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El factor miedo en la crisis

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El otro día hacía una interesante reflexión mi compañero Marco Antonio titulada, Nada hay que temer, excepto el miedo y creo que después de haberlo leído me apetecía hacer una segunda reflexión casi dirigida por los mismo derroteros y de como afecta ésto de forma directa a la crisis en la que nos situamos, tanto desde el punto de vista económico como el financiero; recordemos esta crisis está siendo tan fuerte por que conlleva mal momento para esos dos campos que aunque ligados no son uno.

Uno de los factores fundamentales en todo sistema económico-financiero es la propia sinergia de los mismos,
es inevitable pensar y por supuesto darse cuenta que esa sinergia siempre es generada por los agentes económicos o los financieros; en el caso de que se encuentren desconfiados, por muchas políticas económicas que lleve a cabo las autoridades monetarias, en nuestro caso el Banco Central Europeo, es muy complicado que se restablezca la calma.

Haciendo un poco de memoria histórica a lo ocurrido, el problema ha venido desde dos vertientes muy diferenciadas: las entidades financieras por su increíble necesidad de ganar más cada año y los particulares, que necesitaban siempre un gran tirón de liquidez para aun a pesar de ser una clase media poder disfrutar del nivel de vida de la clase alta, con créditos que con la subida de tipos han sido impagables.

El miedo entra en este punto de la partida a jugar desde el punto de vista de los ahorradores. Ellos si pueden ahora mismo usar ese dinero para que la economía siguiera de forma normal adelante, pero en vista de la mala situación son los primeros que han decidido seguir guardándolo allí donde lo tuvieran e incluso guardar más cada mes en previsión de un futuro mucho más negro. El BCE sólo podía hacer algo, bajar los tipos de interés para que muchos de los ahogados y en general el PIB pudieran verse favorecidos.

En cierta forma esta medida es muy buena, fomenta la producción, el movimiento de capitales, la liquidez de los mercados, el aumento del PIB (en principio) y además en países como España desea fomentar el consumo familiar, ya que se dispone de más dinero al bajar el nivel de intereses a pagar en las hipotecas; también tiene sus puntos malos, o mejor dicho el punto muy malo.

Con unos tipos de interés alto se puede maniobrar desde el punto de vista de la política monetaria, con unos tipos de interés bajos es mucho más complicado generar una repercusión grande; es muy posible que sea sinergéticamente positiva, aunque nimia a la que se puede dar con tipos de interés más altos.

Es muy complicado que el factor miedo no vaya cada vez trabando más los malos augurios económicos y que por tanto se cree una pescadilla que se muerde la cola; pero como ocurrió tras la crisis del 29 una reconversión de los mercados en general y de la economía tal y como se conocía en particular hizo que nos abriéramos camino hacia lo que ha sido la economía generalista, abierta y limpia de los últimos 20 años en el mundo.

Imagen | daquellamanera

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