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El sofisma de los mercados eficientes

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En la historia de la filosofía, los sofistas eran reconocidos por utilizar un lenguaje técnico, elegante y aparentemente verdadero. Sin embargo, pronto se supo que tras la presentación retórica, muchas veces hábil para convencer a los auditorios, se encontraban graves distorsiones y transgresiones a la verdad. En otras palabras, para poder develar la verdad que hay tras los discursos, era necesario detectar las distorsiones de los silogismos utilizados. Esto es justamente lo que significa un sofisma: la alteración premeditada de la verdad.

Hayek y Friedman fueron grandes sofistas. Y lograron convencer no sólo a ese nutrido grupo de intelectuales que se reunió en las faldas del Mont Peleryn en 1947, sino que de ahí a los gobiernos, a los políticos y a los dueños del capital. Para Hayek y Friedman los mercados son altamente eficientes, y es la herramienta básica que se utiliza en la teoría general del equilibrio. El modelo económico que desarrollaron, y que los llevó a ganar premios Nobel, y que hoy tiene al mundo en caída libre, ostenta contundentes sofismas. Y dado que la economía tendrá que convertirse en una ciencia humilde, bajar del pedestal y dejar de ser la palabra sagrada que era, es hora de dar a conocer algunos de estos sofismas. Esto permitirá comprender las arenas movedizas en que nos encontramos. Aqui van algunos de los postulados básicos sobre los que se levanta la teoría económica:

1. El Sofisma de la eficiencia del Mercado.

Para el neoliberalismo los mercados son eficientes por definición. Este argumento consiste en que para lograr asignar los recursos más eficientemente que en cualquier otro sistema, se requiere que exista un número ilimitado de compradores y vendedores; que la información esté perfectamente al alcance de todos y que no haya injerencia de ningún agente externo, ya sea público o privado. Y todo esto siempre y cuando el intercambio se realice entre productos homogéneos. Esto permite que los mercados lleguen al equilibrio en forma automática y con precios que optimizan la eficiencia del sistema.

Hoy se ha demostrado que estas condiciones nunca se cumplen. Joan Robinson demostró que las economías modernas tienden al monopolio y lo vemos cada vez que se anuncian las temibles fusiones de empresas, generadoras de desempleo y de polarización de la riqueza. Por su parte, Joseph Stiglitz demostró que la provisión de información es asimétrica y John Nash estableció que la eficiencia no puede alcanzarse por medio de la simple competencia a menos que todos los participantes busquen un objetivo común. Junto a eso, Hyman Minsky señaló que los mercados financieros son altamente inestables y que requieren de una regulación que evolucione a la misma velocidad que lo hacen las innovaciones financieras.

2. El Sofisma de la Soberanía del Consumidor.

Para que el juego de decisiones respecto a la asignación de recursos sea óptimo, es un requisito fundamental que las personas tomen sus decisiones sin interferencia de ninguna naturaleza, es decir el consumidor es el soberano, el consumidor es libre para elegir. Paradójicamente, en el neoliberalismo las técnicas de mercadeo constituyen un instrumento de dominio y control de las conciencias individuales, favorecidas por la noción de consumismo y endeudamiento donde "endeudarse es bueno". Además, las asimetrías de información entre quien vende y quien compra distorsiona todo el sistema. En este sentido, la condición básica se invierte en una soberanía de los productores y no de los consumidores, distorsionando todo el sistema de formación de los precios relativos.

3. El Sofisma de la Asignación Eficiente de los Recursos.

Del postulado uno y del postulado dos se deriva éste de la Asignación eficiente de los recursos económicos. Pero si en el funcionamiento del mercado no existe plena libertad de los consumidores; si los productores alteran la homogeneidad de los bienes en su fabricación; si la información acude asimétricamente a los agentes económicos; si la atomización de los oferentes ha sido reemplazada por el monopolio y por la competencia monopolística; si son constantes los vínculos e influencia de los empresarios con los gobiernos en las decisiones micro y macroeconómicas esenciales, es más que evidente que el mercado no puede funcionar conforme a los fundamentos epistemológicos de la teoría del mercado libre y, por tanto, no puede asignar los recursos eficientemente. Siempre hay alguien que tiene más poder para defender sus intereses y esto genera la distorsión de todo el modelo.

Imagen | apesara

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