Los nuevos billonarios ya no se compran islas, montan ciudades privadas con sus propias reglas y que manejan como empresas

Los nuevos billonarios ya no se compran islas, montan ciudades privadas con sus propias reglas y que manejan como empresas
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¿Es montar una ciudad a nuestra imagen y semejanza de un billonario tecnológico el máximo modo de ostentación o tiene sentido empresarial? En todo caso algunas empresas están montando sus propias ciudades, que pretenden manejar a su imagen y su semejanza. Ya no se conforman con los “Campus” corporativos basados en los campus universitarios en los que se distribuye la sede de la empresa

En 2014 el artista multimedia australiano afincado en Londres Liam Young sacó tres animaciones en una exposición que llamó “New City”. En este mostraba tres ciudades, una llamada Edgelands saturada por los medios de comunicación, otra llamada City in The Sea que flotando fuera del mar queda separada de las jurisdicciones de los estados y una tercera llamada Keeping Up Appereances donde todo está dominado por la corporación Samsung. Bien, parece que estas dos últimas ciudades han inspirado a algunos billonarios a construir sus propias ciudades en las que puedan controlar el destino y el urbanismo.

Del Campus corporativo a la ciudad corporativa, Elon Musk, y Tim Cook no se conforman con sedes, quieren ciudades

La historia de los campus corporativos se suele relacionar con las empresas norteamericanas de tecnología. En 1942 el gigante AT&T creó su campus corporativo en Nueva Jersey, conocido como Bell Labs. Versiones más modernas han sido el que Microsoft tienen en Redmond, en el área metropolitana de Seattle-Tacoma en el estado de Washington, donde se mudó en 1986 y hoy suma más de ochenta edificios. Uno de los más nuevos y conocidos es el de Apple, en Cupertino, estado de California, donde un círculo de varias plantas diseñado por Norman Foster alberga las nuevas oficinas de Apple, que no ha acabado de abandonar las viejas.

Esta idea de tener todos los servicios agrupados ha sido tomada también en Europa, por ejemplo por Banco Santander con su Ciudad Financiera en Boadilla del Monte, a las afueras de Madrid o por Telefónica con su Distrito C en el norte de Madrid. Las empresas tecnológicas chinas como Tencent en Shenzhen o Xiaomi en Beijing toman modelos más compactos, algo intermedio entre el rascacielos y el campus corporativo.

No obstante, en Boca Chica, al sur del estado de Texas, las empresas de Elon Musk ( Tesla y SpaceX) ya son propietarias de varias hectáreas donde plantean construir una nueva ciudad llamada Starbase que les sirva de sede, todo en sus términos. Ya hablamos como las grandes tecnológicas estaban abandonando Silicon Valley por Texas y como el caso de Tesla y SpaceX era el más sonado.

Las ciudades corporativas no son un invento de Elon Musk, por ejemplo tendríamos a Wolfsburgo, que en su momento se creó bajo el nombre de Stadt des KdF-Wagens bei Fallersleben, en castellano, "Ciudad del coche KdF en Fallersleben" por el régimen Nazi en 1938. Se pretendía convertirlo en el centro de la industria automotriz alemana, y por ende, de Europa. La atracción temática centrada en el grupo Volkswagen se llama “Autostadt”, algo así como ciudad del coche.

Paul Romer, premio Nobel de Economía propuso “Charter cities”, que dentro de un estado estarían reguladas por unos estatutos especiales, quizás el ejemplo más realista sean Hong-Kong y Macao con su regulación independiente de La República Popular China o las Zonas Especiales de Desarrollo y Empleo o ZEDE en Honduras. En Honduras desde 2013 se aprobó la posibilidad de establecer este tipo de ciudades. Pero si vamos más atrás, en Londres, debido a circunstancias históricas desde la fundación de Londinium por el Imperio Romano, el distrito City of London tiene un gobierno especial en el que se tienen en cuenta la opinión de las empresas con oficinas dentro de la misma.

