejarlo definitivamente. Por el momento, son varias opciones las que maneja la multinacional española, como sacar a bolsa la filial británica o escuchar otras ofertas. La última que ha saltado a los medios es la del propio consejero delegado de O2, Ronan Dunne, que estaría dispuesto a pagar 8.500 millones de libras -unos 6.700 millones de euros- por la empresa.

En cualquier caso, decida lo que decida Telefónica, este caso hace plantearse hasta qué punto es beneficioso para las empresas y el propio sistema económico una política tan patriarcal, en la que un regulador decide si puedes o no, a quién, cuándo y dónde vender algo que previamente compraste. La tradición proteccionista europea es quizá una de las principales desventajas competitivas de la región, pues aunque precisamente se quiera proteger la competencia con decisiones de este tipo, lo que se está haciendo es desincentivándola, ya que las compañías ven frustrados sus intentos de evolucionar un sector que será clave para el desarrollo de Europa como economía en los próximos años.

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