El ministro Escrivá se hace trampas al solitario: el problema de las pensiones no se arreglará ni con inmigración ni con natalidad

El ministro Escrivá se hace trampas al solitario: el problema de las pensiones no se arreglará ni con inmigración ni con natalidad
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Las pensiones son el tema económico del momento. Ha costado, pero la reforma ya se ha aprobado después de negociaciones entre Gobierno y agentes sociales que se han dilatado durante muchos meses.

Ahora es momento de reflexionar acerca de la nuevas norma y de lo que se viene, pues este sistema de pensiones llega con intención de ser duradero (es parte del pacto con Bruselas para recibir los fondos para la recuperación) y cambiar la actual situación.

No obstante, una de las grandes dudas es cómo se sostendrá este sistema habida cuenta de la baja natalidad en España. El pasado año, la pandemia hizo que la natalidad experimentase la mayor caída desde que hay registros, más de un 20%, según el INE, con una media de 1,2 hijos por mujer.

Por ello, es prioridad asegurar cómo va a mantenerse el sistema en el tiempo para garantizar el sustento las generaciones actuales y futuras. Escrivá ha presentado una teoría acerca de ello que, si cuando fue puesta sobre la mesa en 2017 parecía ser la clave, ahora se torna en una inconsistencia.

Las trampas al solitario de Escrivá

Las cuentas que el ministro ha echado para estas previsiones de las pensiones dejan más oscuros que claros porque, básicamente, ha confiado en la suerte dejando de lado las previsiones. Es decir, ha confiado en que estas se equivoquen y que el futuro que dibujan para España tan pesimista en cuanto a natalidad, fuerza de empleo e inmigración sea muy diferente al que tiene toda la pinta de ser.

Veamos. Cuando en 2017 José Luis Escrivá era presidente de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AiRef) expuso en el Congreso una teoría sobre las pensiones que es el germen de la reforma actual que es bastante sorprendente. El ahora ministro recordó las previsiones tan "pesimistas" de natalidad que tenemos para 2050, que son precisamente del INE, y también del mercado de trabajo, con bajada de cotizaciones y salarios.

Para Escrivá todas estas proyecciones podrían ser solo un mal augurio si la reforma laboral de 2011 mejoraba el mercado de trabajo para hacer sostenible el sistema de pensiones y evitar un recorte (cosa que no ha sucedido ni tiene visos de suceder sobre todo tras la crisis del COVID). Y además, contando, él únicamente, con la inmigración. Otro aspecto que desde el crash de 2008 no ha vuelto a ser lo que era.

En el siguiente gráfico se pueden observar bien esas proyecciones que presentó el ahora ministro y que tanto encandilaron a los políticos presentes ese día en las Cortes.

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En resumidas cuentas, y como dijo Escrivá: "Cuando uno es consciente de las incertidumbres, puede relajarse mucho más". Es decir, el ministro ha echado una moneda al aire confiando en que la natalidad crezca en un plazo de 30 años, cosa difícil ante la precariedad con la que conviven los jóvenes hoy en día, los cuales tienen un complicado acceso al mercado de trabajo y a una vivienda en propiedad; en que el mercado de trabajo se estabilice, cuando estamos inmersos en una crisis que está alargando unos ERTE durante más de un año y que vive pendiente de cómo evolucione la pandemia; y de la inmigración, la cual no viene precisamente por dicha pandemia y crisis laboral.

Es decir, que Escrivá se hizo trampas a él mismo desechando las proyecciones de los expertos y confiando en que la suerte estará de su lado y todo cambiará. Lo que no contaba era con una pandemia que ha ahondado más con esas expectativas pesimistas.

Por lo tanto, la reforma del sistema de pensiones es lo que se da en llamar "pan para hoy y hambre para mañana", porque no garantiza la sostenibilidad del sistema a futuro, sobre todo teniendo en cuenta que está hecha en base a unas estimaciones que se han hecho como un traje medida.

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