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Tampoco es Elon Musk el único magnate tecnológico que parece interesado en montar sus propias ciudades como si de Hank Scorpio (un supervillano de los Simpsons) se tratara, sino que existen otros grandes nombres del sector tecnológico estadounidense que se están lanzando a hacer proyectos similares. Por ejemplo Apple está creando un nuevo centro en Raleigh, capital del estado sureño de Carolina del Norte en la otra costa del país capaz de albergar a 3.000 empleados a los que se sumará el que ya está desarrollando en Austin, Texas, capaz de albergar 5.000 empleados.

Apple se ha comprometido a invertir 100 millones de dólares en Raleigh y otros 100 millones en los 80 condados más pobres del estado. Además tenemos el caso de Peter Thiel, que ha invertido nueve millones de dólares en Pronoma Capital, una empresa de San Francisco que pretende crear ciudades privadas lejos de la regulación diseñadas como productos que emularían el éxito de ciudades como Shenzhen, Dubai, Hong-Kong y Singapur. Aunque dada la fortuna de Thiel, no es que esto sea exactamente una fuerte posición en el proyecto.

Queda también por ver si este tipo de ciudades serán suficientemente atractivas a los trabajadores, que veremos si deciden desplazarse a un lugar como tal para trabajar en la empresa. ¿Nos iríamos a una ciudad controlada por una empresa para trabajar por esa empresa a pesar de las muchas ventajas que pueda tener o tal vez prefiramos vivir en una ciudad grande con mayor diversidad de ocupaciones y empleos?

Las ciudades específicas que está construyendo China

Forest City Plan

Las ciudades específicas con un fin definido tampoco son necesariamente algo exclusivo de la empresa privada, la prueba la tenemos en China. China lleva un tiempo invirtiendo en crear sus propias ciudades con fines específicos, tanto dentro como fuera de sus fronteras.

Empecemos por fuera de sus fronteras Forest City, en Malasia, pero a un tiro de peidra de Singapur. Forest City se edificará sobre islas artificales en el estrecho de Johor, quedando cerca de la futura ruta de tren de alta velocidad entre Singapur y Kuala Lumpur. Este proyecto está pensado para albergar a alrededor de 700.000 personas y hacer algo de competencia a Singapur, trayendo inversión de chinos que tal vez no puedan permitirse comprar una vivienda en Shanghai o en Beijing, pero sí en Malasia. No obstante este proyecto dentro de la iniciativa de la Nueva Ruta del la Seda, parece tener bastantes dudas.

El otro ejemplo que habría que hablar es Xiong'an, una nueva ciudad en la provincia de Hebie, pero a sur de la capital china. Esta seria una nueva capital auxiliar dentro del proyecto Jingjingji, una nueva gigaciudad que ayudaría a enlazar económicamente Beijing, Tianjing y la provincia de Hebei. Esta nueva ciudad lleva enconstrucción desde ahce años y pretende aliviar el peso de la capital Beijing. Actualmente en la zona habitan un millón de habitantes dispersos por pueblos y ciudades pequeños, en 2035 se espera que sean 23 millones.

Esta ciudad se espera que sea más “comunista” que otras ciudades de China, y que sea guiada más por la iniciativa pública que por la privada. En un tiempo, se empezarán a trasladar servicios en Beijing que no tienen que ser parte de la cpital específicamente. También se espera que las viviendas no se puedan comprar y vender en el mercado libre, sino que sean asignadas a los trabajadores de los distintos servicios, dando un mayor peso al estado.

Pregunta a los lectores, ¿qué más ciudades impulsadas por empresas conocen? ¿Creen que serán atractivas para los trabajadores? ¿Creen que una ciudad debe de ser guiada por los intereses privados? ¿Es posible compatibilizar estos intereses empresariales con el bienestar de la población?

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Vía | El País

Imagen | Marcus Bleil

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